Para quienes no lo saben, yo tengo un hermano. Pero no es cualquier hermano: este es mi hermano, y esa diferencia, que a simple vista podría parecer un simple juego de palabras, encierra todo lo que esta historia pretende contar.
Porque hablar de Facundo no es hablar de alguien más. Es hablar de una persona que, sin haberlo pedido, se convirtió en parte fundamental de quien soy. Y la verdad es que decidí escribir un libro para él. O, más bien, sobre él. Sobre Facundo. Sobre Facu, como le decimos quienes tenemos la suerte de conocerlo de cerca.
La razón es sencilla y, a la vez, imposible de explicar con facilidad: un párrafo no alcanza. No alcanza para decir lo que siento por él, no alcanza para nombrar la admiración que despierta en mí cada vez que lo veo, no alcanza siquiera para escribir lo que él significa en sí. Porque hay personas que no caben en palabras, y Facundo es una de ellas. Se lo puede describir, se lo puede intentar, pero siempre quedará algo que se escapa, algo que solo se entiende cuando lo conocés.
Él es nuestro personaje principal. Y esta historia, la suya, la nuestra, va a empezar desde mi principio. O, mejor dicho, desde el principio de nosotros. Desde el primer recuerdo que guardo de él, desde el momento exacto en que entendí que no estaba sola en este mundo, que había alguien caminando a mi lado.
Porque esto no es solo un libro sobre mi hermano. Es un intento de atrapar, en palabras, todo lo que un párrafo jamás podría contener.Quizás algunos conozcan ese trend de TikTok: "me siento mal, voy a ir a mi lugar seguro". Probablemente sí, probablemente muchos lo hayan visto alguna vez. Pero lo que tal vez no sepan es que mi lugar seguro no es un lugar. No es una habitación, ni una ciudad, ni un rincón del mundo. Mi lugar seguro es una persona. Y esa persona es Facu.
Desde que tengo memoria, él siempre está ahí. Y no me refiero a que, por ser unos años mayor, haya estado presente durante toda mi vida — eso es casi inevitable entre hermanos. Me refiero a algo mucho más profundo: él está ahí para mí. En mis momentos tristes, está. En mis momentos felices, está. En mis momentos de silencio, de duda, de caos, de todo, está. Básicamente, él está en mis momentos. En todos.
Y así como él está para mí, yo intento estar para él. Porque ese es el trato que se hace sin palabras entre dos personas que se eligen todos los días, aunque no lo digan. Él es mi refugio, y yo quiero ser el suyo. Quizás no siempre lo logre, quizás no siempre sepa cómo, pero lo intento. Siempre.
Porque un lugar seguro no es donde uno se siente a salvo de todo. Es donde uno se siente a salvo de estar solo.
Ya sea cuando tenía ocho años y me lastimé la rodilla, con esas lágrimas que parecían el fin del mundo, o cuando tenía once y lloré por mi despedida de la escuela primaria, con ese miedo enorme a lo que vendría, él siempre estuvo. En las caídas chicas y en las despedidas grandes, en el dolor que se cura con una curita y en el que no se cura con nada. Siempre. Y saben qué, eso es lo que importa de la hermandad.
No importa cuántas veces se equivoquen, ni cuántos silencios haya, ni cuántas peleas por tonterías se acumulen. Al final, lo que queda es eso: estar. Estar cuando duele, estar cuando se celebra, estar cuando no hay palabras. Eso es la hermandad. Y Facu me lo enseñó sin decírmelo nunca.
Y otra cosa: si ustedes pensaban que esto era todo, déjenme decirles que esto recién empieza. Lo que acaban de leer no es más que un pequeño adelanto, un mini spoiler de todo lo que se viene. Porque un hermano no se cuenta en un capítulo, ni en dos, ni en diez. Un hermano se cuenta en cada recuerdo, en cada momento, en cada detalle que uno guarda sin darse cuenta.
Así que ahora sí, empecemos. De verdad.Todo empezó cuando nací. Obviamente, no recuerdo nada de eso; solo lo que me han contado. Y gracias a Dios que existen fotos, porque sin ellas no tendría pruebas de que él también me quiere. JAJAJA.
Hasta los cuatro años, no recuerdo mucho. Los recuerdos de esa época son borrosos, fragmentos sueltos que se mezclan entre lo que viví y lo que me contaron. Pero diré lo que sí sé: Facu siempre fue valiente ante mí. Hasta el día de hoy, incluso.
Él dice que no me quiere. Lo dice con esa naturalidad de hermano mayor que no quiere admitir lo que siente. Pero yo sé que en el fondo, muy en el fondo, tal vez sin que él mismo lo note, me quiere con todo su corazón. Así como yo a él.
Porque los hermanos mayores son así: dicen una cosa, sienten otra, y demuestran lo que sienten en los gestos que no se anuncian. En el "¿estás bien?" que suena casual pero no lo es. En el quedarse cerca sin decir nada. En las fotos que existen como prueba de un cariño que no se dice, pero se demuestra.
Él es muy especial para mí. Y es raro, saben. Nunca escribí un libro para él. Ni para nadie, en realidad. Nunca me había sentado a intentar atrapar a una persona en palabras, porque siempre pensé que eso era imposible. Y quizás lo sea. Quizás un libro entero tampoco alcance. Pero hoy, sábado 12 de septiembre, decidí intentarlo.
Decidí que, como no es posible escribir un párrafo que diga lo especial e importante que él es para mí, iba a escribir un libro. Un libro entero. Como si las páginas pudieran hacer lo que las palabras sueltas no logran.
Todavía no sé qué escribir. No sé cómo empezar, no sé qué recuerdos elegir, no sé si alguna vez voy a encontrar las palabras exactas. Solo sé una cosa: gracias a él, gran parte de mí es como es. Gran parte de lo que soy, de lo que siento, de cómo veo el mundo, lleva su huella. Y eso, aunque no pueda explicarlo del todo, es lo que este libro intenta agradecer.
Porque hay personas que no se escriben. Se agradecen. Y esta es mi manera de hacerlo.Facu tiene puntos débiles, obviamente. Como toda persona. Pero él no es cualquier persona.
Raramente me gustan las personas. Siento que el hecho de socializar tanto con alguien solo por convivir es patético, y que incluso las personas, en general, son patéticas. No sé si es una forma de ver el mundo, o una manera de protegerme, pero es lo que siento. Y, sin embargo, ahí está Facu. Facu es perfecto. Él es mi ejemplo a seguir.