Ovcharka

_VIII_

Wilhelm, aquí estoy.

Pasa el tiempo volando, ya pasaron cuatro inviernos. Hoy tengo 16 años. Todavía sabes que trabajo para los Zhukov, con tres inviernos. No me tratan del todo mal, aún así te extraño. Eres el único que conoció mi historia de inicio a fin, de como acabé huérfano y del infierno vivido con los Engelhardt.

No cambia nada, tampoco el ritmo de mi vida. Sé que cuando llegan las épocas heladas recuerdo la tragedia. Todavía recuerdo tu mano congelada, mano de muerto. Porque tú corazón ya no latía, Wil. Ni aunque te hubiera llorado, abrazado, no volviste. Porque aunque los del orfanato quisieron darte el funeral digno que merecías yo no te solté.

Volví a mi inicio. Trabajo para esa familia rusa, como empleado. Yo no lo elegí, no conocí a mi padre que murió cuando yo todavía era pequeño. Tampoco elegí que muriera mi madre un buen tiempo después. Tú sabes muy bien cómo eso me dolió, porque te lo había contado con los detalles que pude dar, Wilhelm.

Yo ahora tengo 16, pero tú siempre tendrás 11. Lamentablemente siempre 11, porque así tenía que suceder. A veces me cuesta visitarte, porque no me es fácil salir de esa casa a menos de que cuando regrese trabaje como esclavo. Antes si podía, porque estabas cerca del orfanato, pero ahora te tengo lejos. Más separado. Me sacrifico a mí mismo para ver tu tumba, pero no me arrepiento.

Ludwig siempre está contento de venir, ¿A que no, Lud? Porque también te considera familia, porque los tres somos familia. Porque los tres somos inseparables.




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