El abismo es esencial
para surgir y poder creer en la capacidad de vivir en la nada.
Y allí, en la fragua del lamento, es donde se halla tu acompañante.
El arte.
Letras sin forma que toman curvas humanas para darte los abrazos que necesitas.
Para que el prisma cambie y su ausencia de color pase al gris de un día lluvioso.
Las lágrimas se transforman y se trasladan al teclado.
Y allí, entre lo que te hace tú y lo que te separa del mundo,
hay un caos disfrazado de sosiego.
Tu interior arde pero no lo puedes sacar.
La sensibilidad surge pero no hay a quien expresársela.
Entonces lo haces contigo, como modo de pausa hasta que llegue ese día donde esa fragua será revelada.
Y en vez de dedicar ese éter a la oscuridad,
la resguardas cual ofrenda a un Olimpo que ansías encontrar.
Pero el ponto es muy vasto y allí es donde la esencia del sitio se esconde.
Y no deseo a mi soledad como una especie de Cerbero.
Quiero una esperanza fuera de esa caja de Pandora.
para sentir algo nuevo.
Y que dicha nada se convierta en un sitio para ser apreciado.