"Si yo avanzo diez pasos la utopía se aparta diez pasos."
Y si avanzo veinte, esa lumínica entrada a lo idílico se aleja veinte. Ya que lo imposible se hace distante mientras la vida te exige que seas elegante: para vestir bien, parecer serios y elocuentes, o tal vez más interesantes.
¿Dónde quedaron los sueños? Ser astronautas, músicos, pintores o inventores. Las ganas de cubrir la superficie y explorar lo que desconocemos, de experimentar odiseas infinitas y visitar universos aledaños, se desvanecieron.
Y las serpientes devoradoras de elefantes ahora solo son sombreros. Tan solo tomamos centímetros de más y todo cambia para algo "certero". Esa estatura que tanto se añora se convierte en la verduga de lo onírico y viviendo en lo común todo carece de sentido. representando el encierro de esos artistas que dejaron su lienzo incompleto.
Entonces, todo es más pequeño. Dejas de ser poeta para volverte narrador de tragedias. No parpadeaste y ya estás lanzando el birrete a un cielo que querés tocar, pero que se te va cayendo a la par. Te vienen ideas de qué querés ser y de cuánto querés tener, pero rara vez de quién querés ser. Y al parpadear nuevamente, eres quien no deseabas ser.
Y la puerta ya no está a veinte pasos. Ya no se ve.
Solo queda el recuerdo y el golpe de una realidad mágica pero efímera, de los dulces antes de las caries, y de la sonrisa antes de tu mueca leyendo este poema.
Es utópico volver, porque al caminar y buscar la puerta se sigue sin ver.
Y en su lugar, solo están los espejismos de lo que carece y la imposiblidad de nuestros deseos.