Pentrix "El despertar de las semillas"

Capítulo 70. El contraataque de la Ordo Benedictorum

La camioneta avanzaba por la carretera, alejándose de la ciudad que acababa de despertar. Emma conducía en silencio. Pentrix iba a su lado, con la mirada perdida en el horizonte.

—¿Qué harás ahora? —preguntó ella, sin apartar la vista del camino—. ¿Volverás a ser un héroe?

Pentrix tardó en responder, mostrando una leve sonrisa. —Eso te lo dejo a ti —dijo finalmente—. Ahora… solo sigo mi camino. Hay cosas muy aterradoras allá afuera, y ningún héroe será capaz de detenerlas.

El paisaje cambió lentamente. La ciudad quedó atrás y, frente a ellos, apareció una pequeña localidad. En el centro, una estación de tren se alzaba entre edificios bajos y andenes polvorientos.

La camioneta se detuvo. Ambos bajaron.

Emma extendió la mano. —Gracias por ayudar a toda esa gente… fue increíble.

Pentrix la miró con calma. —No me agradezcas a mí. Tú también lo hiciste sin esperar nada a cambio. ¿Sabes? Alguna vez también fui considerado un villano.

—Suerte, Pentrix —dijo ella—. Ojalá algún día nos volvamos a encontrar.

Emma mostró una sonrisa. Solo lo abrazó. Pentrix le correspondió el gesto: breve, sincero. Luego se giró y comenzó a caminar hacia la estación.

Emma lo observó mientras se perdía entre las demás personas que entraban al edificio. No dijo nada. Pero en su mirada había algo más que despedida. Había respeto. Había memoria. Y había esperanza.

Habían pasado varios meses desde aquella despedida. En un búnker secreto, Philippus Benedictus IV se reunía con sus colaboradores más cercanos. El hombre del bastón caminaba lentamente por la sala de mando, rodeado de pantallas, mapas y murmullos tensos.

—Muchas de nuestras sucursales se han perdido —dijo con voz grave—. Al igual que nuestros queridos tres fundadores… nos han obligado a escondernos. Pero eso no será más. Basta de eso.

Los presentes guardaron silencio. Philippus levantó una mano y activó una proyección satelital.

—Han aparecido nuevos y gigantescos jardines circulares por todo el mundo. Este —señaló la imagen ampliada— es más importante. Como verán, aún no se cierra por completo; hay partes que la naturaleza no llena del todo. Eso significa que “ÉL” está ahí.

Un murmullo recorrió la sala.

—Esta vez hemos elegido un grupo táctico superior —continuó Philippus—. Evos de nivel 5 y 4, cuyas habilidades fueron seleccionadas exclusivamente para esta misión. Para acabar, de una vez por todas, con la amenaza que Él representa.

Sus colaboradores se levantaron de sus asientos. Aplaudieron, gritaron, celebraron. Philippus, el hombre del bastón, sonrió con frialdad.

—Les presento a nuestro nuevo grupo élite.

Este grupo representaba la respuesta definitiva de la Corporación a Pentrix: un equipo de élite formado por Evos con habilidades que rivalizaban con las de un ejército. Cada miembro había sido seleccionado para cumplir un rol específico en esta cacería.

Maxman, líder del grupo, era la fuerza bruta de las Fuerzas Especiales Tácticas. Evo clase 5 con una potencia descomunal, su poder era la respuesta directa al caos que Pentrix había dejado a su paso. Su mera presencia era una amenaza, y su pasado como antiguo héroe lo convertía en un símbolo ambiguo.

Shell, protectora del equipo, también era un Evo clase 5. Poseía la habilidad de generar campos de fuerza y escudos impenetrables capaces de resistir casi cualquier impacto, un activo invaluable contra un enemigo que podía destruir edificios con un pensamiento.

Hunter, la mente táctica del grupo, era un Evo clase 4, experto en armas y combate. Su conocimiento de la tecnología y su capacidad para usar cualquier tipo de armamento lo convertían en un estratega formidable, capaz de anticipar y contrarrestar los movimientos del enemigo.

Naturalty, controladora del entorno, también Evo clase 4, tenía el poder de manipular la naturaleza, lo que la hacía una pieza clave en la lucha contra un ser que parecía dominar su entorno de manera similar.

Sonyk, agente distractor, era un Evo clase 5 con velocidad superior a cualquier evo. Su principal función no era el ataque directo, sino la desorientación del enemigo, una pieza crucial para asegurar que el resto del equipo pudiera ejecutar su plan sin interrupciones.

Philippus observó a los cinco Evos alineados frente a él. —Esta vez no fallaremos —dijo con voz firme—. Esta vez… Pentrix caerá.

El hombre del bastón se dirigió al equipo de poderosos Evos reunidos en la sala de mando subterránea. Su bastón resonaba con cada paso sobre el suelo metálico.

—Su misión no es solo derrotarlo —añadió con voz grave—. Deberán traerlo vivo a estas instalaciones. Para ello, tendrán que obligarlo a luchar cuerpo a cuerpo… donde creemos que reside su mayor debilidad. Háganlo y recibirán la mayor fortuna con la que hayan soñado.

El anciano se giró lentamente y comenzó a caminar hacia la salida. Detrás de él, los miembros del grupo élite revisaban los mapas satelitales, estudiando cada patrón, cada anomalía.

Varios colaboradores se alejaron junto con Philippus. Uno de ellos, con tono de duda, se atrevió a preguntar: —¿Tendrán la oportunidad de derrotar a Él?

El anciano se detuvo. Se giró con frialdad, su mirada penetrante fija en el agente junior. —No —respondió sin titubeos—. Pero mejoraremos con el error.

Tras todos los preparativos, el grupo élite estaba conformado para acabar con Pentrix. Eran Evos de clase 5 y 4, seleccionados por sus habilidades específicas, por su capacidad de operar como una unidad táctica implacable.

Mientras tanto, en el mundo exterior, una guerra se gestaba. Las consecuencias de la bomba de antimateria que había detonado años atrás (Capítulo 50) finalmente cobraban factura. Las ciudades, antes centros de civilización y seguridad, se habían convertido en lugares peligrosos y volátiles.




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