Capítulo 08
La chica de Central Park
¿Cómo era posible pasar tanto tiempo viéndolo y que se hiciera más guapo conforme los segundos pasaban?
Esto tenía que ser una maldición, un embrujo.
Sí, seguro se trataba de eso.
Y por ello, toda mi atención, para mi mala suerte, estaba fija en la pantalla de mi teléfono.
Otra vez.
—¿Qué estás haciendo?
Ahogué un grito y me sobresalté al escuchar la voz de Ann justo en mi oído, a tal punto que mi teléfono salió disparado al otro lado del sofá. Estaba tan concentrada que no escuché sus pasos, Annabeth soltó un par de risas entre dientes por mi reacción y vi la intención muy clara en sus ojos.
Ahora yo era su objetivo, había despertado su interés.
—¡Nada! Solo investigo un tema para una de mis clases —mentí con tanta rapidez que me sorprendí de mí misma.
Estiré mi cuerpo buscando recuperar mi celular, pero fue demasiado tarde, porque ella, con la curiosidad y la agilidad de un gato, se lanzó como si su cuerpo no pesara sobre el pequeño sofá, quitándolo de mi alcance.
Palidecí al instante.
—Oh por Dios —abrió la boca sorprendida—. ¡Por todos los dioses! ¿Quién es él? ¡Con razón estabas tan entretenida, Ry! ¡Mira esos músculos! Si ese músculo tuviera un bigote sería un señor músculo.
«Esto no es posible. Recupera tu teléfono ahora, Ryley.»
—¿Qué? ¡No! ¡No digas tonterías! ¡No es nadie! ¡Solo un desconocido modelo de Instagram! —atajé—. Estos vídeos aparecen solos, ¡Qué locura! ¿Ya me puedes devolver mi teléfono?
Entrecerró sus ojos, mordiéndose el labio para contener sus carcajadas, mientras que mi rostro cambiaba de color por un intenso e incontrolable tono rojo. De hecho, pasaba por toda la gama de colores disponibles.
—Claro, lo que tú digas —el tono de su voz era burlón—. ¿Y por qué estabas ocultándome a semejante espécimen? Digo, no es mi tipo, pero alimenta la vista.
Cerré los ojos, negando con la cabeza.
No podía seguir escuchándola.
Dios, ¿Por qué tenía que pasarme esto?
—Yo no…
—Deberías seguirlo, ¿Por qué no lo sigues, Ryley? ¿Y por qué no le has dado like a este vídeo? Su esfuerzo por mantener ese abdomen debe ser recompensado de alguna manera.
Mis ojos se abrieron alarmados, mis manos se estiraron en su dirección, sin éxito. Se levantó del sofá, empezando a caminar por la pequeña sala, alejándose de mí.
—Ann, no creo que…
—Le daré like por ti entonces.
Sin saber cómo, en un arrebato salté sobre su espalda, intentando evitar que mi humillación fuera más grande. Sin embargo, Ann me esquivó una y otra vez, levantando su brazo sobre nuestras cabezas, frustrando mi ataque.
—¡No lo hagas! ¡Es el inconsciente al volante! ¿De acuerdo? —admití, aunque era más que seguro que ella ya lo sabía. Su memoria era muy buena—. Ahora dame mi teléfono, Ann.
Ella se negó una última vez y yo me dejé caer en el sofá, cubriéndome el rostro con ambas manos, avergonzada.
Esto no podía estar ocurriendo, ¿Dónde había un balcón cuando se necesitaba?
Necesitaba huir, escapar.
Lanzarme por la ventana era la única y mejor opción, sí.
Sentía la temperatura aumentar considerablemente en mi rostro.
En mi pecho podía sentir una pequeña llamarada de molestia y, siendo honesta, también de vergüenza.
Ann se carcajeó al ver mi expresión, sin embargo, continuó haciendo lo que más le gustaba hacer: burlarse de mí y justo ahora eso, al parecer, sucedía muy a menudo y todo gracias a cierto chico al que, según Annabeth, acosaba por redes sociales, a través de las sombras del internet.
Y era algo que no podía negar, aunque quisiera.
¿Ya había maldecido lo suficiente por tener la tonta idea de buscarlo en redes?
Pues también me maldecía por haberlo encontrado tan fácil y que Ann me hubiera descubierto husmeando nuevamente su perfil.
«Has caído muy bajo, Ryley.»
—Ahora lo entiendo, es guapo —soltó Ann, frunciendo el ceño y girando levemente mi teléfono frente a ella, como si necesitara comprobar que Stephen era mucho más apuesto desde todos los ángulos, cosa que era cierta—. No sé tú, pero yo le daré el honor de tenerme como seguidora. —dijo, para luego sacar su móvil y abrir su cuenta de Instagram para ver desde allí el perfil de Stephen.
Me incorporé al instante.
—¡No!
—No seas celosa, Ryley, solo soy una seguidora, es todo tuyo.
Y sí, ella no estaba bromeando, ella en serio lo hizo.
Annabeth Johnson Hill lo hizo.
Sonrió viendo como aparecía la palabra «siguiendo» en la pantalla de su teléfono.
Gruñí, sin poder evitarlo, pasé con brusquedad mis manos por el rostro, quitándole mi móvil de mala gana.
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Editado: 14.10.2026