Capítulo 09
El hermano de la chica de Central Park
Era curioso como los planes podían cambiar tan abruptamente en un abrir y cerrar de ojos.
Es decir, justo ahora tendríamos que estar comiendo unos deliciosos hot dogs y no destino a la casa de una chica joven y malhumorada para ayudarla con su hermano mayor sobreprotector.
Siempre había prioridades.
—¿No te da miedo que dos desconocidas te acompañen a tu casa? —interrogó Ann, curiosa—. Digo, no te haremos nada, pero, si en realidad fuéramos unas criminales, no deberías llevarnos a tu casa. Supervivencia básica.
De inmediato giré mi rostro hacia Ann, dándole un golpe suave y disimulado para que guardara silencio. No quería asustar a la chica y que ella se pusiera a la defensiva o, peor aún, nos lanzará una roca directo a nuestras cabezas.
En respuesta, mi mejor amiga abrió sus ojos de par en par y se encogió de hombros, fingiendo inocencia.
Negué con la cabeza, observando a Olivia.
Sin embargo, ante todo pronóstico, la chica de cabello largo soltó una risita divertida.
—Mi hermano y su mejor amigo estarán allí —avisó, elevando sus cejas con perspicacia—. Así que, después de todo, las que estarían corriendo peligro serían ustedes, ¿no? Porque, ¿Qué te hace pensar que yo no fui una carnada para atraerlas a ustedes a una trampa?
Su pregunta retumbó por mi cabeza.
Al considerar que tal vez era una posibilidad, nos detuvimos, dejando que Olivia se adelantara un par de pasos, mi mirada de nuevo cayó en Ann y esta vez mi mejor amiga se veía cautelosa. Compartí esa sensación.
Todo mi cuerpo se tensó.
Lo que Olivia decía era cierto, íbamos a su casa para encontrarnos con dos chicos que nunca habíamos visto, ¿En qué estábamos pensando?
Si mi madre se enteraba de esto, ella misma vendría por mí y me llevaría a casa.
Eso sería un adiós definitivo a ver la luz del sol nuevamente.
¿Tantos maratones de documentales de asesinos seriales de que nos habían servido? Error de principiantes.
La muchacha de intensos ojos azules notó que caminaba sola, así que se viró en nuestra dirección, detallando nuestros rostros de infinito temor y, sin meditar, se comenzó a reír con genuina gracia.
Escuchar sus carcajadas estrepitosas y contagiosas nos relajó al instante.
—¡Era una broma! No era mi intención asustarlas —se cruzó de brazos, sin dejar de sonreír—. Además, les puedo asegurar que ustedes son más rudas e intimidantes que ese par —aclaró, buscando tranquilizarnos—. Ustedes les patearían el trasero y los dejarían inconscientes en un segundo.
Solté un suspiro lento y, dándole un vistazo a Ann, ambas asentimos y decidimos continuar.
—Solo debo advertirte que ella sabe karate —informé, señalando a Ann.
—Y Ryley entrenaba boxeo. —agregó mi mejor amiga, mirándome.
Olivia volvió a reír.
—En definitiva, ustedes son más peligrosas que esos tontos —afirmó—. Y creo que tú le gustarás a Thomas —expresó, dirigiéndose a Annabeth—. Le encantan las chicas que son capaces de darle una paliza y eso ocurre muy a menudo.
Esta vez fue mi turno de sonreír, al parecer el hermano de Olivia podría ser todo un Don Juan. Durante el poco tiempo que llevábamos hablando, la joven que nos acompañaba me parecía amigable y graciosa, tenía un humor con tintes oscuros si me lo preguntaban.
Era muy inteligente, aunque llevarnos a su casa cuando apenas nos acabábamos de conocer no lo demostraba.
—Espero que no sea necesario —respondió Ann, frustrada—. Hoy es nuestro día de cero chicos, si me coquetea o me mira de manera inapropiada le romperé la nariz. —puntualizó al final, evitando continuar con el tema.
Era claro que Ann repelaba el amor y sus derivados.
—Suena bien para mí. —se limitó a decir Olivia, sin borrar la curva de sus labios.
La conversación terminó allí, la chica siguió guiándonos hasta su casa, ya estábamos muy lejos del ruido de la ciudad, era un vecindario muy agradable y bastante familiar.
Y con cada segundo que pasaba y nos aproximábamos a su hogar, la curiosidad iba aumentando, no nos había dado muchos detalles y como si Olivia supiera que pasaba por mi mente, en ese momento decidió contarnos todo lo que había ocurrido sin filtros y la razón exacta por la que estaba tan molesta con su hermano mayor.
—Tienes razón al decir que solo me protege, de hecho, él últimamente ha estado muy pendiente de mí —objetó la chica, con un ceño de disgusto—. Y yo no soy la hermana más obediente o la más considerada. Él dijo que no tenía permiso para salir de casa por mis bajas calificaciones —contó, rondando los ojos—. Le gusta darme órdenes y debo admitir que me divierte no acotarlas, entonces esperé a que él se fuera y sin importarme mucho lo que él me había dicho, salí, básicamente me escapé como muchas otras veces, pero la diferencia es que esta vez él se enteró y se puso histérico.
—Parece que está haciendo mucho más que el papel de hermano. —comenté.
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Editado: 14.10.2026