Perdido En El Amor

PARTE XVII

  • ¡Perdón por la interrupción! ¡Elena!… llamó el secretario del Sr. Robinson, está solicitando tu presencia de inmediato, aparentemente es urgente. – comentó Tifany.
  • ¡Gracias Tifany! – respondió.

Elena miró a todos, tomó sus cosas y se disculpó por tener que abandonar la reunión.

  • ¿Podrías acompañarme Steve? – preguntó – No quiero ir sola… ¡Por favor!
  • ¡Claro que sí, Elena!

Elena se despedía de los muchachos y nos alistamos para salir.

  • ¿Podría llevarme estos papeles? – pregunté.

Me miraron sorprendidos, pero nadie dijo nada.

  • ¡No creo que haya algún problema Steve! – respondió Elena.

Tomé los papeles mientras terminábamos de despedirnos de los muchachos; Elena caminaba más rápido de lo normal, tomamos un taxi, mencionó la dirección al chofer y durante todo el camino no dijo ni una palabra, se notaba preocupada; no quería molestarla así que me mantuve al margen mientras revisaba una vez más los papeles. Una vez que llegamos, Elena pagó el taxi y caminamos rápidamente a la puerta; la casa era impresionante, el lugar muy hermoso y tranquilo. Elena puso su huella digital en un aparato y de inmediato se abrió la puerta, el guardia me detuvo y Elena le dijo que venía con ella, que no había ningún problema. Nos dejaron pasar y caminamos por un lugar hermoso, verde, con varias fuentes. Realmente se podía respirar tranquilidad y un silencio maravilloso. Cuando llegamos a la puerta principal una persona nos abrió, Elena pasó sin ningún problema mientras que a mí me revisaron hasta los dientes; me pasaron a una sala de espera mientras Elena subía a ver al Sr. Robinson. Sonaba una música muy tranquila por toda la casa; una persona se me acercó y me ofreció algo de tomar, pedí un vaso con agua y esperé mientras observaba algunas fotos del Sr., había una cantidad impresionante de ellas, con muchas personas y lugares increíbles; en muchas aparecía con una hermosa mujer, se veían muy felices. Llegó mi vaso con agua y cuando me dispuse a sentarme para esperar, bajó Elena.

  • ¡Te habla el Sr. Robinson! – me dijo sorprendidísima.
  • ¿A mí? – pregunté extrañado.
  • ¡Sí, a ti!
  • ¡Pero cómo, si yo ni si quiera lo conozco!
  • ¡Lo sé, pero en cuanto llegué y lo saludé me pidió que por favor le dijera a mi amigo que subiera… que necesitaba hablar con él!

Ambos nos sorprendimos mucho, Elena no sabía qué es lo que sucedía y menos yo; subí con Elena.

  • Sr. Robinson… le presento a mi amigo Steve.
  • ¡Mucho gusto Sr.! – dije un poco sorprendido.
  • ¡El gusto es mío… Steve! –respondió muy sereno.
  • Elena, por favor podrías dejarnos solos un momento. – mencionó el Sr.
  • ¡Claro! Con permiso. – respondió muy extrañada.

No sabíamos qué es lo que pasaba; Elena salió del cuarto y cerró la puerta.

  • ¿Estás aquí por Elena o por mí? – preguntó tranquilamente.
  • No entiendo a qué se refiere Sr. – respondí
  • Claro que me entiendes Steve o debería llamarte… ¡Muerte!

Su comentario me tomó por sorpresa, me quedé en silencio, sin palabras; trataba de entender qué es lo que sucedía. No podía mentirle, así que le hable con la verdad.

  • ¿Cómo lo sabe? –pregunté asombrado.
  • Lo sentí desde que entraste… ¡Miedo! Un aire denso y frío, una sensación de ausencia, esperaba marcharme, pero no fue así, por eso le pedí a Elena verte.
  • No voy a mentirle… soy la muerte.

El Sr. respiró profundamente y sonrió.

  • ¡Jamás pensé que llegaría a conocerte de esta manera!

Sonreí mientras el Sr. Robinson se veía más tranquilo.

  • ¡He pasado mucho tiempo esperándote! ¡No logro entender porque aún sigo con vida después de todo lo que me ha ocurrido!
  • ¿A qué se refiere Sr.?
  • Voy a contarte un poco sobre mí; crecí en un barrio con bajos recursos y a pesar de las limitaciones, como pude logré terminar una carrera. Conocí a la mujer más increíble de este mundo la cual se convirtió en mi esposa, ¡hermosa e incansable! ¡Una mujer maravillosa en todos los sentidos! Michael era su nombre. El trabajo escaseaba y tuve la fortuna de conocer a un hombre que creyó en mí y me dio la oportunidad de desarrollarme en su empresa, después de un tiempo me hizo socio y las cosas marchaban bien. Mi esposa y yo intentamos tener hijos, pero desafortunadamente nunca pudimos, al principio nos sentimos mal pero después decidimos adoptar y darnos la oportunidad de tener una familia; teníamos todos los papeles listos… recuerdo que Michael estaba muy emocionada. Una tarde mi esposa salió a comprar unas cosas para el bebe que adoptaríamos, yo no pude acompañarla, tenía una junta muy importe. Esa noche tuve un brutal choque emocional; primero una felicidad tremenda al lograr la firma de uno de los inversionistas más grandes del mundo y después… la llamada que paralizó mi ser. Celebraba en un restaurante el éxito más grande que jamás antes había tenido la empresa cuando recibí la llamada. Me avisaron que mi mujer había muerto en un accidente automovilístico; su auto derrapó y se salió de la carretera. No pude hacer nada por ella; en una noche creí haber ganado mucho, pero la verdad fue que lo perdí todo. –soltó el llanto –En ese momento mi vida había acabado, caí en un profundo precipicio; me olvidé de todo y de todos, mi socio se quedó solo y aunque siempre trato de animarme nunca quise escucharlo. Unos meses después me diagnosticaron cáncer y solo pensé en dejarme morir; no quise realizar ningún tratamiento y poco a poco comenzó a notarse mí enfermedad; me sentía débil y desanimado. Una tarde salí a visitar por última vez el lugar donde conocí a mi amada mujer… ¡Central Park! Me senté en el lugar donde la vi por primera vez y ahí fue donde comencé de nuevo a vivir, de alguna manera mágica la conocí. Ella pintaba un cuadro maravilloso; plasmaba la silueta de una mujer abrazada por un par de alas impresionantes, sin duda alguna veía reflejada a mi amada es su arte; me acerqué a preguntarle por el cuadro y se lo compré. Comenzamos a platicar muy amenamente y fue cuando descubrí con una grata sorpresa que era como mi Michael: “trabajadora, honesta, desinteresada y con unos sueños hermosos”. Era como la hija que nunca pude tener, con las cualidades y belleza de mi esposa. Me comentó sobre un gran sueño que tenía y de cómo pretendía ayudar a la gente que lo necesitara sin pedir nada a cambio, eso me sorprendió y lo vi como una oportunidad para pasar mis últimos años de vida siendo útil. Después de contarme todos sus anhelos me dijo su nombre… ¡Elena! – me miró a los ojos – Inmediatamente hable con mi gente y comenzaron a construir el centro de apoyo en uno de los terrenos que tenía disponible; desde ese momento hasta ahora, he financiado todo con el único propósito de ayudar a quienes más lo necesitan; sé que mi hermosa Michael hubiera hecho lo mismo y donde quiera que esté, podrá sentirse orgullosa de mí.




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