Perdido En El Amor

PARTE XVIII

  • ¡Su historia es fascinante! Usted es un buen hombre. – respondí sincero.
  • Lo que no entiendo es… ¿Por qué la vida me la arrebató así? ¿Qué fue lo que hice para merecer esto? – preguntó molesto.
  • Se dice que todos los humanos tienen escrita una historia… ¡Es cierto! Cuando se interrumpen las líneas y el libre albedrío se utiliza sin conciencia; convierten la verdad objetiva en subjetiva perturbando así, el equilibrio universal – respondí.
  • ¿A qué te refieres? – preguntó un poco asustado.

Lo que estaba a punto de hacer era una locura total, correría el riesgo de ser descubierto y entonces tendría graves problemas con el jefe pero… era necesario encontrar la verdad. Por primera vez me conectare directamente con el Ring Pad; a pesar de mi temor e inseguridad, le di clic al anillo. En ese momento sentí una energía multicolor correr por todo mi cuerpo, me iluminé por completo y de inmediato la pantalla de inicio apareció dentro de mi mente; sin duda alguna es una sensación extraña pero sorprendente. La cara de asombro del Sr. Robinson fue muy chistosa; sin perder más el tiempo busqué los archivos red mortis y entré con muchísimo cuidado para buscar el expediente de Michael; quería encontrar el momento exacto antes de que muriera en ese accidente; lo que encontré fue terrible.

  • ¿Puedo tomarlo de la mano? – pregunté.

Al tomarlo de su mano poco a poco la verdad le fue revelada; el Sr. Robinson drenó mucho dolor a través de sus lágrimas en silencio. Quité la conexión entre ambos ya que de haberla mantenido por más tiempo me hubieran descubierto los centinelas del jefe. Sentí un coraje profundo en su ser así que llevé mi mano a su pecho hasta que se relajó y sonrió, de alguna manera por fin se sentía en paz. Las palabras fueron innecesarias, su mirada lo dijo todo; ya más tranquilo me agradeció y comenzamos a platicar como si fuéramos los grandes amigos por un buen rato hasta que mandó a llamar a Elena.

  • ¡No tengo palabras para agradecerte lo que has hecho por mí! Se han ido mis miedos y he encontrado la paz. ¡Realmente no eres lo que todos creemos que eres! – sonrió.
  • Es interesante lo que dice; en una ocasión, un pequeño amigo me dijo que él no me tenía miedo porque no había hecho nada malo. –analizaba la situación – Ahora entiendo que el temor de los humanos a la muerte, se debe a que no encuentran la paz consigo mismos. Al descubrir la verdad, y a pesar de su coraje, logró encontrar ese equilibrio; ahora solo falta esperar el día que sea llamado.

Elena entraba a la habitación; el Sr. Smith se dirigía a hacer lo que le habían ordenado. Elena me miró sorprendida mientras acercaba una silla a la cama del Sr. Robinson.

  • ¡Siéntate Elena por favor!... ¿Hay algo que debas decirme? ¿Hay algo que necesite saber? – le preguntó.

Elena no sabía que decir, volteaba a verme tratando de encontrar una respuesta; yo no dije ni una sola palabra y dejé que ella tomara su decisión.

  • ¿Por qué la pregunta? – respondió asustada.
  • ¡No lo sé!... ¿Hay algo que deba saber?

Elena se ponía cada vez más nerviosa, yo la miraba tratando de animarla a que le dijera lo que sabía. Dudaba en hacerlo o no, pero al final solo ella tomó su decisión.

  • ¡No!... ¡No hay nada que deba decirle!

El Sr. Robinson y yo nos miramos a los ojos mientras sonreímos; Elena no lograba entender por qué lo hacíamos, pero yo estaba en lo correcto.

  • ¡Eres una maravillosa mujer Elena! Siempre te he dicho que eres como la hija que nunca tuve. ¡Michael estaría muy orgullosa de ti al ver la clase de persona que eres! – dijo mientras la tomaba de sus manos.

El Sr. Robinson me miró de nuevo a los ojos.

  • ¡Tenías razón Steve! – se veía contento.
  • ¿De qué hablan? – preguntó Elena.

Ambos sonreímos de nuevo mientras mirábamos a Elena.

  • ¡Has sido una luz en mi oscuridad Elena! Me devolviste la vida y ahora que lo he comprendido todo sé que has sido un regalo divino. Debes confiar en que jamás haría algo que te perjudique; continúa siendo tu misma, esa persona que piensa primero en el bienestar de los demás. Nunca te des por vencida y una vez que encuentres el amor, atesorarlo todos los días de tu vida. No olvides que te quiero muchísimo y te agradezco con todo mi corazón lo que has hecho por mí; en verdad eres esa hija que nuca tuve pero que vivirá por siempre en ti – la abrazó fuertemente.

Hubo un hermoso silencio en el cuarto, Elena no supo que decir, soltó el llanto y se aferraba al Sr. Robinson, no quería soltarlo, de alguna manera sentía que era una despedida.

  • ¡Lo quiero muchísimo! – le dijo Elena mientras dejaba salir sus lágrimas.

Se hizo tarde y el Sr. Robinson dio la orden de que nos llevaran a casa mientras nos despedíamos de él.

  • ¡Cuídala mucho Steve! – gritó el Sr. Robinson antes de que saliéramos del cuarto.

Me regaló una sonrisa y lo miré directo a los ojos haciéndole saber que las cosas serían para bien. Elena se veía extrañada, asombrada; cerramos la puerta para que descansara. El chofer ya nos esperaba; durante el camino, Elena se mostraba tranquila, contenta; abrió la ventana y de nuevo disfrutaba de todo lo que veía a su alrededor, respiraba profundamente mientras cerraba los ojos y se dejaba acariciar por el aire. Yo como siempre, disfrutaba su belleza mientras la observaba. Llegamos al departamento de Elena y bajamos del auto.

  • ¡Elena! ¿Dónde has estado? – era Lissa – Hoy tenemos la cena de amigas… ¿Lo olvidaste?
  • ¡Es cierto! ¡Perdón! Es que fuimos a casa del Sr Robinson




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