Lo que estaba a punto de hacer era una locura total, correría el riesgo de ser descubierto y entonces tendría graves problemas con el jefe pero… era necesario encontrar la verdad. Por primera vez me conectare directamente con el Ring Pad; a pesar de mi temor e inseguridad, le di clic al anillo. En ese momento sentí una energía multicolor correr por todo mi cuerpo, me iluminé por completo y de inmediato la pantalla de inicio apareció dentro de mi mente; sin duda alguna es una sensación extraña pero sorprendente. La cara de asombro del Sr. Robinson fue muy chistosa; sin perder más el tiempo busqué los archivos red mortis y entré con muchísimo cuidado para buscar el expediente de Michael; quería encontrar el momento exacto antes de que muriera en ese accidente; lo que encontré fue terrible.
Al tomarlo de su mano poco a poco la verdad le fue revelada; el Sr. Robinson drenó mucho dolor a través de sus lágrimas en silencio. Quité la conexión entre ambos ya que de haberla mantenido por más tiempo me hubieran descubierto los centinelas del jefe. Sentí un coraje profundo en su ser así que llevé mi mano a su pecho hasta que se relajó y sonrió, de alguna manera por fin se sentía en paz. Las palabras fueron innecesarias, su mirada lo dijo todo; ya más tranquilo me agradeció y comenzamos a platicar como si fuéramos los grandes amigos por un buen rato hasta que mandó a llamar a Elena.
Elena entraba a la habitación; el Sr. Smith se dirigía a hacer lo que le habían ordenado. Elena me miró sorprendida mientras acercaba una silla a la cama del Sr. Robinson.
Elena no sabía que decir, volteaba a verme tratando de encontrar una respuesta; yo no dije ni una sola palabra y dejé que ella tomara su decisión.
Elena se ponía cada vez más nerviosa, yo la miraba tratando de animarla a que le dijera lo que sabía. Dudaba en hacerlo o no, pero al final solo ella tomó su decisión.
El Sr. Robinson y yo nos miramos a los ojos mientras sonreímos; Elena no lograba entender por qué lo hacíamos, pero yo estaba en lo correcto.
El Sr. Robinson me miró de nuevo a los ojos.
Ambos sonreímos de nuevo mientras mirábamos a Elena.
Hubo un hermoso silencio en el cuarto, Elena no supo que decir, soltó el llanto y se aferraba al Sr. Robinson, no quería soltarlo, de alguna manera sentía que era una despedida.
Se hizo tarde y el Sr. Robinson dio la orden de que nos llevaran a casa mientras nos despedíamos de él.
Me regaló una sonrisa y lo miré directo a los ojos haciéndole saber que las cosas serían para bien. Elena se veía extrañada, asombrada; cerramos la puerta para que descansara. El chofer ya nos esperaba; durante el camino, Elena se mostraba tranquila, contenta; abrió la ventana y de nuevo disfrutaba de todo lo que veía a su alrededor, respiraba profundamente mientras cerraba los ojos y se dejaba acariciar por el aire. Yo como siempre, disfrutaba su belleza mientras la observaba. Llegamos al departamento de Elena y bajamos del auto.