Elena sonrió mientras me tomaba de las manos.
En cuanto lo dijo me puse nervioso, no supe qué decir, de nuevo me había dejado sin palabras. «¡¿Cómo no amarla con todo el corazón?!»
Yo me dispuse a hacer lo que dijera; le ayudé a cargar las cosas que traía y caminamos rápidamente hacia el lago, en cuanto llegamos varios niños ya la estaban esperando, en cuanto la vieron corrieron para saludarla y abrazarla. Elena se alistó para dar otra clase; caminó hacia donde me encontraba.
Elena comenzó a repartir material entre los niños; aparentemente la pintura había quedado de lado; comenzó recordándoles la importancia de encontrarse a sí mismos en el interior, les pidió que cerraran sus ojos y por un momento se dejaran llevar por su imaginación; una vez que lo hicieron comenzaron a trabajar en la creación de esculturas. Elena les explicaba la forma de moldear, la sutileza para crear y cómo podían combinar los colores según lo que quisieran plasmar; era notable la alegría y entusiasmo de los niños, unos verdaderos artistas. Estaba al pendiente de cada uno y atendía de manera inmediata sus dudas, cuando alguno necesitaba algo, lo escuchaba y le proporcionaba lo que necesitara para que pudiera realizar su trabajo. Cuando terminó la clase, revisó cuidadosamente cada una de las esculturas.
Iba a levantar la mano cuando sentí su mirada, «¡Que ni se te ocurra!» así que me quedé calladito.
Varios niños se acercaron para pedir más material mientras le dejaban agua, fruta, chocolates… Verlos tan comprometidos era fascinante, « ¡cómo no enamorarse! ». Los padres de los niños le agradecían a Elena por su inmenso apoyo; en cuanto terminaron de despedirse, me acerqué a ella.
No dijo nada, me miraba de una manera extraña; en algo pensaba, pero se mantenía en silencio.
De nuevo le ayudé a levantar sus cosas.
Caminamos por el parque y sin esperarlo Elena me tomó de la mano, sentirla tan cerca de mí me ilusionaba. En cuanto llegamos pidió una hamburguesa doble con queso, sus papas y refresco; yo pedí otra igual. Nos sentamos en una mesa que daba hacia la calle; Elena me miraba de una manera muy extraña.
No tenía ni la más mínima idea de que decir, me puse nervioso y comenzaba a sudar.
Ahora si estaba metido en tremendo lío, no quería mentirle a Elena, pero también no podía decirle la verdad, a pesar de todo tuve que crear una historia; la miré a los ojos y simulé tristeza.