Perdido En El Amor

PARTE XX

  • ¡Entonces! ¡¿Consigues el material para todos, compartes tu conocimiento y no les cobras ni un centavo?!

Elena sonrió mientras me tomaba de las manos.

  • Los papás de los niños pagan como pueden; algunos me traen chocolates, jugos, agua, una manzana o como Joshua… ¡Un hermoso y sincero abrazo! ¡¿Qué más puedo pedir Steve, si me entregan lo que más vale en este mundo?!… ¡Todo su amor! Soy la mujer más afortunada por tener a muchos amigos que de verdad me quieren, y… ¡por tenerte a ti!

En cuanto lo dijo me puse nervioso, no supe qué decir, de nuevo me había dejado sin palabras. «¡¿Cómo no amarla con todo el corazón?!»

  • ¡Te admiro profundamente Elena! – me temblaban las manos.
  • No tiembles – sonreía mientras me daba un beso en la mejilla. – Aún no terminamos, tenemos que apurarnos en llegar al lago.

Yo me dispuse a hacer lo que dijera; le ayudé a cargar las cosas que traía y caminamos rápidamente hacia el lago, en cuanto llegamos varios niños ya la estaban esperando, en cuanto la vieron corrieron para saludarla y abrazarla. Elena se alistó para dar otra clase; caminó hacia donde me encontraba.

  • Un favor Steve... ¡No vayas a abrir la boca cuando les pregunte si tienen alguna pregunta! – ambos sonreímos.

Elena comenzó a repartir material entre los niños; aparentemente la pintura había quedado de lado; comenzó recordándoles la importancia de encontrarse a sí mismos en el interior, les pidió que cerraran sus ojos y por un momento se dejaran llevar por su imaginación; una vez que lo hicieron comenzaron a trabajar en la creación de esculturas. Elena les explicaba la forma de moldear, la sutileza para crear y cómo podían combinar los colores según lo que quisieran plasmar; era notable la alegría y entusiasmo de los niños, unos verdaderos artistas. Estaba al pendiente de cada uno y atendía de manera inmediata sus dudas, cuando alguno necesitaba algo, lo escuchaba y le proporcionaba lo que necesitara para que pudiera realizar su trabajo. Cuando terminó la clase, revisó cuidadosamente cada una de las esculturas.

  • ¿Hay alguna pregunta que quieran hacer? ¿Alguna duda?

Iba a levantar la mano cuando sentí su mirada, «¡Que ni se te ocurra!» así que me quedé calladito.

  • Maestra.
  • Dime Evelyn.
  • Yo no pude terminar… ¿Me lo puedo llevar a casa para terminarlo?
  • ¡Claro que sí! Tómate el tiempo que necesites y si tienes alguna duda llámame. Los que no terminaron no se preocupen, llévense su trabajo a casa y con calma vayan terminándolo; si necesitan más material acérquense con toda confianza.

Varios niños se acercaron para pedir más material mientras le dejaban agua, fruta, chocolates… Verlos tan comprometidos era fascinante, « ¡cómo no enamorarse! ». Los padres de los niños le agradecían a Elena por su inmenso apoyo; en cuanto terminaron de despedirse, me acerqué a ella.

  • Dime… ¿En qué puedo ayudarte? – pregunté.
  • ¿A qué te refieres? – respondió extrañada.
  • A esto que haces, esta felicidad que traes a la gente, compartir tu conocimiento, tu tiempo, sin pedir absolutamente nada a cambio.
  • Ya lo haces al estar aquí. Al haberte dado el tiempo para acompañarme y esperarme.
  • ¿Algo más que pueda hacer? – volví a preguntar mientras la miraba a los ojos.

No dijo nada, me miraba de una manera extraña; en algo pensaba, pero se mantenía en silencio.

  • Ya sé... Invítame a comer – sonrió.
  • ¡Pero por supuesto!

De nuevo le ayudé a levantar sus cosas.

  • ¿Qué se te antoja comer? – pregunte
  • ¡Una hamburguesa con queso!... ¡Sí!
  • ¡Me parece bien! ¿Dónde?
  • Tú sígueme – sonrió.

Caminamos por el parque y sin esperarlo Elena me tomó de la mano, sentirla tan cerca de mí me ilusionaba. En cuanto llegamos pidió una hamburguesa doble con queso, sus papas y refresco; yo pedí otra igual. Nos sentamos en una mesa que daba hacia la calle; Elena me miraba de una manera muy extraña.

  • Desde que te conocí has estado al pendiente de mí y no sabes cómo te lo agradezco Steve, pero todo ha sido sobre mí y no me he tomado el tiempo para hablar de ti… ¡Discúlpame por ser tan grosera!
  • Para nada Elena, al contrario, ¡Gracias a ti por permitirme ser parte de tu vida!
  • Bueno ya no hablaremos más de mí. ¡Cuéntame sobre ti! – sonrió.

No tenía ni la más mínima idea de que decir, me puse nervioso y comenzaba a sudar.

  • La verdad no hay mucho que decir Elena
  • ¿Estudias? ¿Trabajas? ¿Tus padres? ¿Tienes hermanos? ¿Qué es lo que te gusta hacer Steve? –preguntó insistente.

Ahora si estaba metido en tremendo lío, no quería mentirle a Elena, pero también no podía decirle la verdad, a pesar de todo tuve que crear una historia; la miré a los ojos y simulé tristeza.

  • Casi no hablo de esto, pero por tratarse de ti lo haré… hace poco murieron mis padres, por el momento no estoy estudiando y sobrevivo gracias a lo que ellos me dejaron.




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