PARTE XXI
- ¿Estás celoso Steve? – preguntó en tono de burla.
- ¡Yo!... ¡Para nada! ¿Por qué me preguntas eso?
- Porque soy mujer, eres muy obvio – sonrió.
- ¡No! ¡Para nada!... ¿Tendría que estarlo?
Elena sonreía mientras me miraba fijamente a los ojos, me intimidaba; sentía que me orillaba a decir la verdad, no podía soportar su mirada que me quemaba por completo.
- Sí Elena.
- ¿Sí qué Steve?
- Sí me sentí un poco celoso, no puedo negártelo, ver cómo se hablan, cómo se saludan, cómo se miran.
Elena no dejaba de reír mientras me confesaba con ella, no sabía qué hacer después de haberle confesado lo que sentía.
- No hay ninguna razón para que estés celoso de Orlando, te voy a contar cómo es que llegue aquí. Me encontraba sin trabajo y acababa de llegar a la ciudad, una tarde vi un cartel donde una banda estaba buscando baterista, así que fui a la audición; teníamos que apuntarnos con el manager e ir pasando conforme llegábamos. Cuando quise apuntarme el manager no me dejó, me dijo que me fuera, que eran audiciones para gente profesional, me echó en cara que yo era mujer y que no tenía ni la más mínima oportunidad. En ese momento un chavo que estaba ahí se me acercó y me preguntó mi nombre, jamás lo había visto pero me inspiró confianza así que se lo di; me dijo que no me preocupara, que esperara, se acercó al manager y comenzaron a discutir, después de unos minutos observe como el manager apunto algo en la lista. El chavo regresó hacia donde estaba y me dijo que no me fuera, que tuviera paciencia y se metió a la audición. Los bateristas pasaban uno por uno, esperé bastante hasta que salió el último, ya no había nadie, yo aún esperaba; en eso se me acercó el manager, traía cara de pocos amigos, por un momento pensé que me iba a correr, pero me dijo que me estaban esperando para realizar la audición, que pasara. Cuando entre, la banda ya me estaba esperando, me dieron un par de baquetas y me dijeron el nombre de la canción que tocaríamos. «¡Cuando estés lista Elena!» escuché la voz del joven que me había ayudado a entrar… era el vocalista. Comencé nerviosa y fallé en los primeros tiempos, él me detuvo y me dijo que me relajara, que me divirtiera y que disfrutara, me dijo que confiaba en mí. En ese momento agarré de nuevo las baquetas y comenzamos a tocar con una energía impresionante; la canción nos fue llevando de tal manera que parecía que teníamos años tocando juntos. Llegando a la última nota apareció ese silencio incómodo, nadie dijo nada, se miraban entre ellos como si yo no estuviera ahí, comenzaron a dialogar entre ellos; después de un momento me miró y solo dijo… ¡Bienvenida a Almas de Fuego! ¡No lo podía creer! Realmente estaba dentro de la banda; me emocioné tanto que corrí a abrazarlos y a darles las gracias. Me felicitaron y me aclararon que teníamos mucho trabajo por hacer. ¡Yo encantada! Cuando me tocó despedirme del vocalista le agradecí por todo lo que había hecho por mí. A pesar de no conocerme y la negativa del manager, me apuntó en la lista y brindó su confianza. Sus palabras me ayudaron a relajarme, a disfrutar esa audición además de darme la oportunidad de por fin, formar la banda que siempre soñé. ¡Ahora entiendes porque quiero tanto a Orlando! Es como mi hermano mayor, mi confidente, mi guía y guardián; así que no tienes ninguna razón para sentir celos de él – me guiñó el ojo.
Sentí un poco de vergüenza, no sabía cómo disculparme con Elena, una cosa me había quedado muy clara; a pesar de la tendencia retrógrada de los humanos, aún existen personas de buen corazón, me daba gusto que contara con grandes y verdaderos amigos. Esto de ser humano es realmente complicado y debo aprender a ser sensato.
- A partir de ese momento ellos me han apoyado como no tienes idea, siempre han estado ahí para cuando los necesito y lo más lindo de todo, es que también están ahí para cuando otras personas los necesitan. – hizo un silencio – Después de que pasé la audición, Orlando le dio las gracias al manager por todo el tiempo que había estado con ellos, lo único que le dijo es que la banda tenía valores y principios bien sustentados, y que la discriminación era una de las cosas que no se tolera en Almas de Fuego.
- No cabe duda que aún existen personas honestas y desinteresadas, tienes grandes amigos que te adoran y cuidan; también sé que tú los atesoras y de igual manera los cuidas. ¡Es muy lindo Elena! – tomé valor y respiré – ¡Quiero disculparme contigo!
- No tienes nada de qué disculparte Steve, al contrario… ¡Es lindo que sientan celos sin dramas! –sonrió.
Orlando se acercó a la mesa.
- ¿Todo bien? – preguntó.
- Sí… siéntate con nosotros – respondió Elena.
- ¿Qué intenciones traes con Elena… Steve? – preguntó Orlando muy serio.
Me tomó por sorpresa y me quedé mudo, no sabía que decir.
- No le hagas caso Steve, solo está bromeando contigo – respondió Elena mientras sonreían.
- ¿Ya te mostró Elena lo que escribe? – preguntó Orlando.
Elena volteó a mirarlo con cara de pocos amigos.
- No... No me ha mostrado nada – respondí.
- Elena... ¡Por favor! – se lo pidió Orlando.
Elena se levantó de la mesa y se dirigió hacia atrás del escenario.
- Elena ha padecido mucho a lo largo de su vida, maltratos, humillaciones, engaños. Se ha topado con gente que ha abusado de su bondad, de su honestidad, de su entrega y dedicación; afortunadamente también se ha topado con gente buena la cual le ha ayudado a seguir adelante. Realmente no te conozco Steve, pero si Elena cree y confía en ti, yo también creo y confío en ti, solo te voy a pedir un gran favor. Por ningún motivo vayas a lastimarla porque de hacerlo así…. ¡Tendrás serios problemas amigo! – mencionó Orlando.