Perfectos

Frustración

(PATRICK)

Molestia.

Solo eso siento.

Una molestia constante.
Pesada.
Persistente.

Sé que dije que debía tener paciencia.

Pero... ¿hasta cuándo?

Cinco meses.

Cinco jodidos meses y solo dos han dado resultados.

De cien, treinta ya no están.

Y los demás no sirven.

Algunos destacan en velocidad.
Otros en inteligencia.
Otros en camuflaje.

Pero no es suficiente.

No me sirve.

Yo no necesito piezas sueltas.

Necesito algo completo.

Y solo dos...

Solo dos se acercan a eso.

Exhalo despacio.

Otra cosa que me molesta.

Samantha.

La perra cree que no me doy cuenta.

Pero yo siempre lo sé todo.

Sé perfectamente lo que está haciendo.

Suaviza los entrenamientos.
Interviene cuando no debería.
Evita que lleguen al límite.

Como si eso fuera a ayudarlos.

¿Cuándo va a entender...?

El sufrimiento no es un error.

Es el proceso.

Aquí no se forma carácter con comodidad.

Aquí se forja bajo presión.

Aquí no hay héroes.

Eso no existe.

Esto no es un cuento.

Es el mundo real.

Lo único rescatable es su sistema.

Casi todos se están adaptando a las drogas y venenos.

He aumentado la dosis un veinte por ciento...

y pocos reaccionan mal.

Aun así...

Samantha y yo debemos tener una conversación.

Me tendrá que explicar por qué hace las cosas.

Y si no me sirve...

La elimino del tablero.

Las fichas pueden sobrar.

Pero hay algo más.

Una sensación.

Sutil... pero constante.

Samantha es capaz de traicionar.

Luego de que el número 59 fuera a visitar al número 66, le pedí que me dijera quién había prohibido verlo.

Fue ella.

Samantha.

...

¿Para qué?

¿Cree que ocultándolo va a evitar el miedo?

Ja que ilusa

Lo que ella piensa es absurdo.
Es un error.

El miedo no es un problema.
Es una herramienta.

Es lo que los mantiene atentos.

Es lo que los hace obedecer.

Sin miedo...

no hay control.

Ya acabó el entrenamiento.

Justo lo que necesito.

No lo pienso demasiado.

Voy directo hacia ella.

-Samantha.

Ella levanta la mirada.

Sus ojos azules chocan con los míos.
Fríos.

-¿Patrick?

Sonrío apenas.

-Meine lockige... ven a mi oficina en una hora.

(mi chica de rizos)

Ella no responde de inmediato.

Solo sostiene la mirada.

-Entendido.

Voy directo a la oficina, ella aún se despide de ellos, es eso lo que realmente me molesta los trata como si no fueran herramientas.

Las cámaras muestran el pasillo principal.

Ahí viene.

Camina con la espalda recta.

Sin prisa.

Sin miedo.

Como si este lugar también le perteneciera.

Cinco...

Cuatro...

Tres...

Dos...

La puerta se abre.
Sin tocar, como siempre.

-¿Qué necesitas? -pregunta.

Directa.

Ella y su frialdad la hacen única.

No respondo enseguida.

Cierro el computador y me pongo de pie.

-¿Por qué tanta hostilidad? -pregunto con calma-. Solo quería hablar contigo.

Ella suspira.

Está cansada.

O tal vez ya sabe por dónde va esto.

-Habla.

Me acerco despacio.
Sin prisas.
Hasta quedar frente a ella.

-Tesoro mio...

Mi voz apenas es un murmullo, casi con ese cariño que alguna vez tuvimos.

Tomo uno de sus rizos entre los dedos y juego con él unos segundos.

-...¿olvidaste quién está al mando?

Sus ojos no se apartan de los míos.
No retrocede.
No pestañea.

-Ahora dime... - me acerco a su rostro como si fuera a rozar sus labios -¿Por qué estás interfiriendo con mi trabajo?

Silencio.

Entonces tiro de su cabello.

No con fuerza suficiente para lastimarla.

Solo lo justo para obligarla a levantar un poco el rostro.

Quiero verla reaccionar.

Necesito saber si sigue siendo la misma.

No tarda ni un segundo.

Su mano atrapa mi muñeca antes de que pueda moverla otra vez.

Gira apenas el cuerpo.

Con un movimiento limpio rompe mi equilibrio.

El acero frío se apoya contra mi cuello.
Un cuchillo pequeño.

Oculto.

Sonrío.
Lo sabía.

-Sabía que tu "cariño" venía con veneno - dice sin apartar la hoja de mi garganta.

No intento quitársela.

Al contrario.

Sonrío un poco más.

-Perfecto... Sigues siendo tú.

Ella suelta un gruñido de frustración.

-Sigues con tus juegos... Eres realmente una molestia.

Afloja la presión del cuchillo y termina apartándolo de mi cuello.

Mi sonrisa no cambia.

Ni un centímetro.

-Solo confirmaba algo -digo mientras acomodo el cuello de la camisa-. Sigues sin entender cuál es tu lugar en este sitio.

La observo unos segundos.

-Estoy decepcionado de ti. Yo no te traje para convertirte en la heroína de nadie.

Samantha deja escapar una risa seca.

-¿De verdad crees que tu opinión me importa?

Ahí está.

La misma mujer de siempre.

Terca.

-Entonces explícame una cosa. -respondo.- ¿Por qué insistes en impedir que se golpeen? ¿Por qué los separas? ¿Por qué suavizas los entrenamientos?

Camino despacio por la oficina.

-Déjalos competir. Déjalos rivalizar. Déjalos descubrir quién merece seguir aquí. - Me detengo frente a la ventana. - Son herramientas, Samantha. Y las herramientas que no sirven... Se reemplazan.

El silencio dura apenas un segundo.

-¿Así de simple? -pregunta ella.

Me giro.

-Sí.

Ella niega con la cabeza.

-Ese es tu problema, Patrick.

Su voz ya no tiene rabia.

Solo cansancio.

-Crees que cuando alguien desaparece simplemente deja de existir. -Da un paso hacia mí. -¿Acaso piensas que nuestros compañeros desaparecieron sin dejar marcas?



#2531 en Thriller
#1151 en Misterio
#4805 en Otros
#917 en Acción

En el texto hay: traumas, manipulacion, controlada

Editado: 31.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.