(Número 29)
¿Qué se supone que debería sentir ahora? Antes me dolía todo el cuerpo. Tenía miedo. No podía dormir bien. Pero... creo que ya me estoy acostumbrando. No sé cómo debería sentirme.
Aquí todos los días son casi iguales. En las mañanas hacemos ejercicio. Lagartijas. Correr. Saltar. Al mediodía nos dan el almuerzo. A veces me duele mucho el estómago. Hay días en los que termino vomitando. Pero después se pasa. Después entrenamos idiomas, un poco enredado para mi la verdad. En las tardes entrenamos boxeo. Hasta que oscurece. Y cuando algo no sale bien... vas al cuarto del castigo.
Yo ya fui. Varias veces he ido. La verdad tenía mucho miedo. Pensé que me iban a pegar, como hacían antes de que llegara aquí. Pero no. Solo dejan de darte comida. Y te encierran. El cuarto es completamente blanco. Las paredes. El piso. El techo. Todo. Es raro. No hay ventanas. No sé cuánto tiempo pasa ahí adentro. No escucho a los demás. Solo me escucho respirar. A veces hablo sola. Solo para comprobar que sigo ahí. Lo más extraño... es que no tengo sombra.
Pero lo raro ocurre después de salir del cuarto. Siempre me siento extraña. Como si no fuera yo, como si fuera una televisión que veo. No sé cómo describirlo, pero... es casi como si alguien más tomara mi cuerpo e hiciera todo lo que debe hacer.
Hay momentos en donde todo lo que pasa me hace querer llorar. Pero no de dolor. De rabia. Quiero golpear algo. Quiero gritar. Quiero... quiero... sentir algo más. Es que ya no siento nada. Me siento... ¿vacía? Siento un hueco en mi pecho cada vez que debo llorar. ¿Por qué? A veces me gustaría decirlo, pero me da miedo. Qué tal que me vuelvan a llevar al cuarto.
Hoy es uno de esos días. Me duele la cabeza y quiero llorar. Pero debo seguir entrenando. Aunque me siento mareada. Solo sé que me falta mucho el aire. Intento subir el árbol que tengo enfrente. No puedo. No puedo. No puedo.
-Ayúdenme...
...
...
...
Despierto. Estoy en una cama. ¿Qué tengo en el brazo? Me van a llevar otra vez al cuarto. No. No. No. Por favor, no quiero. No.
-Número 29, ¿cómo te sientes?
Es Samantha.
-Bien.
-Mentirosa. No sabes mentir.
Su voz no suena a regaño. Suena... seria.
-Dime cómo te has sentido estos últimos días.
-No tengo nada.
Samantha me mira unos segundos.
-Habla ya.
No sé por qué, pero esa vez no siento que me esté regañando. Es una orden.
-¿Has tenido mareos? ¿Cansancio?
Dudo antes de responder.
-A veces... -bajo la mirada-. Pero no pasa nada. Yo puedo seguir.
Samantha suspira.
-Intenta pararte.
La miro. Luego miro mis piernas. Me apoyo en la cama e intento levantarme. Uno... dos... No alcanzo a dar el tercer paso. Las piernas simplemente dejan de sostenerme. Caigo al suelo. Samantha se agacha rápidamente a mi lado.
-¿Estás comiendo?
-Sí. Lo que nos dan aquí.
-¿Y cuando entras al cuarto?
Me quedo callada.
-Allá nunca entra comida.
Samantha permanece en silencio unos segundos.
-Entiendo.
Se pone de pie.
-Vas a quedarte aquí hasta que te recuperes. Después veremos cómo evolucionas.
La miro.
-¿Me van a llevar al cuarto?
Samantha tarda un momento en responder. Me observa de arriba abajo.
-No. -Hace una pausa-. No puedes. Estás demasiado débil. Lo ideal es que te recuperes. Intentaré mandarte tus deberes.
-Gracias.
Ella sale de la habitación. Ahora que lo pienso, jamás he estado aquí. Hay demasiadas camas juntas, pero en medio de cada una hay cortinas. Es como si todo estuviera preparado. No quiero pensar demasiado, luego me dolerá la cabeza. Y la verdad me siento muy cansada. Pero no es un agotamiento físico, no me duele nada. Simplemente quiero dormir. Así que aprovecho y me acuesto.
Pero como soy doña salada, justo cuando estaba durmiendo escucho que abren la puerta. Pero no de una manera tranquila. Fue como con urgencia. Me levanto lo más rápido que puedo. Aquí te acostumbran a estar pendiente de todo a tu alrededor. Lo que veo me asusta. Es uno de mis compañeros más pequeños, el número 8 creo, pero se está sacudiendo muy feo mientras dos de nuestros profesores lo llevan a la cama que está al lado mío. Samantha llega también corriendo y empieza a hablar en alemán. Entiendo cosas como "rápido" y "aguja". Y yo, como buena chismosa que soy, estoy intentando ver qué hacen.
Lastimosamente ella se da cuenta y cierra la cortina, así que no puedo ver nada, pero sí puedo escuchar. Lo que escucho me da asco, la verdad. Está vomitando y justo en el piso. Pobrecito. ¿Será que la comida le cayó mal? En fin, cosas que pasan. Debemos acostumbrarnos a comer de todo, pues nunca sabemos cuándo nos va a faltar la comida nuevamente.
El chico deja de vomitar, pero ellos siguen mirándolo. Escucho que alguien suspira y dice
-Carajo, ¿que hacemos?
-Lo de siempre que más - dice el otro hombre-- hay que informarle al jefe
-Dejen así yo me encargo -dice samantha- vayan a trabajar y tu cristofer tráele algunas tareas a la número 29 .
Changos más tareas
-Y tu 29 vete a descansar, procura dormir lo las que puedas
-Entendido.
No estoy viendo su expresión pero estoy segura que tiene la cara seria.
Ojalá el número 8 este bien se veía muy mal cuando llegó.
Ella abre la cortina y alcanzó a ver que el número 8 esta durmiendo, trae una aguja en la mano.
- Te voy a aplicar unas vitaminas para que te recuperes.
Veo que se acerca con la aguja y la pone en la bolsita que tengo conectada al brazo., pero no pasa mucho y me empieza a dar sueño
- Puedo dormir un poco.
- Claro descansa- dice ella.
Sé que la veo borrosa pero hasta ahí recuerdo.
No se cuanto tiempo pasa pero se que me despierto con mucha sed. Y se ve muy oscuro todo así que obviamente tengo miedo.
Pero Diosito es bello conmigo y la luz se prende entra Samantha y me pregunta