Advertencia de contenido: violencia intensa, heridas, envenenamiento y muerte.
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Cuando Lucius se lanzó contra Arcon, Emilya hizo lo mismo con sus enemigos. Lanzó pequeños hechizos, acompañados de conjuros, para no infligirles demasiado daño de inmediato, solo lo suficiente para hacerles daño. Usaba conjuros a propósito porque, un poco más lejos, el otro mago la observaba y evaluaba su nivel.
Como todos los hechizos que lanza llevan conjuro y no hacen mucho daño, debe de estar intentando ocultar su nivel. Así que o bien es inferior a mí, es decir, de nivel 2 o 3, o bien está a mi nivel. O quizá... no, es imposible que sea de nivel 5. ¿Qué probabilidades habría, una entre mil, de que lo fuera? Bueno, aun así debería tener cuidado, por precaución. Parece confiada en sus capacidades y muy inteligente. Presiento que va a ser interesante. Eso sí, debería ir con calma: no puedo dañarla, o el jefe me echará una bronca.
Temblaba solo de pensar en lo que le haría pasar.
—¿Y a este que le pasa, moviendose como un gusano ? —se dijo Emilya.
Todavía quedaba la mitad de sus secuaces. Con un gesto de la mano, los incitó a acercarse a ella. Cuando se abalanzaron, se encontraron sepultados, porque esta vez había usado un hechizo de tierra. Estaban en el suelo, aturdidos.
No voy a acabar con ellos enseguida. Pagarán por haberme molestado y cabreado.
Pensó Emilya mientras observaba con desprecio a su último adversario en pie.
—Vamos, ven, Cara de Rata. ¿Qué te pasa? ¿Me tienes miedo? —preguntó para provocarlo.
—Me estás buscando, niña. Vas a arrepentirte.
Le lanzó una bola de energía que, al tocar a su objetivo, permitía al lanzador dar órdenes a la persona alcanzada. Ocurría lo mismo cuando el mago tocaba directamente a alguien. Encadenó lanzándole más bolas de energía, que Emilya esquivaba sin demasiada dificultad. También analizaba a su enemigo: su patrón de ataque, su nivel, su tiempo de conjuro. No se le escapaba el más mínimo detalle.
Cuando se disponía a poner en marcha su plan, oyó gritar a Maria. Al volver la cabeza hacia ella, Melvis estaba herida, Lana la ayudaba a detener la hemoragia y Maria sostenía su daga cubierta de sangre.
Mientras Emilya dejaba a los enemigos medio inconscientes, uno de ellos se había levantado más rápido que los demás y, mientras ella era atacada por el mago, aprovechó para atacar a las chicas que estaban en la carreta.
Melvis estaba un poco somnolienta, así que no lo notó enseguida. Surgió de la nada y estaba a punto de apuñalar a Lana. Melvis lo vio en el último instante y la apartó. Resultó herida en su lugar. Al ver que había fracasado, empujó a Melvis contra Lana y fue a por Maria. Esta, sorprendida, no lo pensó mucho antes de desenvainar el puñal que no le había devuelto a Emilya. Levantó la daga hacia su agresor y, como este no se lo esperaba, se lanzó directamente sobre la hoja y la daga se hundió directamente en su garganta.
Al comprender lo que acababa de suceder, todos se quedaron paralizados, pero el bandido intentó debatirse. Solo que eso solo hacía que se hundiera más y, antes de que ella pudiera decir una palabra, el estaba muerto. No pudo evitar gritar, lo que desconcentró a Emilya, que estaba a punto de atacar a su enemigo. El mago, al ver ese segundo de distracción, le lanzó una bola de energía que la alcanzó. Sorprendida, no tuvo tiempo de defenderse. El mago, orgulloso de su golpe, se puso a dar saltitos.
—¡Ja, ja, ja! ¡Te pillé, sucia zorra! ¡Eso te enseñará a desafiarme! —gritó con orgullo.
Al ver que ella ya no se movía y que tenía la mirada perdida, se enorgulleció todavía más.
—El jefe me debe una. Espero que me recompense por esta captura.
Se acercó a ella, confiado en que había caído bajo su control. La rodeó y se detuvo frente a ella para darle una orden.
—¡Suelta tu bastón!
Ella no obedeció.
—¡Te he dicho que sueltes tu bastón!
—Y dime, ¿por qué iba a hacerlo? —dijo ella con una sonrisa torcida—. Ya es la segunda vez que me llamas zorra. Cara de Rata.
Le asestó un puñetazo que lo hizo caer de espaldas.
—¡¿Cómo?! —preguntó él, sorprendido.
—¿Quieres saber por qué tu hechizo no funciona? Tú y yo no estamos al mismo nivel, así que, obviamente, tu hechizo de pacotilla no iba a funcionar.
—Entonces, eres...
—Sí, de nivel 5. Y tú, de nivel 4, ¿no es cierto? Sinceramente, no entiendo cómo has llegado hasta ese nivel. Es casi una proeza.
Bajó la cabeza, comprendiendo que, desde el principio, no estaba destinado a ganar ese combate.
Cuántas probabilidades habia entre mil de que tuviera razón...? Creo que hoy no es mi día de suerte. Pensó.
Ella intentaba no demostrarlo, pero estaba furiosa. No pudo evitar emitir un aura asesina. El mago, al ver lo enfadada que estaba, empezó a suplicar por su vida.
Emilya no quería escuchar nada. Iba a acabar con él antes de ver, en lo alto de la colina, al jefe todavía con vida.
¿Pero qué demonios está haciendo Lucius con un adversario como ese? No debería haberle llevado más tiempo que a mí.
Miró a su adversario.
—Tu jefe, ese de ahí, ¿es fuerte?
—¡Por supuesto! ¡Nuestro jefe es el mejor! Tu noviecito no tiene ninguna posibilidad contra él, va a acabar...
No lo dejó terminar la frase y le asestó otro puñetazo para dejarlo inconsciente.
—No te he pedido que me cuentes tu vida —dijo, furiosa.
Iba a ver cómo estaban Melvis y las demás, pero tenía un mal presentimiento sobre Lucius. No tardó y subió a la colina a toda velocidad. Apenas había llegado cuando vio a lo lejos que Arcon estaba a punto de darle el golpe de gracia a Lucius. Este apenas se movía. Lanzó una bola de fuego contra Arcon y corrió hacia Lucius.
—¡LUCIUS! —gritó mientras bombardeaba al enemigo con hechizos diversos.
Él no se movía. Cuando estuvo lo bastante cerca, vio que tenía muchas heridas por todo el cuerpo y que unas venas negras le recorrían el cuerpo.
¡¿Veneno?! pensó, horrorizada al ver su estado.
—¡Oye tú! ¿Qué le has hecho?
Él había tenido problemas para esquivar sus ataques, pero ninguno lo había alcanzado, ya que ella no había apuntado en su dirección.
—Ah, ¿eso? Le he dado una buena lección por haberse burlado de mí. Estoy bastante orgulloso. ¿Te gusta? Oh, he sido amable, no le he tocado la cara para que puedas reconocerlo a pesar de sus heridas —dijo con una sonrisa sádica.
Emilya no respondió y se limitó a mirar a Lucius.
—Debería haberte advertido sobre personas tan rastreras como él. No te preocupes, no tardará mucho.
Se levantó despacio y miró a Arcon con indiferencia. Empezó a conjurar lentamente un hechizo de fuego gigantesco. Arcon, al verla, empezó a inquietarse un poco.
—¿Qué pasa? ¿No te gusta mi sentido del humor?
Ella no respondió a su provocación. Avanzaba despacio hacia él. En la manga de Arcon aún tenía una última flecha envenenada. Pensó que era una lástima usarla contra ella, pero que después el mago sabría curarla de una manera u otra. Así que dejó que se acercase lo máximo posible y estaba preparado para atacarla cuerpo a cuerpo. Ella le dio una patada en el vientre, que él bloqueó, pero su hechizo estaba listo, así que no importaba que hubiera bloqueado su ataque.
Lanzó su hechizo y él le lanzó su última flecha envenenada. No la alcanzó, porque ella tenía un escudo a su alrededor. En cambio, el hechizo de ella sí lo alcanzó quemándolo intensamente pero apenas, y había hecho que el hechizo durara para que sufriera.
Fue a recoger las armas de Lucius, que estaban un poco más lejos.
—Me tomé la molestia de fabricárselas y ni siquiera las ha usado.
Volvió hacia Arcon, que seguía ardiendo. No anuló por completo el hechizo, sino que lo mantuvo unicamentesobre sus piernas para reducir su movilidad. Lo miraba sin piedad y se agachó.
—¿Por qué hiciste eso? Podríamos haberlo evitado si no hubieras sido tan codicioso.
—¿De qué... de qué me h... hablas? Así... es como fun...ciona esto aquí. Es... la ley del más fuerte. Tu noviecito era débil e ingenuo... por eso ha acabado en es...
Lo abofeteó con violencia antes de que pudiera terminar la frase.
—¡Cállate! ¿Crees que no sé que lo has envenenado? —Suspiró—. No sirve de nada que siga hablando contigo. De todos modos, tengo que darme prisa, o morirá.
Se levantó y depositó con delicadeza su bastón sobre él. Al instante, un escudo de protección lo rodeó.
Se dirigió hacia Arcon, lo agarró por el pelo y lo arrastró hasta el pie de la colina. Lo arrojó justo al lado del mago, que seguía inconsciente. Le pidió a Melvis que los atara y que vigilara que no se movieran, y que hiciera lo mismo con los demás.
—Pero ¿con qué voy a atarlos a todos yo? Solo tengo una cuerda.
Decía eso, pero Emilya ya estaba subiendo de nuevo la colina para ir a ver a Lucius. Cogió su bastón y lo clavó en el suelo.
—¡Aislacion!
Era un hechizo que ella misma había creado con un único propósito. Cuando se disponía a usar su segundo tipo de magia, este creaba una esfera negra, invisible para quienes estaban fuera.
Respiró hondo y llamó a Lucius por su nombre. Él no respondía. Le dio dos o tres bofetadas antes de que por fin abriera los ojos.
—¿E..Emi..lya? —dijo a media voz.
—Ah, ¿por fin te has despertado? ¿Cómo te sientes? —dijo ella con calma.
—Qu... ¿qué es...?
—Sí, no te preocupes. No vas a morir ahora. No dejaré que pase.
Se acercó despacio a él y posó sus labios sobre los suyos.
Editado: 08.10.2026