¿Es amnésica? se preguntó Lana.
—¿Una solución a tu amnesia? —preguntó Lucius, intrigado—. Espera, ¿estás segura de que es buena idea hablar de eso delante de Lana? —susurró.
—¡Sí! Mi amnesia no es realmente un secreto, solo prefiero que no se corra la voz —dijo Emilya.
Cuando lo mencioné, de verdad pensé que iba a matarme en el acto, pensó Lucius.
—¿Cree que ese mago podría hacer algo al respecto? —preguntó Melvis.
—Tiene sentido, después de todo. Un mago de tipo mental puede acceder a todo lo relacionado con el cerebro y, por extensión, a los recuerdos —dijo Lana con calma.
—Exacto. Así que, si no consigo encontrar a quien me hizo esto, he encontrado otra forma de recuperar mis recuerdos —dijo Emilya alegremente.
Dicho esto, contó que estaba cansada y que se iba a dormir. Los demás no tardaron en imitarla. Lana se ofreció para hacer la guardia. Todos los demás se durmieron, incluso Emilya.
Neon y los demás regresaron a su pueblo.
—¡Ya volvieron! —gritó un joven desde lo alto de un árbol.
Todos empezaron a reunirse, sobre todo los hombres, porque a las mujeres no se les permitía salir de su tienda sin la autorización del hombre al que habían sido cedidas. Al verlos regresar abatidos y luego ver el cuerpo de su jefe en ese estado, se desesperaron y le preguntaron a Neon qué había pasado.
—Nos metimos con la gente equivocada —dijo Neon con amargura.
Los hombres mas ancinaos empezaron a preguntarse si el incidente de hace doce años iba a repetirse, y todos estaban inquietos, pero Neon los tranquilizó dijoque no pasaría, porque quienes habían matado al jefe se habían marchado sin pedirles cuentas. Al oír eso, todos se enfurecieron y exigieron venganza.
—Vamos a buscar a esos hijos de puta y les haremos pagar lo que le hicieron al jefe —dijo uno de ellos.
—Chicos, créanme, ir a provocarlos es una mala idea. Van a morir por nada. Es mejor enterrar al jefe y que alguien lo reemplace —propuso Neon.
—Parece que nuestros enemigos te han convertido en un cobarde. ¿Dónde quedó tu espíritu de bandido? —dijo otro.
Neon suspiró. Estaba harto de intentar hacerlos entrar en razón: aunque era la mano derecha del jefe, ninguno lo respetaba, por ser mago y por su fama de taimado.
—¡Vamos, muchachos, vamos a buscarlos y a darles la paliza de sus vidas! —gritó otro.
De repente, Neon alzó la mano hacia uno de ellos y lanzó una bola de energía. Le atravesó el cráneo al hombre. Todos se quedaron helados.
—¿Ven? Esto es lo que pasa cuando no escuchan —dijo con frialdad y calma.
Al principio, intentaron unirse contra él. Lo atacaban por todos lados, pero él había crecido entre ellos y los había visto entrenar todos los días desde que nació, así que conocía todos sus movimientos de memoria. Él, en cambio, siendo mago, casi nunca había usado sus habilidades delante de ellos: aparte del jefe, nadie conocía su verdadera fuerza ni de qué era capaz. Solo usaba la telepatía para transmitir órdenes y lanzaba bolas de luz cegadora a los enemigos que lo atacaban.
Disparaba rayos en todas direcciones y los iba eliminando uno tras otro. A los que consideraba un poco más fuertes, los sometía a su control.
No olvidaré lo que me hicieron pasar todos estos años. Todas esas veces que me humillaron y me trataron como basura. Ahora que el jefe ya no está para detenerme, les haré pagar a todos, hasta al último, pensó Neon, ardiendo de deseos de venganza.
Siguió caminando con calma por el pueblo y fue primero a la tienda de Arcon. Tiró la cabeza de este justo frente a la entrada, sin pensar más que cosas malas de él.
Siempro os he odiado. De todos, usted era el peor. Sobre todo cuando bebía, me daban ganas de matarlo.
Entró en la tienda. Dentro había cinco mujeres asustadas, apretujadas entre sí con los niños. Tenían moretones por todo el cuerpo y algunas aún sangraban. En la mirada de Neon solo había asco por lo que su jefe les hacía sufrir.
Ese tipo no era humano. Si yo hubiera ganado mi pelea contra la señora, ¿habría acabado como ellas? No tiene sentido pensar en eso.
—Vengan conmigo, vengo a liberarlas —les dijo.
Negaron con la cabeza.
—Si... si salimos, él... él nos va a pegar—dijo una de ellas.
—No se preocupen, está muerto y, esté donde esté, dudo que pueda seguir atormentándolas —dijo para tranquilizarlas—. Vamos, vengan, liberemos a las demás.
Se miraron entre sí, y entonces una se levantó y empezó a seguirlo afuera, las otras la siguieron el paso. Cuando salieron, se encontraron con una masacre: casi todos los hombres estaban muertos y solo quedaban unos pocos que aún peleaban contra los que estaban bajo el control de Neon. Él iba con calma de tienda en tienda, avisándoles a las chicas de dentro de que eran libres. Ellas caminaban mirando con horror los cuerpos en el suelo y tapándoles los ojos a los niños.
—¿Creen que quiere hacernos daño? —preguntó una de ellas en voz baja.
—No se preocupen, mi misión es ponerlas a salvo.
De pronto, se dio cuenta de que no tenía idea de dónde estaba la ciudad de la que le había hablado Lucius. Se tiró del pelo, sintiéndose un tonto por no habérselo preguntado, pero había estado tan asustado en ese momento que no se había atrevido a decir ni una palabra. Se volvió hacia las mujeres y les preguntó si sabían si había un mapa de la región por algún lado. No respondieron; solo señalaron con el dedo detrás de él. Cuando se giró, un hombre le dio un puñetazo tan fuerte que lo tiró de espaldas.
—Eso pasa por confiarse demasiado. ¿Y ustedes? ¿De verdad creían que podían escaparse con él? ¿Las tratamos tan mal que ni siquiera dudan en huír? —dijo el único bandido que seguía en pie.
Las mujeres se echaron a llorar y a suplicar que las perdonaran.
—Eres un verdadero hijo de puta, Rant —dijo Neon mientras se levantaba—. ¿No crees que ya sufrieron suficiente? Déjalas en paz y ven a pelear conmigo —dijo con seguridad.
Editado: 08.10.2026