Cuando Neon despertó, dos días después del incidente, todavía se sentía agotado. No se había dado cuenta de que, después de tantos enfrentamientos, había llevado su cuerpo y su magia más allá de sus límites. El cansancio se había ido acumulando y, al abrir los ojos, vio a una de las mujeres del pueblo limpiándole la frente. Al darse cuenta de que estaba despierto, se puso un poco nerviosa y llamó a las demás.
Neon levantó la cabeza, todavía algo aturdido. Todas se reunieron a su alrededor. Una de ellas le llevó algo de comida y otra le entregó un mapa de la región, tal como había pedido dos días antes.
—¡Oh, gracias! ¡Me muero de hambre! —dijo alegremente.
Todas se quedaron mirándolo mientras comía, como si estuvieran viendo a una criatura extraña.
—¿Qué? ¿Vosotras no coméis?
Todas negaron con la cabeza y una de ellas explicó tímidamente que ya habían comido. Él se encogió de hombros, dando a entender que lo comprendía. Cuando terminó de comer, tomó el mapa y lo desplegó. Por suerte, después de haber pasado tanto tiempo cerca del jefe, tenía una idea bastante clara de dónde se encontraban.
Vio el nombre de la ciudad de la que Lucius le había hablado. Estaba a unos cinco días a pie del pueblo.
—¿Adónde nos vais a llevar? —preguntó una de ellas.
—Vamos a ir a la ciudad de Lynien. Está a unos cinco días a pie de aquí. ¿Creéis que podréis aguantar todo el camino?
Todas asintieron. Entonces empezaron a alegrarse.
—¡Por fin vamos a salir de este infierno! —dijo una de ellas con lágrimas en los ojos.
Todas se abrazaron.
Las entiendo, pobrecitas. Algunas llevan aquí más de diez años. Vivir diez años de sufrimiento y maltrato sería suficiente para volver loco a cualquiera. Incluso yo acabé perdiendo la cabeza. Me alegra un poco verlas tan felices. Debe de ser la primera vez en mucho tiempo que tienen tanta libertad.
Neon las observó con una sonrisa. Uno de los niños se acercó a él y le dio las gracias tímidamente. Neon le devolvió la sonrisa para tranquilizarlo. Se levantó y salió al exterior. Mientras dormía, ellas habían trasladado todos los cuerpos y los habían enterrado. Se quedó sorprendido al ver su bondad. Si él hubiera estado en su lugar, los habría dejado donde estaban.
Comenzó a prepararse y contó cuántas mujeres y niños había. Tenía que organizarse bien, porque el camino era peligroso. Como era el único que conocía algo del mundo exterior, tenía la responsabilidad de todas sus vidas.
—Bien, por favor, reuníos todas.
Todas se reunieron en el centro del pueblo. Las organizó según la gravedad de sus heridas: las que todavía tenían huesos rotos, las que solo tenían algunos moratones y los niños que tenían heridas similares. Habían encontrado dos carros que habían conseguido durante dos robos a comerciantes. Las que apenas podían moverse, junto con los niños más pequeños, irían en uno de los carros, mientras que el otro serviría para transportar la comida. El resto, incluido Neon, tendría que ir a pie.
En total, eran diecinueve mujeres y siete niños de entre tres y ocho años. Prepararon provisiones para cinco días de viaje, e incluso un poco más por si acaso.
Lo metieron todo en los carros, junto con mantas y medicinas para los heridos, y abandonaron el pueblo sin pensárselo dos veces. Todas partieron con el corazón ligero, poniendo todas sus esperanzas en Neon.
Mientras tanto, Maria y Lucius habían retomado el entrenamiento, pero esta vez iba en serio.
El entrenamiento que Lucius le había preparado a Maria era duro. Tenía que seguirle el ritmo mientras corrían durante dos horas en todas direcciones para calentar. Después entrenaban cuerpo a cuerpo, pero Lucius nunca le devolvía los golpes por miedo a hacerle daño. Ella tampoco conseguía alcanzarlo, pero cuanto más tiempo pasaba, más afinaba sus reflejos.
Después, con la daga de Emilya, tenía que dar doscientos golpes siguiendo un esquema predeterminado y repetirlos hasta quedar exhausta. Luego hacía ejercicios para fortalecer los músculos, como flexiones, elevaciones de rodillas y otros ejercicios. No tenía permitido subir al carro hasta haber terminado todo el programa.
Cuando terminaba, parecía un zombi. Estaba completamente agotada, pero se negaba a rendirse.
Al cabo de un tiempo, acabó quejándose en brazos de Emilya de que Lucius era demasiado duro con ella.
—Lo entiendo. Lucius, ¿no crees que te estás pasando un poco con lo que le haces hacer? —preguntó Emilya.
—Con una actitud como esa, aguantará tres meses como máximo en la academia, te lo digo yo —respondió Lucius.
Al principio decía que no aguantaría ni una semana. Eso significa que está progresando, pensó Emilya.
—He empezado a entrenarla como se hace en la academia y, aun así, lo he hecho más fácil. El entrenamiento de verdad es todavía más duro —dijo Lucius con calma.
Todos lo miraron estupefactos.
—Cuando se matriculan, todos están motivados, pero durante las primeras semanas más de la mitad abandona por diferentes razones. Después de tres meses, solo quedan unos pocos. Y los que consiguen graduarse después de tres años se pueden contar con los dedos de una mano.
—Y yo que pensaba que convertirse en guerrera era fácil… Al escucharte, parece un sueño lejano —dijo Maria con lágrimas en los ojos, viendo cómo su sueño comenzaba a alejarse.
—No te desanimes. Convertirse en mago también es difícil. Normalmente hacen falta cinco años para terminar la formación y convertirse en un mago de nivel 4 —dijo Lana.
—¿Qué? ¿Por qué no de nivel 5? —preguntó Maria.
—Para alcanzar el quinto nivel hay que adquirir experiencia y aprender a utilizar la magia de forma eficaz en terrenos peligrosos u hostiles. Por eso, dependiendo del lugar al que vayas o del enemigo al que te enfrentes, la experiencia necesaria puede variar. Esa es la razón por la que quienes terminan la academia después de cinco años solo son de nivel 4 y hay tan pocos magos de nivel 5. Es el umbral más difícil de superar —respondió Emilya.
Editado: 08.10.2026