Perla Azul : Emilya

Llegada

—¿Ha muerto? —repitió, conmocionado.

Se quedó paralizado un instante.

Pero entonces, ¿qué se supone que debo hacer ahora? Me dijeron que trajera a las chicas aquí y se las confiara al conde Damien, pero ¿qué hago si él está muerto? pensó Neon, presa del pánico.

Por su reacción, parece que el mensajero que habíamos enviado para darles la noticia todavía no había llegado hasta ellos, pensó el viejo sacerdote.

—¿Joven? —lo llamó el viejo sacerdote, sacándolo de sus pensamientos.

—Sí, disculpe. Me encuentro en un buen lío.

—Dígame, ¿por qué razón lo envió Lucius aquí?

¿Puedo decírselo? se preguntó Neon, receloso del anciano. A juzgar por su atuendo, parece un hombre de Iglesia, ¿un sacerdote, tal vez? Se supone que los hombres de Iglesia son buenas personas, ¿no? No he conocido a muchos en mi vida de bandido, pero este parece amable. Además, es el único que ha aceptado responderme. No pierdo nada con contarle mi situación, pensó Neon.

—Ese tal Lucius me pidió que trajera aquí a las mujeres de mi pueblo, para que estuvieran a salvo, ya que allí las maltrataban. Tienen mucho miedo a los hombres, así que no puedo confiarlas a cualquiera —dijo, con dificultad.

—Ah, ya veo. Qué situación tan desdichada. Parece que han sufrido mucho —dijo el sacerdote, apenado.

—Como el conde ha muerto, no sé qué hacer con ellas. Se supone que debo reunirme con ellos en la capital, pero no puedo encargarme de todas.

Realmente parece joven, y sin embargo se ha ocupado él solo de tanta gente. Hay que reconocerlo, tiene los hombros bien puestos, pensó el anciano.

—Ya que pareces estar en un aprieto, con gusto te ayudaré.

—¿Por qué? —preguntó el joven, sorprendido.

—Soy un amigo muy cercano del conde y conozco a Lucius. Tuve ocasión de curarlo de heridas mortales cuando pasó por aquí. A cambio, tendré un favor que pedirte.

—De acuerdo, acepto su ayuda, pero ¿cómo va a arreglárselas con ellas? Como le dije, tienen mucho miedo a los hombres. Yo mismo, en cinco días de viaje, apenas intercambié unas palabras con ellas y, además, me evitaban como si tuviera la peste. ¿Cree de verdad que logrará ayudarlas a recuperarse?

—Sí. Las llevaré a la iglesia. Allí solo hay jóvenes aprendices. los mas mayores tienen trece años, así que no creo que sean todavía el tipo de hombres a los que podrían temer —dijo con una leve risa.

Neon seguía un poco preocupado, pero como el sacerdote decía conocer a Lucius y ser amigo del conde Damien, decidió confiar en él y dejar a las chicas a su cuidado. Luego le preguntó cuál era su petición. El viejo sacerdote había encontrado sobre el escritorio del conde una carta dirigida a su hija, Maria. Quería que Neon se la entregara en su lugar, ya que él se estaba haciendo mayor y no podía emprender viajes largos. Neon no sabía quién era esa tal Maria, pero sabía que cuatro mujeres acompañaban a Lucius. Debía de ser una de ellas.

Se acercó a las chicas, que se habían agrupado en un rincón y esperaban a que terminara su conversación con el sacerdote.

—Las voy a dejar al cuidado de este anciano sacerdote. No se preocupen, no les hará ningún daño. Ya no volverán a sufrir.

—¿Có... cómo puede estar tan seguro? —preguntó una de las niñas.

Neon pensó un momento y se le ocurrió una idea. Con su magia, creó un pequeño pájaro de luz fluorescente. Era un hechizo que usaba de niño; de hecho, fue el primero que creó en toda su vida. Se lo dio a la pequeña y creó otro, que se posó sobre su hombro.

—¡Guau! ¿Qué es esto? —preguntó la niña, maravillada.

—Es un hechizo que yo inventé. Un pajarito mensajero. Me permite saber si están bien o no y, si no lo están, vendré corriendo a ayudarlas —le respondió con una sonrisa.

Las mujeres seguían algo desconfiadas, pero como los niños no parecían tener demasiado recelo, aceptaron quedar al cuidado del viejo sacerdote. Este les había prometido que allí adonde iban no habría hombres, lo que las tranquilizó un poco. El anciano le dio a Neon algunas provisiones para su viaje a la capital y quiso prestarle un caballo, pero Neon no sabía montar. Rechazó el ofrecimiento y le pidió a un mercader que iba camino a la capital que lo llevara con él. El mercader aceptó, y ambos partieron juntos hacia la capital.

Neon había intentado más de una vez librarse de la orden que Emilya le había dado de reunirse con ella en la capital, pero cada vez que lo intentaba, la voz de Emilya repetía esas palabras con fuerza dentro de su cabeza, como campanas. No le quedaba más remedio que cumplir la orden. Con el estómago encogido déjo Lynien para ir en busca del grupo de Emilya en la capital.

El grupo de Emilya estaba a punto de llegar a la capital. Ya podían verse las puertas de la ciudad. Emilya se había quedado dormida otra vez por culpa de Lucius, pero esta vez solo tardó dos días en despertar. Al despertar y ver que estaban a punto de llegar, le preguntó a Lucius por qué le hacía eso y, encima, la tomaba por sorpresa. Todos se hacían la misma pregunta.

—Es para ayudarte a dormir. Ese fue el trato que hicímos cuando nos conocimos —le respondió él con calma.

—Está bien, pero ¿por qué duermo tanto?

—Creo que es porque tu ciclo de sueño está volviendo a la normalidad. Antes de conocernos, ¿cuánto tiempo llevabas sin dormir bien una noche entera?

—Como un año...

—¡¿UN AÑO?! —exclamaron todos, atónitos.

—Después de que se nos acabaran todas las pociones que nos había dado tu familia, quisimos volver a por más, pero ya no encontrábamos el pueblo, así que lo dejamos correr. Desde entonces, usaba mi magia para mantenerme activa y no ceder al sueño en los momentos importantes. Al principio fue difícil, pero mi cuerpo acabó acostumbrándose.

Pobrecita... la verdad es que no ha tenido una vida fácil, pensó Lucius con compasión.

—Pero no entiendo por qué, con tus pociones, duermo tres días, cuando con las que tenía antes solo duraba una noche.



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En el texto hay: amnesia, aventura, magia

Editado: 08.10.2026

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