Perla Azul : Emilya

Capital—Sospecho

Poco antes de que Lucius hiciera dormir a Emilya por tercera vez desde que comenzó su viaje, hablaron sobre lo que ella quería hacer con Lana. Maria ya estaba dormida, y la propia Lana también. Solo Melvis se encontraba cerca, vigilando los alrededores. Estaba haciendo guardia.

—Creo que, efectivamente, voy a tomarla como discípula, pero esperaré un poco más.

—¿Qué estás esperando? —preguntó Lucius.

—Estoy esperando a Neon. No hace mucho que despertó como mago y ya está en el nivel 4, aunque en realidad está más cerca del nivel 2, pero bueno, algo es algo.

—¿Eso es lo que querías decir con una alternativa a tu amnesia?

—Sí. Como mago de tipo mental, quizá podría intentar ayudarme a recuperar mis recuerdos. Pero para eso tendrá que alcanzar mi nivel. De lo contrario, creo que existe la posibilidad de que el demonio lo mate a través de mí. Pero no dejaré que eso ocurra.

—¿Ya te ha pasado algo así? —preguntó Lucius, ligeramente preocupado.

—Sí. En la academia, uno de mis amigos intentó ayudarme a recuperar la memoria. Funcionó durante un instante, pero después volví a olvidarlo todo. Además, los síntomas que me afectan se trasladaron a él. Estuvo a punto de morir.

—Wow, vaya historia. Entonces, ¿crees que Neon podría conseguirlo mejor que tu amigo?

—Sí. Creo que tiene posibilidades.

Mientras tanto, Neon dormía tranquilamente mientras se acercaba a Lynien.

—Sé que no debería decir esto, pero a veces envidio un poquito tu amnesia —empezó Lucius.

—¿Y aun así te atreves a decirlo? —respondió Emilya.

—Quería decir que lo único que envidio es la parte de olvidar. A veces sigo teniendo pesadillas , todavía escucho los gritos de la gente de mi pueblo que fueron matados y vuelvo a ver cómo ese monstruo se llevaba a mi familia. Así que, a veces, desearía poder olvidar esos acontecimientos que no me dejan dormir por las noches.

—¿Por qué no tomas también una porción de Flor de Luna?

—Porque no siempre funciona conmigo. Al cabo de un tiempo termino desarrollando resistencia, así que no hago más que aumentar la dosis, pero no debería depender tanto de ella.

—¿Qué edad tenías?

—Tenía 16 años.

Fue entonces cuando Emilya empezó a pensar en el orfanato y en que un poco de distracción no le vendría mal. Después de su conversación, Emilya se disponía a ir a buscar a Melvis para irse a dormir, pero justo en ese momento Lucius la tomó por sorpresa y consiguió que se quedara dormida hasta llegar a las puertas de la capital.

Por eso quería traerlo aquí. ¿Cómo pude olvidarlo…?

—Es como si esos recuerdos hubieran desaparecido de mi memoria.

—¿Cómo que desaparecido? —preguntó Lucius, preocupado.

—Había olvidado la conversación que tuvimos y la razón por la que quería traerte aquí, pero sé que quería hacerlo. Los recuerdos me volvieron de repente. Es la misma sensación que tengo cuando recupero otros recuerdos —dijo rápidamente.

—No entiendo qué quieres decir.

—Significa que, entre el momento en que hablamos y nuestra llegada a la capital, nos cruzamos con el demonio al menos una vez y me robó ese recuerdo.

—¿Qué? Pero ¿cómo es posible? No nos lo encontramos ni una sola vez.

—O quizá lo vimos, pero ya no lo recordamos —dijo Emilya, horrorizada.

Le pidió a Lucius que le contara todo lo que recordaba hasta ese momento. Él le contó todo lo que podía recordar y, cuanto más escuchaba Emilya, menos coincidía con sus propios recuerdos. Tenía lagunas en la memoria. Así que, según su análisis, eso significaba que quizá se había cruzado con el demonio varias veces sin siquiera saberlo, y podía haber ocurrido lo mismo con Lucius, Melvis y todos los que viajaban con ellos.

Regresó a la iglesia y le dijo a Lisa que volvería en otra ocasión. Había surgido una situación inesperada y tenía que irse. Se despidió de los niños y, aunque estaban tristes por verla marcharse, abrazó a cada uno de ellos y les prometió que siempre los protegería. Se marchó rápidamente mientras Lucius intentaba encajar las piezas del rompecabezas.

—Entonces, en conclusión, tienes lagunas de memoria y quieres saber si hay otros acontecimientos que hayas olvidado, ¿es eso?

—¡Sí!

—Vas a preguntárselo a los demás. Quizá eso te obligue a contarles cómo te volviste amnésica.

—Precisamente. O uno de ellos ya me está mintiendo, o tenemos un impostor entre nosotros.

—¿De verdad vas a desconfiar de ellos?

Emilya se detuvo en seco.

—¿Crees que me divierte tener que desconfiar de ellos? —dijo, alzando la voz—. Pero no tengo elección. Si estuvo tan cerca de mí, ¿cómo es posible que ninguno de nosotros se diera cuenta? ¿Cuál es su objetivo? ¿Por qué me está haciendo esto? Son preguntas que no dejan de rondarme la cabeza. No me gusta desconfiar de las personas a las que he dado mi confianza, pero debes saber que incluso tú estás en la lista de sospechosos —dijo, dolida.

—Te aseguro que yo nunca te he mentido.

—Me lo imagino, pero no puedo estar segura hasta haberles preguntado a todos, incluso a Maria.

Caminaba a toda velocidad y, poco después, llegaron a la plaza central. Entonces se apresuró a ir a la cabaña de su maestro. Para entonces, ya había anochecido. Entró de golpe en la cabaña y vio a todos preocupados. Preguntó qué había pasado y le dijeron que, desde que Lana y Melvis se habían marchado, no habían recibido ninguna noticia de ellas y temían que les hubiera ocurrido algo, sobre todo porque habían prometido regresar antes de que anocheciera.

De repente, Lana abrió la puerta, completamente alterada. Llevaba a Melvis a cuestas. Emilya le preguntó qué había pasado. Tomó a Melvis en brazos y ambas fueron a su habitación. La dejó sobre la cama y comenzó a curarla. Tenía algunos rasguños, pero nada demasiado grave.



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En el texto hay: amnesia, aventura, magia

Editado: 08.10.2026

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