Perla Azul : Emilya

Capital — Lucius contra Raegis

Emilya volvió a casa de Angela y vio a Lucius sentado con las piernas cruzadas, meditando.

¿Él también medita?, se preguntó.

Se sentó frente a él y lo observó. Aunque había notado su presencia, no lo demostró. Ella se quedó mirándolo un rato sin decir una palabra.

—¿Vas a quedarte mucho tiempo mirándome así? —preguntó Lucius.

Emilya no contestó. Él siguió concentrado, con los ojos cerrados.

—¿Qué estás haciendo?

—Intento reunir mi energía para pasar al siguiente nivel…

¿Así es como funciona entre los guerreros?, se preguntó.

—También intento simular mentalmente combates contra él, pero es difícil con tan poca información.

Ella guardó silencio un instante.

—Me sabe mal no poder ayudarte. De verdad me gustaría…

—Pero las reglas son las reglas. Nosotros también tenemos algunas, aunque no creo que sean tan estrictas como las vuestras. No te preocupes, me las arreglaré.

—Eso espero —murmuró ella, con el corazón encogido.

Lucius abrió los ojos y la miró.

—Ya te he dicho que confíes en mí.

Ella le sostuvo la mirada y vio un destello de seguridad en sus ojos.

—Dime…

—¿Qué pasa?

—Cuando me dijiste que no era la primera persona en quien habías usado tu poder curativo de esa manera… Fue el la primera persona, ¿verdad?

Emilya no respondió y puso una expresión apenada. Lucius no necesitaba oír nada más: su gesto confirmaba su sospecha.

—No necesito saber por qué ni qué pasó para que llegaras a eso. Lo hecho, hecho está.

Ella lo miró con una expresión indescifrable.

Así es como se sintió él cuando le conté eso. Qué idiota soy, pensó.

Se mordió ligeramente el labio y se marchó, con el corazón encogido. Miró a Lucius una última vez y luego subió a su habitación. Se dejó caer en la cama. No había hecho nada malo, pero, de algún modo, se sentía culpable. Mientras tanto, Lucius parecía seguir concentrado en su meditación.

¿Por qué le dije eso? Seguramente ella no tiene la culpa de lo que pasó. Y, sin embargo, fue como si hubiera descargado mi ira contra ella. ¿Por qué me siento así? Es casi como si estuviera celoso, pero ¿de qué?

A pesar de todos sus esfuerzos, no lograba concentrarse. Así que abandonó la meditación y volvió a coger su espada para despejarse. Después de entrenar un rato, intentó meditar de nuevo. Pasaron las horas y ya había caído la noche. Por fin, después de tanto tiempo, logró alcanzar el nivel siete, sección inferior. Estaba listo para enfrentarse a Raegis.

Se tumbó en el suelo y contempló el cielo estrellado. Era en esos momentos cuando más pensaba en su familia y se preguntaba dónde podría estar. Cada vez era más fuerte, pero no sentía que se acercara a su objetivo. Respiró hondo para aclarar sus ideas. Un rato después, fue a su habitación y se desplomó en la cama. Tras entrenar todo el día, se durmió plácidamente.

Al día siguiente, Maria volvió a llamar a la puerta. Todos estaban despiertos, menos Lucius, que se tomó su tiempo para levantarse. Lana no había salido de su habitación desde el día anterior. Aunque habían llamado a su puerta para asegurarse de que estaba bien, ella simplemente les había contestado que sí y que pronto se le pasaría. Así que la dejaron tranquila.

Lucius por fin se despertó. Por una vez, parecía estar en plena forma. Comió y se preparó para salir. Meditó un poco más y, cuando llegó el momento, se puso en marcha con los otros cinco. El pequeño grupo se dirigió a las afueras de la ciudad. Justo al lado había una gran llanura despejada. A lo lejos ya podían distinguir a Raegis y sus guardias.

—Te has tomado tu tiempo —comentó Raegis.

—Nunca dijiste a qué hora.

—Tienes razón, es culpa mía —admitió.

Miró por encima del hombro de Lucius.

—Has venido con un pequeño comité. ¿Es para que todos sean testigos de tu derrota?

—Más bien han venido a ver la tuya —replicó Lucius.

—Perro ladrador, poco mordedor —se burló Raegis.

—Y uno de peluche no hace daño.

Raegis intentó fingir que las palabras de Lucius no le afectaban, pero empezaba a perder la paciencia. Lucius se dio cuenta y esbozó una leve sonrisa.

—¿Te parece gracioso? —preguntó Raegis, perdiendo la paciencia.

—¿A ti no? —se mofó Lucius.

—Ya no serás tan gallito cuando pierdas.

—Eso solo si pierdo.

Lucius desenvainó la espada sin esperar más. Raegis hizo lo mismo. Los demás se apartaron para no estorbar. Los dos adversarios empezaron a rodearse, observándose y midiéndose. Raegis fue el primero en atacar. Manejaba la espada con rapidez y agilidad, pero Lucius no se quedaba atrás. Esquivaba cada golpe sin demasiada dificultad. Al alcanzar el nivel siete, podía percibir mejor la trayectoria de la espada de Raegis y anticipar sus ataques. En cuanto a la habilidad con la espada, Raegis no estaba a la altura de Lucius. Aun así, siguió luchando sin recurrir a su magia. Emilya se dio cuenta.

¿Qué está haciendo? Penso ella.

Tras intercambiar algunos golpes, los dos hombres se apartaron un momento, como si quisieran darle al otro tiempo para recuperarse de aquel breve enfrentamiento.

—No está mal. Admito que te subestimé. ¿Cómo te llamas, guerrero?

—¿Todavía sigues con eso? Eres terco.

—Muy bien. Entonces morirás siendo un desconocido. ¡Ahora empieza lo bueno! —anunció Raegis mientras se lanzaba contra Lucius.

—Así me gusta —replicó Lucius, bloqueando su ataque.

Intercambiaron golpes de espada. Entre una y otra embestida, Raegis también lanzaba puñetazos y patadas. Gracias a su Flujo, Lucius no se dejaba intimidar: lograba esquivar y desviar los ataques de Raegis sin demasiada dificultad. Que lo contrarrestara tan fácilmente enfurecía a Raegis.

Es fuerte, el cabrón, pero no por mucho tiempo. Ya viene, pensó Raegis con una sonrisa.

Lucius notó ese leve cambio en él. Raegis parecía rebosar confianza, como si el combate estuviera a punto de terminar, aunque apenas acababa de empezar. Lucius se puso aún más alerta. Esta vez, en vez de mantenerse pasivo y limitarse a esquivar y desviar los ataques de Raegis, empezó a atacar. Raegis sintió el peso de la espada de Lucius e hizo todo lo posible por parar sus golpes.



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En el texto hay: amnesia, aventura, magia

Editado: 27.10.2026

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