Raegis hacía como si no pasara nada, pero Emilya había notado un cambio en su comportamiento. Ya no le hablaba tanto como antes, no la buscaba ni la seguía a todas partes. Aunque ahora tenía otros amigos, sentía que las cosas entre ellos se habían complicado. No entendía por qué él se había distanciado. Un día fue a buscarlo para pedirle explicaciones. Pareció muy sorprendido al verla, pero a ella no le importó. Se lo llevó aparte, igual que él había hecho con ella tiempo atrás, y le preguntó directamente:
—¿Por qué me evitas?
—¿De qué estás hablando? —respondió él, apartando la mirada.
—Veo perfectamente que últimamente me estás evitando. ¿Me ocultas algo?
—¡No! Es que…
No terminó la frase y prefirió marcharse. Emilya lo agarró del brazo. Él hizo una mueca de dolor, así que ella lo soltó de inmediato.
—¿Tú… todavía no te has curado?
Suspiró. Esa era la razón por la que la había estado evitando. Después de su enfrentamiento, hasta a los sacerdotes les había costado curar sus heridas. Tenía varios órganos afectados y, si no hubiera activado su escudo en el último momento, seguramente habría muerto. Eso era lo que más le frustraba.
—No te preocupes. Con el tiempo me curaré.
Depues de eso, se marchó.
¿Mi hechizo es tan devastador? No debería volver a usarlo contra otra persona. Espero que se recupere pronto.
Unas semanas después de aquella conversación, él empezó a acercarse a ella poco a poco y su relación volvió a ser como antes. Emilya estaba contenta. Pensaba que ya se había curado, pero todavía tenía algunas secuelas y se guardó de contárselo. Hacía todo lo posible por no dejar que se notaran.
Un día, él la invitó a tomar el té en el palacio. La invitación la sorprendió porque parecía haber salido de la nada, pero al final aceptó. Cuando llegó, la recibieron como a una invitada de honor. El silencio pesaba en la habitación. Emilya pensó que él tenía algo importante que decirle, pero, como no decía nada, inició la conversación.
—He oído algo en la academia.
—¿Qué?
—He oído a algunos alumnos decir que los amenazaste si se acercaban a mí.
¿Qué cabrón ha abierto la boca?, pensó Raegis, irritado.
No respondió enseguida. En cambio, tomó un sorbo de té. Apenas lo había tragado cuando empezó a toser sangre. Emilya, sorprendida, no entendía qué estaba pasando ni qué debía hacer. Se acercó a él y miró dentro de la taza. En el fondo había unos rastros violetas. Dedujo que era veneno. Pidió ayuda a gritos, pero no acudió nadie, lo cual era extraño. Entonces intentó curarlo con su magia, pero no funcionó.
¿Por qué no funciona? ¿Será porque es veneno y no una herida? Pero entonces, ¿qué se supone que tengo que hacer? Si no hago nada, morirá. Vamos, Emilya, piensa.
Rebuscó en su memoria en busca de una solución. Entonces recordó haber leído en un libro que, cuando un animal venenoso mordía a alguien, había que succionar el veneno por la boca. No sabía si funcionaría, pero era la única pista que tenía. Así que lo intentó. Puso los labios sobre los de Raegis e intentó succionar el veneno. Para su gran sorpresa, funcionó. Siguió succionando el veneno y Raegis empezó poco a poco a recobrar el conocimiento.
¿Qué es esto? De repente, empiezo a sentirme mejor.
Abrió los ojos y vio que Emilya seguía succionándole el veneno.
¿Qué está haciendo?, se preguntó, presa del pánico.
Ella no se había dado cuenta de que él había abierto los ojos. Cuando terminó, se incorporó, pero entonces tuvo que sufrir las consecuencias de su magia. Empezó a retorcerse de dolor. Raegis la vio y quiso ayudarla, pero no sabía qué le pasaba. Así que se quedó inmóvil, mirándola. Unos instantes después, los síntomas se calmaron. Ella recuperó el aliento, miró a Raegis y comprobó que estaba bien.
—¿Qué ha sido eso? ¿Qué has hecho?
—¿Cómo que qué? Te he salvado la vida.
—¿Cómo lo has hecho?
Emilya dudó antes de responder.
—Tengo un segundo tipo de magia: la curativa. Normalmente está reservada a los sacerdotes, pero yo también la tengo. No sé cómo es posible.
—¿Has usado tu poder para curarme?
—Sí, y también absorbí el veneno.
Increíble. Hasta han desaparecido mis otras heridas.
—¿Has usado alguna vez tu poder con alguien más?
—Eres el primero al que curo de esta manera.
¿Ah, sí? Mejor, pensó él con una sonrisa.
—Gracias, pero no tenías que haber hecho eso —añadió, volviendo a ponerse serio.
—¿Qué quieres decir?
—En realidad, forma parte de nuestro entrenamiento. De vez en cuando nos ponen un poco de veneno en la bebida o en la comida para que nos acostumbremos. Así, cuando de verdad nos envenenan, no sucumbimos de inmediato.
—¡Pero eso es horrible! Y, además, ¿no podrías habérmelo dicho?
—No sabía cuándo iban a hacerlo. A mí también me sorprendió.
Emilya estaba enfadada. No solo él no la había avisado de que podía ocurrir algo así, sino que además ella había revelado un secreto que quería guardarse, y todo para nada. Se levantó y se marchó. Raegis no la detuvo. A partir de ese momento, su relación volvió a deteriorarse. Emilya empezó a evitarlo otra vez y se centró más en su magia y sus estudios para terminar la academia cuanto antes.
Una tarde, mientras intentaba inventar un nuevo hechizo, perdió el control y un alumno resultó herido. Era el mismo chico que se le había declarado unos meses antes. Emilya quiso llamar a un sacerdote, pero, para cuando fuera a buscarlo y regresara, ya sería demasiado tarde. Para evitar que la situación empeorara, tuvo que dejarlo inconsciente y curarlo ella misma mediante radiación. Lo que no sabía era que Raegis había presenciado toda la escena.
No se suponía que usaras tu poder con nadie más que conmigo. ¿Quieres jugar así? Muy bien.
Empezó a trazar un plan: la secuestraría para que fuera suya y de nadie más. A partir de entonces, su obsesión por ella se volvió incontrolable. Un día, cuando se cruzaron en los pasillos, él le propuso ir a algún sitio para hablar. Como ella consideraba que ya no tenían nada que decirse, se negó. Él insistió otra vez, pero ella volvió a rechazarlo. Había pasado todo el día insistiendo y molestándola, así que al final cedió. La llevó a un lugar completamente desierto. Emilya pensó que solo quería hablar con ella en privado y no vio las señales de alarma.
Editado: 27.10.2026