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Solo hubo viento ese día

El viento estuvo fuerte y se oye un sonido estridente, por lo cual me asusté y pensé en las calaminas que se encuentran en mi patio.
Subí para confirmar si abría pasado algo, pero parecía que no. Todo estaba normal. O eso creía. 
Hacía mucho frío pero por intervalos se sentia  aire caliente golpeando mi rostro, y sin darme cuenta venia una ráfaga de viento otra vez. Logrando levantar una calamina sobre mi cabeza, dándole de lleno al vidrio del cuarto de mi lavandería. Entonces, impactada por el sonido y por las piezas de vidrio que volaron por todo el patio se debilitaron mis piernas, provocando así que me cayera al suelo de la impresión. No sentí nada en particular, hasta que lentamente recorría una gota por mi pierna. Sangre, era sangre; me hice varios cortes al caer al suelo y ahora tenía un círculo de sangre a mi alrededor. Asustada por el ambiente frío y la sangre derramada decidí regresar a mi habitación donde lo que encontré me dejó petrificada. Salí corriendo de allí, baje las escaleras y en el primer piso encontré una escena aún más desgarradora, provocando que salga de mi domicilio. Sin poder superar las imágenes vívidas en mi cabeza de lo ocurrido salte del balcón y me sentí libre al caer, yendo donde mi familia me esperaba.




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