Piezas Faltantes

2

Maya llevaba varios minutos caminando de un extremo al otro de mi sala y empezaba a ponerme nervioso, aunque probablemente no por las razones que ella esperaba.

Seguía sentado en el sofá, vestido con un pantalón de pijama gris y una camiseta del mismo color, observándola ir desde la ventana hasta la pequeña mesa de la cocina para después regresar exactamente por el mismo camino. Había llegado sin avisar, había dejado el bolso sobre una silla y, desde entonces, no había explicado absolutamente nada, solo caminaba. A ratos se pasaba una mano por el cabello, otras veces parecía a punto de decir algo y terminaba apretando los labios.

La conocía desde hacía demasiado tiempo como para no saber que estaba enojada, lo que no sabía era por qué.

—Si sigues dando vueltas así vas a terminar marcando el piso —dije finalmente—. Y antes de que preguntes, no pienso pagar la reparación porque técnicamente tú entraste sin invitación.

Maya se detuvo y giró hacia mí con una expresión que habría resultado intimidante de no ser porque la recordaba usando exactamente la misma cara a los trece años cada vez que alguien tocaba sus cosas en el orfanato.

—¿Estás loco?

Fruncí el ceño.

—¿Esa es la razón por la que viniste? Porque, si quieres una evaluación psicológica, probablemente deberíamos buscar a alguien con más preparación.

—Estoy hablando en serio, Aris. —Se acercó un par de pasos y me señaló como si acabara de sorprenderme cometiendo algún delito—. ¿En qué estabas pensando?

—Tendrás que ser considerablemente más específica. He hecho muchas cosas cuestionables durante la última semana.

Aquello consiguió que su expresión empeorara.

Intenté recordar si había hecho algo que pudiera afectarla directamente. No había tomado una misión especialmente peligrosa, no había ignorado ninguna orden y tampoco recordaba haber destruido alguna pieza de equipo que ella tuviera que justificar después. Lo único fuera de lo normal había sido el análisis de sangre que me hice unos días atrás y, considerando que había terminado casi completamente una tarta vasca en menos de dos días, seguía pensando que aquella había sido una decisión bastante responsable.

Maya abrió su bolso con un movimiento brusco, sacó una carpeta transparente y dejó caer varias hojas sobre mis piernas. Reconocí el membrete antes de leer cualquier otra cosa.

—¿Mis análisis?

—Tus análisis —confirmó, todavía mirándome como si aquello debiera explicarlo todo.

Tomé la carpeta, aunque no la abrí inmediatamente.

—¿Y por qué estás tan enojada por unos estudios de sangre? Si resulta que tengo el colesterol alto, prometo hacer un esfuerzo por cocinar algo que no venga en una caja.

—Léelos.

—Podrías decirme qué pasa.

—Podría, pero prefiero que lo leas tú porque, si te lo digo directamente, vas a empezar a discutir conmigo antes de haber visto los resultados.

Eso sonaba injustamente preciso así abrí la carpeta.

La primera hoja no tenía nada que me llamara la atención. Reconocía suficientes valores como para saber que la glucosa estaba dentro de un rango normal, lo que al menos descartaba la teoría de que el último mes de comida procesada y cantidades absurdas de azúcar ya me estuviera cobrando factura.

—Mi glucosa está bien.

Maya se cruzó de brazos.

—Sigue.

Pasé a la siguiente página con menos interés del que había tenido al principio. Había más valores, observaciones del laboratorio y algunos estudios adicionales que no recordaba haber solicitado. Pensé que quizá formaban parte de algún panel rutinario relacionado con mi casta, porque la organización tenía la costumbre de analizar bastante más de lo que uno pedía cuando un omega activo se hacía estudios.

Seguí bajando por la hoja hasta que encontré un resultado resaltado.

Mis ojos se quedaron allí.

Lo leí una vez.

Después regresé al inicio de la línea para comprobar que no había mezclado dos columnas diferentes.

No lo había hecho.

La abreviatura era conocida. También sabía perfectamente qué significaba el valor que aparecía a un lado y por qué el laboratorio había añadido una nota debajo recomendando una revisión médica.

Durante varios segundos no hice nada, Maya tampoco habló.

Volví a revisar la cifra como si pudiera encontrar alguna explicación escondida entre los números. Medicamentos, supresores, alguna alteración hormonal provocada por el estrés. Había demasiadas cosas capaces de modificar un análisis y yo había tomado suficientes sustancias durante los últimos años como para considerar esa posibilidad antes que cualquier otra sin embargo, la palabra escrita en la observación final no dejaba demasiado espacio para interpretaciones.

Embarazo.

Levanté la vista.

—Esto puede estar alterado.

No dije que fuera imposible. Sabía demasiado bien que, técnicamente, no lo era. Maya tomó aire lentamente antes de sentarse en la mesa baja frente a mí.

—Eso pensé cuando apareció el resultado, así que hice que repitieran la prueba con la misma muestra antes de que el laboratorio cerrara el expediente. Dio positivo otra vez.

Miré otra vez los documentos.

—Los supresores pueden modificar valores hormonales.

—Algunos, sí pero no de esta manera. También revisé tus medicamentos y ninguno explica esto.

Había llegado preparada pero por supuesto que había llegado preparada. Maya jamás irrumpía en mi departamento para entrar en pánico sin haber investigado primero todas las posibilidades.

—Necesito una prueba diferente —dije después de pensarlo unos segundos—. Una revisión completa, no solamente sangre.

—Eso sí. Necesitas una consulta y probablemente una ecografía para determinar cuánto tiempo llevas, pero antes tenemos otro problema.

Aquello hizo que apartara por fin la vista de las hojas.

—¿Otro?

Maya soltó una risa breve y carente de humor.

—Me encanta que lo digas como si el primero fuera poca cosa.



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En el texto hay: mafia, omegaverse, espias

Editado: 13.10.2026

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