Pintaré tus Sonrisas

16 - El robo

Bamvi

Abro los ojos lentamente, parpadeando un par de veces hasta que logro enfocar mi vista. Lo primero que noto es un rostro muy conocido frente al mío, profundamente dormido, iluminado suavemente por la claridad del día. Su mano descansa sobre mi cintura, y una de sus piernas está enredada entre las mías.

Tomo un respiro profundo y decido contemplar este momento un poco más. Subo mi mano de su pecho a su rostro, dibujando un camino por sus sienes hasta llegar a su cabello oscuro y abundante. Con cuidado, sumerjo mis dedos y lo masajeo.

Las imágenes de la noche anterior vuelven a mí en fragmentos, haciendo que mi cuerpo se estremezca. Su voz en mi oído, cantando esa canción de Michael Jackson que ahora se ha convertido en una de mis favoritas. Sus manos en mi cintura, quemándome la piel y acercándome a él. Y luego, su cuerpo deslizándome hacia la cama con sigilo.

Me sonrojo con solo recordarlo.

Aún así, entre tantas emociones, el sentimiento que más me inunda junto a él es el de paz.

En mi mente no hay mil pensamientos a la vez, y siento que puedo respirar.

Siento los dedos de Mateo apretar un poco más mi cintura, y cierro los ojos por inercia.

—Qué extraño —murmura, acercándose un poco más a mí —. Podría jurar que sentí una caricia en mi cabeza hace tan solo un segundo.

Yo trato de contener la risa, pero mis mejillas me delatan.

Abro los ojos y veo los suyos, grises semi-abiertos, y sus labios dibujan una suave sonrisa de lado.

—Buenos días —susurra. Con un movimiento suave, posa sus labios sobre los míos y yo lo recibo.

Sus labios cálidos hacen que mis mejillas se calienten y mi estómago sienta cosquillitas. Me quedo ahí, dejándome derretir, hasta que él separa su calidez de mí.

—Buenos días —respondo luego de un suspiro.

Su mano sube a mi cuello y me acerca hacia él. Sus labios tibios rozan los míos de nuevo. Pareciera que me está leyendo la mente...

Su otro brazo, como es ya costumbre, se encuentra debajo de mi cabeza, creando la almohada perfecta. Con un movimiento, baja su brazo hacia mi cintura y me jala hacia él, haciendo que quede sobre su cuerpo calientito.

Yo nunca lo he dibujado sin camisa, pero verlo así, con esa sonrisa confiada, con sus ojos examinando mi cuerpo con ese brillo y las pupilas dilatadas, con su pecho bajando y subiendo con un ritmo tranquilo, con ese cabello despeinado al que quisiera despeinar más... Es inevitable que sienta un cosquilleo en los dedos, con ansias de plasmar esta imagen en otro lugar que no sea solo mi memoria. Quizás un lienzo. Sí, eso suena bien.

~~~~~~~~~~

Me recuesto de lado en la cama, mientras que Marcus deja su mano en mi cadera y enreda sus piernas con las mías, volviendo a nuestra posición inicial.

Sus ojos vuelven a estar entrecerrados y su respiración aún no vuelve a su normalidad, con su pecho subiendo y bajando. Yo aprovecho para volver a acariciarlo. Sus labios encuentran la palma de mi mano y depositan un beso en ella.

—Mi rayito... He querido preguntarte algo.

Yo asiento, esperando atentamente a que sus labios se muevan.

—¿Cómo me reconociste? —Yo abro mucho los ojos ante la repentina pregunta—. ¿Cómo supiste que era yo? —murmura.

—¿Por qué la pregunta? —inquiero con una sonrisa y el ceño ligeramente fruncido.

La mano de Marcus acaricia ahora mi cintura mientras piensa en cómo responder.

—La agente Pérez, del caso, hizo esa pregunta y... desde que lo mencionó, no he dejado de pensarlo. Fue todo tan... mágico casi. El cómo nos reencontramos.

—Bueno... —comienzo, acomodándome en su brazo, y él se acerca un poco más a mi rostro—. Admito que cuando te vi en el metro creí que estaba en un sueño —Veo los detalles en su rostro: su lunar cerca del labio que me encanta dibujar, sus cejas pobladas que enmarcan muy bien sus ojos grises, sus pestañas largas y, por supuesto, sus camanances, los que siguen erizándome la piel—. Yo... solía dibujarte mucho, pero eso ya lo sabes —digo con una sonrisa y él me sonríe de lado en respuesta—. Supongo que... mi mente tenía de alguna manera memorizado tu perfil, tu mirada, esos ojos grises que me han cautivado desde que era pequeña.

Él asiente, esperando a que continúe.

—Aunque lo que me lo fue confirmando no fue tu físico, sino tu manera de ser. Así como también la manera en que haces que mi cuerpo sienta mil cosas a la vez, sin siquiera tocarme.

—Hmmm... ¿Cosas buenas?

—Sí. Muchas cosas buenas —suspiro y acerco mi rostro más al suyo, pegando mi frente a la suya —La verdad es que... no me había sentido así antes. Quizás lo más cercano a esta sensación sea cuando pinto, y siento esa alegría llenándome el pecho —Recuesto mi cabeza en su pecho y hago círculos con mi dedo índice en su pecho desnudo—. Junto a ti, con tu mera existencia, me siento tranquila. ¡Y me dan muchas ganas de dibujar, de pintar, de crear de nuevo! —exclamo elevando la vista. Puedo notar cómo sus ojos brillan.

—¿Y ahora tienes ganas de crear? —murmura, acercándose a mi cuello y descansando sus labios ahí.

—Sí. Mucho. Siento cosquillas en los dedos por tomar un pincel —murmuro, cerrando los ojos tras sus caricias.

Marcus aleja sus besos de mi cuello y coloca su mano en mi mejilla, deslizando su dedo pulgar de arriba a abajo.

—Yo también me he sentido así. Fue algo extraño pero, desde que te conocí en España, pude volver a escribir.

—¿Somos la inspiración el uno del otro? —pregunto con una risita.

—Yo me atrevería a decir que... —comienza, tragando fuerte—. Que eres mi hogar.

Esa palabra hace que abra mucho los ojos y sienta algo tibio depositarse en mi pecho.

Hogar.

¿El hogar puede ser una persona?

Marcus posa sus labios en mi frente y los sostiene ahí, aumentando la sensación de relajación en mi cuerpo. A pesar de haber dormido tanto ya, y lo distingo por la cantidad de luz que entra por la ventana, el sopor me inunda de nuevo.




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