Play Off

CAPITULO 10

Kyle.
Tomé otro sobro de la cerveza en mi mano conteniendo las ganas de apartar a Penélope de mi lado. Desde hace una semana que Sam vino y se fue parecía más apegada y posesiva que de costumbre, o no sabía si era mis ganas de que fuera Sam y no ella hablando. Bradley encontró mi mirada del otro lado de la sala de la casa de Lucas entrecerrando sus ojos a la mano de la mujer en mi pecho.

Quise preguntarle "¿La quieres para ti?"

Y en silencio habría deseado que su respuesta hubiese sido un gran "Si".

— Kyle. —la miré sin pronunciar palabra alguna. Sus labios fueron a los míos sin obtener respuesta alguna. No tenía ganas de tocarla ahora. Solo quería disfrutar de mi noche con mis amigos. No tenía idea de porque demonios la había traído conmigo, a estas alturas me arrepentía.

El timbre del lugar sonó en la sala. Todos miramos a Lucas esperando una respuesta por su parte. Estábamos todos. Erick en una esquina dándose arrumacos con Verónica aprovechando que la madre de ella se había quedado con la pequeña y con Jake. Desde el nacimiento de Sofía apenas si habían tenido tiempo para ellos, de hecho, por voluntad propia me había ofrecido a quedarme con sus hijos solo para que tuvieran algo de tiempo a solas.

Bradley pasaba sus ojos divertido por la pantalla de su celular. ¿Hablando con Sam tal vez? Quité esos pensamientos de mi cabeza. No era de mi jodida incumbencia.

Grand hablaba con Tyson mientras una morena se pegaba a su cuerpo y repartía besos por su cuello intentando ganar su atención. Nick y Emma parecían ser los únicos que faltaban, Ansel y Alaia ocupaban su tiempo por completo, y ellos parecían encantados con ello. Los envidiaba en cierta manera. Quería eso para mí. Y solo había una persona con la que deseaba tenerlo, y no era la que intentaba meter su mano en mi bragueta justo ahora.

— ¿Puedes dejar de hacer eso? —dije frustrado. No iba a encontrar nada más que flacidez allí. No me ponía duro desde que Sam había aparecido de nuevo. Incluso antes de ello, la única manera de que le respondiera como amante era imaginándome a la rubia de ojos marrones brillantes que me atormentaba.

— Si no me das lo que necesito no entiendo por qué demonios me reclamas si lo busco en otro lado. —exclamó enojada alejando su mano de mi cuerpo.
Gracias a Dios.

— Dos cosas, Penélope. —mascullé entre dientes girándome en su dirección. Sus ojos brillaron con ansiedad pensando que había cambiado de opinión. La tomé del cuello y la acerqué a mí, sus ojos viajaron a mi boca mordiendo su labio inferior. —Nunca te he reclamado nada, ni esperes que algún día lo haga. De lo único que debería preocuparme por ti saltando de cama en cama es de una jodida enfermedad y eso ya lo tengo cubierto con el maldito condón. —intentó alejarse con furia para la sostuve con fuerza sin lastimarla. —Dos. Si crees que no te doy lo que necesitas, no deberías estar aquí. Así como tu consigues las cosas en otro lado, yo también puedo hacerlo. No eres indispensable aquí. —la solté volviendo a mi lugar.

— Eres un idiota.

— Ya. Y hasta ahora te das cuenta de ello. —dije cortando la conversación. Si quería pelear podía hacerlo sola, yo no tenía nada que discutir con ella ni quería hacerlo.

Me levanté de mi lugar con la botella medio vacía, mis pies caminando hasta la cocina. Lucas se había perdido para abrir la puerta y no sabía dónde estaba el maldito whisky que necesitaba justo ahora. Abrí todas las gavetas y no lo encontré.

Vacié la botella y la dejé sobre el mesón.

— Tomándote toda la reserva de Stark no conseguirás olvidarla, Johnson. —me giré para encarar a Bradley. Tenía una sonrisa graciosa en su rostro mientras sostenía la botella que estaba buscando en alto. —¿Querías esto? —mordí mi lengua para no decir nada.

Tampoco tenía ganas de aguantarlo a él.

— Déjame en paz, Cox. —murmuré caminando al refrigerador. Agua tendría que ser.

— Kyle, no vengo a pelear. —lo miré esperando a que continuara. —La extrañas. —afirmó.

— Dime algo que no sepa, idiota. —escupí con rabia. No necesitaba que me recordara la obvio. Tomaba para olvidar lo bueno que había dañado, no para recordar lo mucho que la había cagado.

— Al principio pensé que tendrías los cojones de luchar por ella, incluso te admiré, pero ahora por mucho que veo que has avanzado, no estoy tan seguro de que seas lo que ella merezca. —me dijo con tristeza.

— ¿Y tú si lo eres? —inquirí con odio. Él comenzó a reír destapando la botella y tomando un trago.

— Disto mucho de serlo. Tu y yo sabemos lo dañado que estoy, no necesita mi mierda. —aclaró. —No después de lo que le costó sanar. —terminó por decir. —Además, no me quiere a mí, imbécil. Te quiere a ti. Por alguna maldita razón sigues siendo lo que ella visualiza cuando la palabra futuro aparece en la oración.

— Ella no merece material jodido. Tú mismo lo has dicho. —recalqué. Tendió la botella en mi dirección y tomándola la llevé a mi boca tomando de la misma tal y como lo había hecho él.

— No. No se la merece. Sam se merece el mundo entero. Se merece alguien que luche por ella con la misma intensidad con la que ella estaría dispuesta a hacerlo, pero hay un pequeño detalle allí. —lo miré con recelo. —Ella no está dispuesta a luchar si alguien no lo hace primero. —enarcó una ceja hacia mí. —No estás jodido, Kyle. Estás intentando ser mejor por ella, lo sé. ¿Crees que no sabemos de tus escapadas a la oficina de Daysi? —miré a otro lado ante la mención de mi terapeuta.— La mujer que cuelga como bolso de tu brazo no te hace feliz. Cualquiera tendría la polla dura con una mujer como esa. Tetas grandes, culo igual de lleno y esos labios...seguro hacen maravillas con la polla de un hombre. —sus palabras no produjeron nada en mí, él comenzó a reír con más fuerza. —Deberías estar furioso por tenerme aquí hablando así de tu mujer. —confesó. Me encogí de hombros.




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