Brillando en la oscuridad más profunda, majestuosos y elegantes iluminan el camino, cual luz a la creación, erguidos en el firmamento como los hombros de los gigantes que abren paso y sostienen el avance de la humanidad, efímeros, únicos, astros uno en cada generación, cual paleta de colores tomando diferentes matices en las pinturas del día a día de la humanidad, cual astros ubicados a eones de su tiempo, compartiendo únicamente su luz, en ocasiones odiados, la mayoría de las veces incomprendidos, solitarios, extravagantes, tan geniales como humanos; a veces demasiado humanos, perdidos en el tiempo vagando en los lugares, para cuando la luz de algunos astros llega hasta los simples observadores, ellos ya están muertos. Al final les valoramos, extrañamos e idolatramos, en tanto que para ellos, de esos astros, solo sus fantasmas quedan.