Poeta: La historia de un asesino

Capítulo 3 : Confesión y Muerte

Eran como las 11:45 de la noche, Claudia se levanta y se da cuenta que está amarrada en una silla y tapada su boca con cinta, el miedo recorría su cuerpo y pensó que todo estaba perdido...

- ¿Qué ocurre Claudia? ¿Tienes miedo?

Claudia empezó a tener más miedo, hasta lloraba, sabía que había alguien familiar detrás de esto, su voz era conocida, pero las luces apagadas solo reflejaban una sombra en un sillón.

- Tranquila.... voy a encender la luz, creo que tú y yo, necesitamos hablar.

Al encender la luz, Claudia se llenó de miedo y más aún sintió un alivio y decepción.... era Mario.

- Te voy a quitar la cinta, pero por tu seguridad no grites. - decía Mario.

Mario se acercó a Claudia y le quitó la cinta, pero ella no gritó, apenas vio un cuchillo en la otra mano de Mario, Claudia lo miró.... su mirada lo decía todo.

- ¿Por qué lo haces Mario? - preguntó Claudia - ¿Por qué me haces esto?

Mario se ríe un poco...

- Te lo advertí muchas veces, nunca me dejaron en paz.... ¡pero no¡, si quieres montarte al papel de detective y heroína, te daré lo que quieres escuchar.... - decía Mario, con tranquilidad.

Claudia quedaba en silencio, el sudor recorría en ella.... la mirada de Mario penetraba su alma, no era una mirada amigable.

- 18 personas ¿No? aunque no, solo 16, dos aparecieron muertos esta mañana, te lo diré de una vez.... sí yo fui.... yo asesiné a todas.... ¿Estás feliz? - preguntó Mario.

Claudia empezó a llorar.... pero una pequeña parte de alivio la domino...

-¿Pero por qué Mario? -preguntó Claudia con nervios. -Tenías una vida por delante, ellos son niños y tú los mataste.

Mario la observó... haciendo una mueca burlona.

-La juventud ahora piensa que tiene razón, se creen muy maduros, tienen un pensamiento muy absurdo... creen que por ser de bandas o ser delincuentes o tener armas, son intocables, pero yo no soy como ellos, no creo en su mierda, tú crees que lo que hice fue por sentirme bien, no... el mundo mismo te vuelve loco... -decía Mario con tranquilidad.

Claudia interrumpe.

-¡¿Acaso eso era problema tuyo?! ¡No tenías por qué matarlos! -gritaba Claudia.

Mario se acerca y apuñala la pierna de Claudia, tapándole la boca con cinta...

-Te dije que no grites, me obligas a hacerte daño... no soy ningún pendejo ¡Claudia! esos alumnos tenían amenazados a algunos profesores, pero tú y ellos son miedosos... yo no, yo sí actúo y no me da miedo actuar. - dijo Mario levemente.

Claudia lo queda observando, su pierna manchada de sangre, estaba con mucho dolor y el miedo la consumía, su llanto lo decía todo.

-Te voy a contar cómo sucedió todo y por qué lo hice -dijo Mario con tranquilidad.

Mario se acercó y le quitó la cinta de la boca, él quería escuchar sus preguntas.

-Sin gritar esta vez, te lo advierto... déjame contar todo ¿está bien? -pregunta Mario.

Claudia lo observó con mucho miedo... no quería cometer errores... sabe que Mario no está bromeando.

-Cuéntame -decía Claudia adolorida-. ¿Cómo sucedió con los cuatro? ¿Y por qué lo hiciste?

Mario jugaba con su cuchillo, mostrando una risa muy burlona...

-Ok... -responde Mario con tranquilidad-. Te lo diré de una vez.

Mario se levantó y apagó la luz... encendiendo una vela... como para que se vea más terrorífico y después de sentarse... empezó a contar:

-Yo soy joven... amo mi juventud, cuando terminé mi carrera pensé... ¿Cómo busco empleo?... y ya sabes... quería ser maestro y sí aquí fue un buen lugar, pensé que tenía la capacidad suficiente para guiar a la juventud, cuando daba clases a los adultos les leía poesía, a novenos les leía poesía... a los décimos y primeros, segundos y terceros de bachillerato... les leía un poema, en cada clase, poemas que yo mismo escribía... ¿Y si sabes para qué? Claudia.

Claudia aún asustada solo responde: -No Mario... ¿por qué? -pregunta.

Mario clava el cuchillo en la mesa y responde: -Quería que se enamoren de la poesía, que se guíen en algo bueno, por eso hacía investigar poetas como Edgar Allan Poe o Medardo Ángel Silva... ¿sabes qué?

Funcionaba, no en todos, pero sí funcionaba... aunque era mínima y muy pequeña cantidad, no le importaba, pero tampoco se dejaban llevar por lo malo, pero una parte más pequeña, no lo apreciaba, puedo aceptar que no lo aprecien... pero nunca que lo insulten.

Claudia interrumpe... -¿Y por eso los mataste? -pregunta-. ¿Por qué los mataste?

Mario se ríe un momento y responde:

-No... solo me enojé... era un día jueves 04 de febrero, creo, empecé mi día muy tranquilo, hasta ese momento todo bien, mi último curso de ese día, era bachillerato, el segundo "A", curso al que yo ya era el tutor ¿no?

Claudia interrumpe:

-Quiero que me digas... ¿Cómo los mataste?, solo eso dime... ¿Cómo mataste a esos niños? -pregunta.

Mario se pone un poco serio... y le dijo:

-Es de mala educación interrumpir... mejor alza la mano y yo te daré el paso para hablar y tienes que escuchar los motivos, no los hechos, así que no me interrumpas ¿ok? -preguntó.

Claudia con mucho nervio solo responde:

-Está bien... cuéntame todo.

Mario sonríe con poco... y se tranquiliza... y empieza de nuevo:

-Ese día tenían que traerme una tarea fácil... un poema, un mísero poema, inventado o del internet... pero solo uno yyyyyyy la mayor parte cumplió, otros me dijeron que no contaban con internet y su mente no daba para escribir y yo perdone por eso... pero esos cuatro... Kevin, Aldahir, Jonny y Wilmer, me sacaron un pretexto estúpido... ¿sabes? ¿Sabes que me dijeron? -pregunta Mario.

Claudia lo observa con miedo... y solo responde:

-No Mario... ¿Qué te dijeron? -pregunta.

Mario sonríe un poco y responde:

-Me dijeron que la poesía era una porquería y que no les gustaba, incluso me enojó esa mierda de gorras con la que andaban y esos aretes en sus orejas... qué mariconadas.




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