Desde hace generaciones, dos tierras que alguna vez fueron una sola han sido desgarradas por la guerra.
Una guerra dada por los poderes.
Una de las tierras, conocida hoy en día como Altair odiaba la idea de los poderes. Antes de la guerra, toda una multitud hizo protestas: según ellos la gente indefensa y la gente poderosa no podía convivir junta.
Por otro lado, está Thriandor, la tierra de las pesadillas, o eso es lo que sale en los cuentos.
Ahí vive de todo: con poderes o sin. La condición es simple: ser de Thriandor. Si no lo eres y traspasas la frontera, eres un muerto más, o eso al menos que pertenezcas a la familia real. Pero, también viceversa, solo que, aunque seas de Altair, pero tengas poderes, puedes despedirte de tu vida.
Antes de traspasar la frontera te encontrarás una red gigante, y pensarás: que tontería, así cualquiera puede pasar, y ahí es cuando cometes el primer error. Al otro lado siempre hay soldados con un arma, tal vez escondidos. Los segundos de gloria serán pocos.
Si no te matan los de la otra frontera, te matan los de tu pueblo y solo hay una razón: traición.
Así murió mi madre.
Una bala atravesada en su pecho.
Un grito desgarrador saliendo de su garganta.
Un charco de sangre alrededor de su cuerpo en el suelo.
Y yo con un bebé en brazos sentí como el mundo se me paró.
En ese momento todo me vino encima.
En ese momento dejé de respirar.
En ese momento sabía que esa imagen nunca se me borraría.
Y así fue.
Como ella hay millones de personas queriendo escapar de donde la vida los puso.
Porque en realidad nada es como aquellos cuentos. Tal vez aquella tierra de las pesadillas es mejor de lo que dicen. Y tal vez esa tierra de la paz, es peor de lo que dicen.
En estas tierras divididas, la paz es frágil, y la única manera de mantenerla es a través del miedo.
La ley es sencilla:
Si un común atraviesa la frontera, su destino es la muerte sin juicio.
Solo acompañado de la sangre real se puede cruzar.
Ahora imagina esto: ser prisionera. Esclava sin derechos por los actos de tu madre. Imagínalo. Y, aun así, que el príncipe se enamore de ti, el hijo del hombre que protagoniza tus pesadillas. Mientras, al otro lado de la frontera, alguien necesita algo de ti.
¿Puedes imaginar quién ganará la batalla? No, ¿verdad?
En este viaje descubrirás que hay amores obsesivos… y amores puros, pero pasajeros.