Portadora de Almas.

CAPITULO 2

Ren.

Muchas horas antes.

—Jefe, no creo que podamos pasar. Bueno, quiero decir, creo que solo usted lo logrará, pero nosotros...

Me giro al ver al cabo Lein que habla más que un loro. Me tiene harto, por suerte mi mirada lo logra callar.

Nos queda poco para llegar a la frontera que separa Thriandor de Altair y desde lejos ya se pueden ver los soldados que llevan pistolas, listos para volar la cabeza de quienes crucen.

—Hasta que no crucemos la frontera, nadie habla —me paro para mirar a todos los que me lleve —quien hable no hace falta que ellos se molesten, porque quien los va a matar soy yo.

—Ren, con todo el respeto debido, creo que hablas mucho y luego no haces nada. Nos tienes mucho cariño como para...

—Al primero al que le volaré la cabeza serás tú como no te comportes. —corto a Alexander antes de que siga hablando.

Piensa que como somos amigos tiene el gran derecho de llevarme la contraria, tutearme, o hablarme de la primera estupidez que se le pase por la cabeza.

Seguimos andando y todos en silencio, por fin.

La mierda de la guerra y las tonterías que inventan los de Altair me tienen harto. Es verdad que yo puedo pasar cada que quiera, —aunque debo hacer un interrogatorio que a lo mejor tarda más de media hora — pero tener que pedir que mis soldados vayan es algo que no aceptan fácilmente. Mi sangre real me permite cruzar personalmente, pero ese privilegio no se extiende a mis soldados: cada uno debe pasar el interrogatorio y obtener autorización para entrar.

El día que el reino de Altair decidió separarse de Thriandor, se quedó con Baerney y Luton, tierras que están al lado de Altair y a los monarcas de dichas tierras que no les pareció mal la idea de “no a los poderes”, mejor dicho, a la gente que vive bien y a la gente con voto y opinión no les pareció mal la idea. Al contrario de Tharvok que se quedó con Thriandor, porque en parte no les dimos la opción. En esas ciudades no hay un rey como tal, únicamente en Thriandor y Altair, pero sí que hay nobles de mucho renombre que en dichas ciudades tienen voto como si fuesen reyes.

Altair y sus tierras decidieron matar a todo aquel que pisara su zona sin ser su lugar de origen, y en Thriandor no nos iban a ver la cara de estúpidos entonces hicimos lo mismo. Pero, normalmente lo que suele pasar es que, si eres de Altair y quieres ir a Thriandor, tu propia tierra te mata porque no le gusta que la gente piense que lo nuestro es mejor. No quiere que la gente empiece a decir y difundir que en verdad su tierra no es un cuento de hadas, creando así protestas y arruinando todo lo que han construido a lo largo de los años.

Minutos más tarde llegamos a donde se encuentran los hombres vestidos de negro con pistola y antifaces, uno de ellos hace un gesto con la mano consiguiendo que los demás bajen las armas.

—Príncipe, lamento decirle que no puede pasar con ellos. —me habla uno de ellos.

—Estoy yo, ¿se necesita algo más? Que yo sepa las reglas no dicen nada de que no puedo ir acompañado.

No lo veo convencido por mis palabras entonces le hago ademán a Anezka que diga lo que tiene que decir: es la persona en la que más confío de todos los que están aquí. La conocí en el ejército y ella destacaba como soldado, a tal punto de ser de las mejores y ascender de capitán a coronel.

Anezka alza una placa enseñándosela a los hombres.

—Ejercito Elite: cumplimos las demandas del rey, aparte de protegerlo. Somos una unidad más poderosa que el ejército y más respetada que cualquier fuerza policial. Somos la autoridad. —continúa —Venimos con intenciones beneficiosas tanto para Altair como para Thriandor. El no dejarnos pasar nos daría a pensar que está en contra de la justicia.

Los hombres parecen pensárselo.

—Lo lamentamos, no puede pasar debido a que...

Pongo los ojos en blanco.

—¿Quiere que lo repita?

Al no conseguir respuesta de los sujetos, le hago ademan a Anezka para que repita y lo hace.

—¿Así o más claro? —pregunto.

Los hombres se quedan mirando a quien manda, (es quien nos dirigió la palabra) y este parece pensárselo.

—¿En serio el rey ordeno esto, verdad?

—No, es que yo vengo a pasear a mi ejército —uso un tono irónico palpable en mi frase.

—Señor, el sarcasmo no va conmigo.

—Ni el hacerme perder el tiempo conmigo.

El soldado sabe lo que soy y que no me iré hasta lograr pasar entonces se da por vencido y nos guía a todos a una especie de cabina muy pequeña que es donde nos harán el interrogatorio.

Me he llevado a casi todo el ejército por orden de mi padre, no comprendo todavía el por qué ya que, por ejemplo: ahora duraremos muchas horas en pregunta por pregunta. Al menos, todos tienen memorizado que decir.

Entro primero y la cabina es muy pequeña por dentro, ya me lo esperaba, pero, en fin. Solo hay una silla, una mesa y otra silla al frente donde reposa un guardia.

Nada más sentarme empieza el interrogatorio.

—¿Motivo de la visita?

—Petición del rey. Una misión que tiene como propósito el bien de ambas partes. Seguimos las órdenes del rey y ya me dirá di el rey tendrá malas intenciones.

—¿Cuánto tiempo tardará en volver?

—Como mucho pasaremos dos semanas. El caso es uno muy complejo.

—¿Le importaría decirle de qué trata el caso?

—Nada malo, nada que le importe y nada que el rey quiera que le comparta. —el guardia queda impactado con mi respuesta, pero no me replica, sabe que no puede.

—¿Alguna intención de violar las reglas de la otra parte del mundo?

—Ninguna.

Respondo a más de las veinte preguntas que hacen a cada persona que cruza la frontera.

Y salgo cansado de tanta preguntadera. Entra el siguiente y luego el siguiente, y así sucesivamente. Me dormí en la espera y cuando ya están todos nos avisan para pasar la frontera.

Ya en Altair, los hombres que visten igual que los de Thriandor también se apartan dejándonos.




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