Práctica Nocturna

Algo extraño le pasa a Rozanov

La obsesión de Shane Hollander siempre había sido una ciencia exacta. Durante años, su mente había funcionado como un escáner diseñado exclusivamente para descifrar a Ilya Rozanov: conocía el cambio milimétrico en su postura antes de arrancar un slap shot, el tono exacto de su respiración cuando estaba exhausto pero se negaba a dejar el hielo, y la forma en que su piel pálida se encendía después de una hora de sexo violento y clandestino en habitaciones de hotel baratas.

Shane sabía leer a Ilya mejor que nadie en el mundo. Por eso, el silencio repentino fue lo que primero lo encendió las alarmas.

Al principio, fue casi imperceptible. Una sutil alteración en la coreografía del vestidor tras los partidos. Ilya, que solía ser el primero en quitarse las hombreras y caminar hacia las duchas con esa arrogancia natural y desvergonzada que volvía loco a Shane, empezó a arrastrar los pies. Se quedaba sentado en su casillero, desatando sus patines con una lentitud exasperante, manteniendo la mirada fija en las baldosas del suelo.

Esperaba.

Shane lo observaba de reojo mientras se secaba el cabello con la toalla, fingiendo escuchar las bromas del resto del equipo. Veía cómo Ilya no se movía hasta que el último defensa salía por la puerta, hasta que los utileros apagaban las luces del pasillo y el eco de las risas se desvanecía. Solo entonces, cuando el vestidor quedaba sumido en una penumbra húmeda y desierta, Ilya se ponía de pie para entrar a las duchas.

Una noche, en Montreal, Shane se quedó esperándolo en el pasillo, oculto en las sombras del túnel de acceso. El sonido del agua golpeando las baldosas viejas de los vestidores visitantes resonaba con un eco fúnebre, casi metálico. Cuando Ilya finalmente salió, media hora después, no traía la típica expresión de suficiencia post-partido. Estaba pálido, con los ojos fijos en la nada, y sus dedos temblaban imperceptiblemente mientras se abotonaba la camisa.

—¿Te pasa algo, Rozanov? —preguntó Shane, saliendo a su encuentro en el pasillo desierto.

Ilya dio un respingo violento, un movimiento torpe que no encajaba con los reflejos de un atleta de élite. Tardó un segundo entero en enfocar la mirada en Shane. Cuando lo hizo, sus ojos se veían apagados, desprovistos de su habitual brillo burlón.

—No jodas, Hollander. Estoy cansado —respondió. Su voz sonó extraña, un susurro áspero, como si tuviera la garganta reseca.

Pasó por su lado sin rozarle el hombro, dejando tras de sí un olor que Shane no supo identificar. No era el olor a sudor limpio, ni el de su loción habitual. Era algo diferente. Un aroma tenue, húmedo y sutilmente dulce, como el de la tierra que ha permanecido encerrada y sin luz durante demasiado tiempo.

Para cuando el calendario marcó el inicio de la pretemporada y el calor de junio se volvió una presencia física y aplastante en la ciudad, el comportamiento de Ilya cruzó la línea de lo extraño para convertirse en algo francamente alarmante.

Shane intentaba convencerse de que era la presión del contrato o el peso de las lesiones acumuladas, pero los detalles diarios desmentían cualquier explicación lógica. El más absurdo de todos eran los guantes.

Eran un par de guantes de cuero negro, delgados pero tupidos, que Ilya no se quitaba por ningún motivo. En las reuniones de estrategia, donde el aire acondicionado apenas daba abasto y los demás jugadores sudaban en camiseta, Ilya permanecía sentado al fondo, con las manos rígidamente cruzadas sobre el regazo. Lo mismo ocurría en los restaurantes o en el trayecto en auto hacia la pista.

—Es una dermatitis de mierda, Hollander. Deja de mirarme como si tuviera tres cabezas —le había espetado Ilya una tarde en el departamento, cuando Shane le cuestionó por qué carajos usaba guantes para servirse un vaso de agua. Su acento ruso sonaba más grueso, arrastrado, como si le costara modular las palabras.

Pero el verdadero abismo se abrió en la intimidad. La última vez que lo habían intentado, un par de semanas atrás, la experiencia dejó a Shane con una sensación de frío en el estómago que no lograba sacudirse. Ilya se había negado rotundamente a desvestirse del todo. En lugar de la habitual fricción de sus cuerpos desnudos, Ilya lo había empujado contra la cama manteniendo puesta una sudadera pesada de manga larga y, por supuesto, los malditos guantes.

Fue un encuentro frenético, desprovisto de la complicidad de siempre; Ilya respiraba con una agitación que no era de placer, sino que recordaba al pánico ciego de un animal atrapado. En un momento de descuido, Shane deslizó las manos bajo el borde de la sudadera de Ilya, buscando el calor de su espalda. Sus dedos ascendieron por la columna hasta llegar al centro del pecho.

Allí, justo sobre el esternón, tocó algo que lo hizo detenerse en seco. No era piel. Era un relieve rígido, una especie de anillo o protuberancia circular, áspera y fría bajo el tacto. Antes de que pudiera presionar o deslizar los dedos para entender qué era, Ilya reaccionó con una fuerza descomunal, casi sobrehumana. Empujó a Shane con tanta violencia que este terminó en el suelo, golpeándose la espalda contra la mesita de noche.

Sin decir una palabra, con el rostro completamente desencajado y una rigidez cadavérica, Ilya se puso de pie, se acomodó la ropa y se encerró en el baño. Shane escuchó el pestillo caer y, poco después, el sonido del agua de la llave corriendo ininterrumpidamente durante horas, ocultando los sutiles y húmedos sonidos de carraspeo que venían del otro lado. Desde esa noche, la distancia entre ellos se volvió absoluta, e Ilya comenzó a usar exclusivamente suéteres que le cubrían el cuello por completo.

La distancia física se transformó rápidamente en un aislamiento total. Ilya ya no solo se escondía en los vestidores; empezó a faltar a las cenas de equipo, a evitar los viajes grupales bajo cualquier pretexto médico y a pasar los días libres encerrado en su propio departamento con las cortinas completamente cerradas. Shane le marcaba, le enviaba mensajes, iba a tocar a su puerta, pero solo recibía el silencio o respuestas lacónicas de texto: "Estoy durmiendo, déjame en paz".



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En el texto hay: shanehollander, shanexilaya, heated rivalry

Editado: 27.10.2026

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