Sin importarme nada llego a la puerta de la oficina y la abro de par en par. Por suerte, solo está mi padre admirando la vista nocturna desde el balcón que se encuentra atrás del escritorio que pertenece al duque. Sabe que estoy aquí porque no me he esforzado en ocultar mi Soberbia que reacciona a la suya, como un padre león que reconoce a su cría. Totalmente tranquila camino hacia el carro de bebidas que está en la oficina y tomo de un trago la primera botella que encuentro. El líquido quema mi garganta, pero no importa y camino hasta posicionarme junto a mi padre.
—Se supone que eres muy joven para beber. —Dice tranquilo mientras toma de su copa.
—Se supone que tú no te entrometerías en mis asuntos. —Digo enojada, pero no con ganas de pelear —. ¿Qué está pasando? Para que el rey se haya metido en mis asuntos y se adelantara en lo que quiero, es porque algo realmente grave está pasando o va a pasar.
—No es algo que debas saber de inmediato, pero puedo adelantarte que está cerca un peligro que, para enfrentarlo, se necesitará la fuerza de una verdadera líder. —Expresa viendo con dolor hacia el pueblo, donde mucho demonios e híbridos están.
—Comprendo. —Digo tranquila y respiro profundo, sintiendo como se activa mi marca de la Ira —. Ya terminé mi Camino de las Penurias, ¿ahora debo guiar a los lideres?
—Cuento contigo. —Dice reflexivo mientras toma un sorbo de su copa y deja que el tiempo fluya entre nosotros.
Al día siguiente todo comienza con normalidad.
En la mañana me encuentro en el patio donde entrenan los caballeros antes de ir a la oficina de Genevive para entrenar. Hoy no tengo muchos ánimos, así que solo lo dejé pelear a los caballeros con unas sombras débiles para que al menos hagan algo productivo. Normalmente disfrutaría de mi superioridad, pero mis ánimos están realmente bajos. Además, he de agregar que tengo mucho que enseñar y explicar a los futuros reyes, pero no me quieren cerca y no creo que se dejen guiar con facilidad.
—¿Ahora qué hago? —Murmuro en un suspiro frustrado puesto que realmente se metieron en mi planes para fortalecer a los demás.
Tomo una rama del suelo y hago un dibujo que demuestra mis pensamientos.
Primero necesitaba ayudar a Waldred con su habilidad Control del Mal, pues no es solo para alejar el mal y proteger adentro de una cúpula, su verdadera función es absorber los malos deseos y purificarlos en un verdadero deseo por apoyar y cuidar, una función muy parecida a un lavado de cerebro del que no te das cuenta. Normalmente esta habilidad tendría un efecto realmente peligroso, ya que mientras más te esfuerzas por purificar más mal se absorbe y termina volviendo loco a su portador. Ahí es donde entra el Guardian de Jurat (el segundo a entrenar puesto que no saca el máximo potencial de su habilidad), debido a que cuida y protege emocionalmente a la princesa, ayuda a regular el mal que aqueje al joven Alfa lo que no permite que se vuelva loco. Supongo que es ahí donde está mi papel, ya que a mí no me afectan esos males y hasta puedo convertirlos en fuerza que impulse los planes de Calculadora. Pero no creo que eso sea todo ya que, teniendo en cuenta que no he deducido cual es la habilidad del Beta, que probablemente sea el Segundo al Mando que se encarga de encontrar lo que sea necesario para llevar los planes de Calculadora y así catapultar a Control del Mal y Líder Nato, mientras que Guardian y las habilidades de los reyes demonios se encargan de que todo salga a pedir de boca. Sin embargo, si tengo en cuenta la fuerza que supone tener estas habilidades, esto solo significa que algo al nivel de una guerra está cerca y hay que apagar esas llamas cuanto antes. Pero si se apresuraron a lo que tenía en mente, es porque no queda el tiempo o algo está provocando una falla que pasa casi desapercibida y solo nuestras habilidades pulidas lo van a detener.
Esto se siente como si todo estuviera perfectamente equilibrado.
Como un plan de los dioses.
—Realmente odio que me utilicen. —Susurro mientras borro lo dibujado con frustración.
—Es muy peligroso bajar la guardia. —Escucho a Jurat junto a mí, con una capa débil de Soberbia escapando de su cuerpo.
—Hola zorro, ¿ya superaste la decepción? —Pregunto filosa, sintiéndome rencorosa por cómo me vio ayer por culpa de mi progenitor.
—Lamento que te hayas sentido señalada. —Dice sentándose a mi lado mientras mira el cielo con calma —. No sentía decepción de ti. Tú cumpliste con las órdenes y protegiste a la Princesa lo mejor que pudiste en esas circunstancias, tambien te adelantaste a los hechos y nos advertiste según los límites del momento. En pocas palabras, fuiste mejor guardiana que yo. La decepción que sentía venia de mí mismo, puesto que sucumbí ante la Pereza. —Aprieta su mano conteniendo su molestia, pero sinceramente me hizo sentir mejor.
—No, si yo hubiese visto a través de las palabras de mi padre, lo de anoche no habría ocurrido. Simplemente nos falta un poco de entrenamiento, y eso es lo que nos dejaron ver. —Veo mi mano mientras dejo que varias marcas aparezcan una tras otra —. Por cierto, gracias a que mi padre me hizo enojar, por fin pude terminar mi Camino de la Penurias.
—Tenemos muchas preguntas sobre eso, y tambien como podemos superarlos. ¿Nos ayudaras? —Pide tranquilo, aunque su soberbia tiembla ante su inseguridad.
—Claro que sí, aunque no depende de mí. —Me levanto de mi lugar y extiendo mi mano hacia él —. Por ahora, vamos a hacer nuestro trabajo.
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Editado: 27.11.2024