Princess Darkness

Entre mortales y oscuros

Llegó el lunes. En la escuela ni los góticos se salvaban de hacer los honores a la bandera y, como soldados, cada quien iba a su cuartel; en este caso, eran las aulas escolares.

En el receso, un chico se acercó a ellos; le gustaba Darkness. Preguntó amable: «¿Puedo sentarme?». Darkness le dijo: «Adelante», y soltó la bomba; le dijo que quería ganar su corazón. Darkness le respondió: «Inténtalo, ahora si ganas mi corazón, soy tuya». Calavera estaba sorprendido de cómo se iba a juntar con un mortal, pero Darkness sabía lo que hacía.

«Te escucho», dijo ella, preparando su ronca voz.

El chico quiso ser poeta; sus palabras para él eran las perfectas: «Quisiera ser sol para alumbrar siempre tus mañanas». Darkness hizo una pequeña sonrisa; el chico pensaba que se la estaba ganando. El chico le dijo dos más y una última: «Quisiera ser vampiro para dormir contigo en tu ataúd».

A Darkness le sonaba divertido, mientras Calavera estaba molesto. Ella dijo: «Así conquistas a las básicas». —Te di la oportunidad y no lo lograste: no tienes colmillos para morder mi cuello —le dijo Darkness.

Salieron de la escuela. La semana transcurría normal, nada importante sucedió.

Llegó el fin de semana, los días que le encantaban a Calavera. Se reunió con dos locos igual que él; tenían una página de internet donde decían que eran los sobrevivientes del mundo que gobernaban los mortales. La página era un desorden visual, así como sus cuartos, pero ellos vivían en su mentira.

Calavera les contaba que conocía a una amiga que se decía ser gótica solo porque las luces de su casa alumbraban al cincuenta por ciento, pero no usaba hebillas y era amable con los mundanos. Un amigo lo interrumpió:

—¡Guácala!, ¿con quién te andas juntando?

Calavera la defendió:

—Es mi amiga desde niños.

El otro dijo:

—Seguro vive atrapada en un mundo alternativo donde sus fantasmas no la dejan vivir.

Calavera dijo:

—La voy a traer para que me ayuden a ver si con ustedes abre los ojos, yo ya me di por vencido.

Salió de ahí esa noche con la mentalidad de llevarla a ese cuarto que le pusieron «El Inframundo». Era su último año escolar de preparatoria, por fin iba a terminar; Calavera, el «malote», seguía mantenido por su madre, ya tenía 19 años y no pensaba en trabajar. El que mantenía «El Inframundo» era el único que trabajaba; dejó de estudiar a los 15 años y era el que tiraba la basura en el mercado. Lo habían corrido porque se quedó dormido un día y no se presentó.

Cuando Calavera regresó a «El Inframundo», ya las cosas estaban afuera en la calle: los habían corrido.

Llegó la última semana de clases. Hicieron una kermés; podían invitar a los familiares. Darkness llevó a sus padres; Calavera llevó a sus amigos, el trío de idiotas. Todo estaba bien hasta que los tres se acercaron a Darkness. Los padres de ella ya lo conocían; a veces no salía de la mansión.

Llegaron los dos amigos y uno soltó:

—Esta es la rara.

Darkness, preguntando, dijo:

—¿Por qué me dices rara? Mírate: mortales góticos y tú...

Ella, alzando la vista y viendo a Calavera, sabía que él les había contado.

—No se necesita ser experto —continuó ella—. ¿Rara le llamas al arte?

Él dijo:

—¿Cuál arte? Yo solo veo un intento de gótica.

Calavera tranquilizó el ambiente:

—Ojalá que algún día todos los oscuros dominemos al mundo, así se acaban todos los colores. ¿No te gustaría eso, Darkness?

—No —respondió con voz tajante—. El mundo sería mejor si cada quien se respetara.

Los tres se quedaron atónitos y se fueron alejando.

La graduación llegó, el final de esa generación escolar decía adiós en esa última foto donde todos avientan el birrete. Las fotos no se hicieron esperar con Darkness; los chicos se querían tomar fotos, era la más hermosa del salón. Con Calavera solo salió en la foto del grupo y con su amiga Darkness.

Algunos planearon la fiesta de salida de preparatoria, pero no se hizo. Darkness invitando a sus amigos y personas más allegadas en la prepa invitó a 3 chicas mortales y a Calavera. Dejaron pasar dos días para descansar de la graduación.

La madre de Darkness preparó una buena pizza. Afuera llegaron 2 amigas juntas; pasaron la puerta y del estacionamiento pasaron el cementerio de la familia que quedaba al lado izquierdo. Del otro lado estaba un jardín hermoso. Cruzaron por el medio hasta llegar a la mansión. Tocando, salió Darkness.

Las 2 amigas se quedaron enamoradas de la mansión, platicando entre ellas:

—Qué puerta tan grande, aquí viven gigantes —Drakares le preguntó—.

Con una risa sencilla, la otra vio un pasillo particular: era una sala de exhibiciones.

—Mira, aquí hay una espada, un antifaz veneciano —dijo quedándose sin palabras.

La otra continuó:

—Mira estos jarrones, son antiguos, han de ser de los siglos 14 o 15.

Darkness, al ver que la curiosidad pasó a ser admiración, les contaba una que otra historia de los objetos.

Llegó la tercera amiga; las alcanzó en la sala de exhibición, pero las historias ya habían terminado. Al final llegó Calavera, raro porque ese día la luz estaba a toda su capacidad.

—Bájale a la luz, que nos vamos a deshacer o a convertirnos en sal —dijo.

La que llegó al último dijo:

—Quisiera una mansión gótica.

Calavera, metido en todo:

—Para tener una mansión gótica se necesita ser gótico.

Darkness conocía a Calavera y le dijo:

—Acompáñame a la cocina, vamos por unas bebidas.

Calavera, de chistoso:

—Sí, vamos por unos vasos de sangre.

Para los tres mortales ya no era chiste; siempre arruinaba el momento. No lo tomaron en serio.

La madre de Darkness llamó a todos a la mesa. Una era cristiana; mientras oraba, todos guardaban respeto. Calavera le valió: él empezó a comer.

Bajaron al sótano donde tenían la pantalla para ver películas. Calavera le dijo a Darkness:




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