Principio Y Fin

{ capitulo 11 }

### **Capítulo 11: Un paso hacia la red**

El barco llegó finalmente a tierra firme, y el aire fresco del puerto llenó los pulmones de los tres viajeros. Elira bajó primero, con los ojos brillando ante la nueva vista que se extendía frente a ella. Izan la siguió de cerca, su atención todavía en cómo podrían comenzar su búsqueda. Caius y Sira cerraron la marcha, con la confianza propia de un explorador que siempre está listo para cualquier eventualidad.

El puerto estaba lleno de vida: comerciantes descargando cajas, pescadores vendiendo su mercancía, y barcos más grandes que se mecían suavemente en las aguas. Mientras Elira se volteaba para decir algo a Izan, él, perdido en sus pensamientos, se tropezó ligeramente, y en un movimiento inesperado, ambos chocaron. Sus rostros se acercaron demasiado rápido para evitarlo, y antes de que pudieran reaccionar, sus labios se encontraron.

Elira se alejó rápidamente, con las mejillas completamente rojas. —¡¿Qué…?! —exclamó, dando unos pasos hacia atrás—. ¡Ese fue mi primer beso! —Soltó un grito nervioso y salió corriendo hacia el mercado cercano, cubriéndose la cara con las manos.

Izan se quedó congelado en su lugar, procesando lo que acababa de pasar. —¡Espera, Elira! Fue un accidente… —intentó disculparse, pero ella ya estaba demasiado lejos para escucharlo. Sus palabras se quedaron colgando en el aire.

Caius, quien había presenciado todo desde el barco, dejó escapar una carcajada tan fuerte que incluso Sira se unió con un agudo chillido. —¡Eso fue lo mejor que he visto en días! —dijo entre risas—. Deberías ver tu cara, Izan. Pareces completamente perdido.

Izan se giró hacia él, claramente incómodo. —No es gracioso. Fue un accidente. —Intentó recomponerse mientras seguían bajando del barco—. Ven, tenemos trabajo que hacer.

Ambos se dirigieron hacia el mercado, dejando que Elira procesara lo ocurrido por su cuenta. Sin embargo, lo que ninguno de ellos sabía era que desde lejos, un mercader con una túnica oscura los había estado observando. Sus ojos astutos se centraron en Izan, y una sonrisa siniestra cruzó su rostro. Con movimientos discretos, sacó un pergamino y comenzó a escribir algo apresuradamente.

El pergamino con información sobre Izan llegó al castillo del rey esa misma noche, llevado por un mensajero que parecía nervioso pero eficiente. El rey, sentado en su imponente trono, tomó el pergamino y lo leyó detenidamente.

—"Un joven con ojos azules, apariencia apuesto, viajando con una mujer y otro joven. Se encontraron en el puerto. Creo que es el chico que están buscando." —El rey levantó la vista, su mirada afilada y calculadora—. Así que finalmente apareció.

El rey levantó una mano, y varios soldados vestidos con armaduras relucientes se acercaron. —Cierren las embarcaciones y las puertas del reino. Encuentren a ese joven y tráiganlo ante mí. No quiero errores.

Los soldados asintieron, y en cuestión de minutos, el castillo estaba en movimiento. Las calles del reino comenzarían a llenarse de patrullas, mientras el aire del puerto se volvía tenso con la creciente vigilancia.

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#### **Elira y el reencuentro**

Elira, quien había escapado hacia el mercado, finalmente se detuvo junto a un puesto de frutas. Sus mejillas seguían rojas, pero poco a poco se fue calmando. Miró hacia el puerto y vio a Izan y Caius caminando entre los puestos. Había algo en la forma en que Izan la buscaba que hizo que su pecho se sintiera extraño. Por un momento, pensó en quedarse lejos, pero su curiosidad y algo más la impulsaron a regresar.

Se acercó lentamente, con pasos cautelosos. Desde lejos, pudo ver cómo Izan hablaba con Caius, sus gestos mostrando una mezcla de concentración y frustración. No quería interrumpir.

Elira, todavía nerviosa por lo sucedido, reunió el valor suficiente para acercarse a Izan y Caius. Estaban conversando cerca de un puesto en el mercado, con Sira volando en círculos sobre ellos. Se detuvo frente a Izan, su rostro mostrando una mezcla de incomodidad y arrepentimiento.

—Izan… quiero disculparme —dijo, bajando ligeramente la mirada—. Actué de manera muy infantil antes. Sé que fue un accidente y no debí reaccionar así.

Izan, sorprendido por su sinceridad, sonrió suavemente. —Está bien, Elira. No tienes que disculparte. Fue un momento inesperado para ambos.

Antes de que pudieran hablar más, Sira soltó un chillido agudo desde el cielo, como si intentara advertirles de algo. Izan levantó la vista, siguiendo el vuelo del águila, justo cuando un grupo de soldados irrumpió en el mercado. En cuestión de segundos, los rodearon, sus armaduras brillando bajo la luz del sol y sus lanzas apuntando directamente hacia ellos.

—¡No se muevan! —gritó uno de los soldados—. Por orden del rey, están bajo arresto.

Caius dio un paso atrás, su expresión llena de incredulidad mientras Sira salía disparada hacia el cielo, lejos del alcance de los soldados. —¿Qué está pasando? —preguntó, mirando a Izan y a Elira.

Antes de que alguien pudiera responder, uno de los soldados señaló directamente a Elira. —Es la princesa. La hemos encontrado.

Caius la miró boquiabierto. —¿Princesa? —dijo, casi sin aliento, su incredulidad evidente.

Elira no tuvo tiempo de explicar. Los soldados los obligaron a caminar bajo vigilancia, llevándolos hacia el castillo. Elira fue separada del grupo y escoltada hacia una habitación custodiada, mientras Izan y Caius eran conducidos al calabozo, encerrados en una celda fría y oscura.

#### **En el calabozo**

Izan y Caius permanecieron en silencio durante unos minutos, las cadenas de la celda resonando ligeramente con el movimiento. Caius finalmente rompió el silencio, su voz cargada de confusión.

—No tenías intención de decirme que estabas viajando con una princesa, ¿verdad? —dijo, mirándolo fijamente.

Izan suspiró, sentándose en el suelo de piedra. —No sabía que era necesario. Ella escapó porque no quiere casarse. Esa es su razón de estar aquí, y no creo que tengamos derecho a juzgarla por ello.




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