Prohibido cruzar la línea #2

Capítulo 7

Capítulo 7

Randall Jones:

Me quedo anclado aquí, en la entrada, como un idiota viéndola irse sin esperarme... sin siquiera voltear a verme.

¡Demonios! ¿Qué es este ambiente todo raro entre nosotros y por qué siento que estoy dejando pasar algo que no noto?

Mejor aún. ¿Por qué preguntó por Javier?

No, no. ¿Por qué carajos dijo eso?

«¿Puedo pasar de responder? No quiero mentirte.»

Somos mejores amigos desde niños, nos conocemos demasiado bien. ¿Pero por qué últimamente me cuesta saber qué piensa o lo que siente? Es como si cada vez más se encerrara en sí misma, dejándome fuera con la versión que siempre he tenido de ella. ¿No quiere que vea algún cambio en esta nueva etapa de su vida?

Pero... yo no quiero quedarme fuera de su vida.

Es como tragarse zumo de limón en seco. Así se siente esta opresión en mi pecho. ¿Demasiado dramático? Me importa un pepino. Soy yo contra yo mismo. Y es horrible. Como también lo es suponer cosas sin contexto. Tedioso y angustiante.

¿Por qué demonios me haces esto, Tina Jonshon?

Me quieres volver loco, no hay duda.

—¿Me estás escuchando?

Salgo de mis pensamientos, volviendo a notar a la desconocida que se me atravesó e impidió que siguiera a Tina.

—¿Me das tu número?

—No tengo teléfono. —respondo en alemán, empezando a rodearla.

La tía frunce el ceño con molestia, poniéndose frente a mí otra vez, cruzada de brazos. Miro por encima de ella, pero no veo a mi pelirroja.

—¡Pero si de lejos vi como te lo guardaste en el bolsillo!

Resoplo.

—Estoy saliendo con alguien —miento, y al ver la indignación en su semblante finjo una sonrisa—. Con permiso.

No me sigue cuando me voy, así que suspiro de alivio mientras avanzo a la salida. No me importa nadie más que mi mejor amiga y este extraño limbo en el que estamos.

Mira los líos que tengo que pasar sin ti, princesa.

—Dijimos que seríamos tú y yo contra el mundo —murmuro para mí mismo, soltando una risita.

Extraño esos días en que no teníamos preocupaciones más que las tareas y no perder nuestras pulseras de la amistad. No me mal entiendan, la actualidad es increíble. Pero aquellos años juntos no se comparan con nada, daría hasta mi vida por revivirlos... por revivir el pasado y ver lo que no noté a medida que pasaba el tiempo.

Tina Jonshon no actuaría tan raro por nada, y siempre hemos tenido buena comunicación.

—Randy.

Me volteo, deteniéndome en plena calle transitada por universitarios. Alzo una ceja con cierta sorpresa y duda, ante la informalidad que usó la mujer que ahora veo de frente.

—¿Profesora?

Ella apenas sonríe, acercándose un poco, pero aún mantiene una distancia prudente. Mantiene la misma postura firme y rígida de cuando entró al salón a dar su clase, pero esa sonrisa desentona con su expresión. Es... extraña.

Y gélida.

—Disculpa que te haya abordado de esa forma —dice—. Quería felicitarte por destacarte hoy en clase. Su dominio del idioma es bueno.

Me tomo mi tiempo en responder, analizando sus palabras porque siento que de todo esto hay algo que no encaja. Puedo estar loco, pero me fío mucho de mi intuición.

—Gracias —le doy un asentimiento, despidiéndome—. Con su permiso.

Voy a darme la vuelta, pero vuelve a hablar.

—Aunque... —vacila en sus palabras—. Te he notado algo ausente en clase hoy, y eso me preocupa porque puede bajar tu buen rendimiento.

Frunzo el ceño ligeramente.

—Si alguna vez necesitas hablar, o si hay algo que te preocupa, mi puerta está abierta —añade, sin dejarme responder—. A veces, los problemas con los amigos nos nublan la mente más de lo que creemos.

Ensancha su sonrisa, que está lejos de parecer cordial y me desea buenas noches, antes de irse sin esperar respuesta, en realidad y pasa por mi lado marchándose mientras me quedo unos extensos minutos sobre pensando, y escuchando ese taconeo contra el asfalto que comienza a incomodarme.

Contrario a lo que la profesora dijo, no me distraje en toda la clase, salvo cuando le pregunté a Tina si estaba bien, pero volví a atender. Entonces, ¿por qué dijo eso?

No, no. Aquí la pregunta es: ¿por qué se toma esa confianza que ni de lejitos le he dado? ¿Pueden haber personas realmente así, o hay algo más? Y mencionó que los amigos nublan la mente. ¿Se refiere a Tina? ¿Por qué dijo eso?

Ah, demonios.... necesito descansar mi cabeza un rato.

**

Para cuando llego al piso, un delicioso olor inunda toda la sala. Perdí bastante tiempo afuera, no me di cuenta de la hora hasta que me dio por revisar mi celular en la entrada del edificio.

—Ya he llegado. —anuncio, atravesando la sala.

Tina se encuentra en la cocina revolviendo algo en una olla, lleva su cabello envuelto en una toalla que se ve bastante húmedo y trae su pijama de ositos puesto.

Sonrío ligeramente.

Se ve muy adorable y bonita.

Apenas me mira, simplemente me pide ir a ducharme para luego cenar. El ambiente sigue extraño, me atrevo a decir que tenso, pero aún así no comento nada al respecto y le tomo la palabra.

No tardo más de unos diez minutos. Salgo con mi pantalón holgado de dormir, y la playera colgando en mi hombro. Me dirijo hacia el comedor, prestando atención por donde piso y al mismo tiempo viendo el mensaje de mi mamá en el teléfono.

«Buenas noches, mi niño. Mañana en la tarde te llamamos para saber de ustedes y como les ha ido esta semana. Hemos tenido un tedioso y ajetreado día, mañana te cuento. Dale un abrazo grande a Tinita, y un beso para ti mi niño. Los amamos.»

Desde que supimos que mamá estaba embarazada de mis hermanas, todo empezó a mejorar más de lo que ya estaba, pero a mismo tiempo la vida nos ponía —más a mis padres— retos difíciles para seguir manteniendo todo lo que tenemos ahora. Eso sí, nunca el trabajo por sobre la familia.

Brady y Mónica supieron equilibrar cada aspecto de sus vidas muy bien, y lo siguen haciendo porque soy el primer espectador de que, sin importar cuán cansados estén al llegar del trabajo, siempre tienen tiempo para mis hermanas y para mí. Puedes notar las pocas ganas de hacer cualquier otra cosa, pero aman mucho a sus hijos por sobre todo.




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