Prohibido Enamorarse

Capítulo 3. Un sentimiento cálido

El día pasó rápido. Kiara volvió a casa a las 7:00 p. m. Las niñas la esperaban en la sala con todo listo para la pijamada, pues horas antes el ama de llaves había estado preparando los detalles para cuando ella llegara. Una vez que terminó de acomodar todo, se retiró a descansar a su habitación, ya que era una persona de edad avanzada.

—¡Hola! Qué bonitas pijamas, mis niñas. ¿Ya están listas?

—¡SÍ! —gritaron de emoción Cloe y Lía al unísono.

Kiara corrió a abrazarlas con mucha emoción.

—Me alegra ver que ya están listas. Vayan buscando una buena película; iré a bañarme rápidamente y a ponerme una bonita pijama, ¿ok?

Kiara se puso una pijama de color morado para combinar con las niñas. Las tres se sentaron en la sala a disfrutar de la película y de las diversas botanas que el ama de llaves les había preparado. Durante la función, rieron y se abrazaron las tres.

Alex, como cada noche, no se encontraba en casa debido a los compromisos de su vida artística —ensayos, conciertos, giras, entrevistas y sesiones de fotos, entre otras cosas—. Sin embargo, esa noche volvió temprano. Se sorprendió al ver la mansión iluminada y escuchar las risas de sus hijas. Al entrar, notó lo colorida que lucía la estancia, pues las niñas y Kiara habían terminado la película y se divertían jugando a las atrapadas. Las pequeñas corrían por toda la sala mientras Kiara las perseguía para alcanzarlas.

Aquel escenario dejó a Alex sin palabras. Sintió como una caricia cálida de felicidad le envolvía todo el cuerpo.

—Buenas noches, señor. ¿Quiere unirse a nuestra pijamada? —dijo Kiara sonriente.

—Buenas noches. Gracias, Kiara, pero así estoy bien. Sigan con lo suyo, yo iré a descansar. No se duerman muy tarde —contestó Alex mientras subía las escaleras.

—Ni para qué preguntarle; ya sabemos la respuesta. Ni siquiera le importamos —respondió Lía, mirando a Alex con enojo.

Alex la miró fijamente y el silencio se hizo presente en la sala.

—¡Eso no es verdad, Lía! Solo creo que se divierten más con Kiara que conmigo; yo solo les estorbaría —contestó Alex con tristeza en los ojos.

—Por favor, papá, ve una película con nosotras, aunque sea un ratito —dijo Cloe con voz frágil y suplicante.

Kiara aprovechó el momento de tensión para subir con sigilo los escalones. Tomándolo de la mano, le dijo:

—¡Lo tengo, ya no puede decir que no! ¡Vamos!

Con una enorme sonrisa, lo jaló para bajar rápido las escaleras. Alex sintió que todo pasaba en cámara lenta: solo podía ver el largo cabello negro de Kiara y sus manos entrelazadas. No podía parar de sonreír; en ese instante, un escalofrío de felicidad le recorrió el cuerpo y su corazón pareció acelerarse por un pequeño instante.

Kiara lo sentó de golpe al lado de sus hijas. Alex mostraba una expresión de incomodidad, ya que jamás había hecho algo así, pero Kiara puso otra película. Al terminar, al ver lo feliz que se veía Alex, pensó que sería una buena idea pedirle que cantara. Era un gran artista, y ¿qué mejor que escuchar a un profesional tan de cerca?

—Señor, ¿por qué no canta una de sus canciones? Sus hijas y yo estaríamos muy felices de escucharlo. Por favor, diga que sí —pidió Kiara, uniendo las palmas a manera de súplica con unos ojos brillantes y una enorme sonrisa.

Lía y Cloe hicieron el mismo gesto para ayudar a convencerlo. Alex no pudo resistirse a esos ojos brillantes y a las sonrisas de sus hijas. Dando un pequeño suspiro, dijo:

—Está bien, lo haré.

Alex comenzó a cantar. La sala se llenó de matices con aquella melodiosa voz. Era una canción romántica que contaba la historia de dos personas que se enamoraron sin quererlo en el momento equivocado: uno de ellos estaba casado con una mujer a la que no amaba, pues se había casado por presión familiar, pero al conocer a la protagonista su mundo se iluminó. No podían estar juntos; ella comprendió el motivo y se alejó esperándolo pacientemente. Pasaron los años y, al reencontrarse, él ya era libre de aquel compromiso, por lo que no dudaron ni un segundo en permanecer juntos para siempre, sabiendo que el amor jamás había muerto.

Kiara amaba esa canción; sus ojos no paraban de brillar y su sonrisa era radiante. Su corazón se aceleró y su piel se erizó al escuchar:

—Eres la única a la que adoro, soy tuyo para siempre, iría a cualquier parte del mundo sólo para estar a tu lado...

Una dulce voz continuó con el verso:

—...No dejaré de darte mi corazón, no dejes de darme el tuyo. Soy la única a la que adoras, nuestro amor fue a primera vista y, aun así, viviremos para siempre y siempre —terminó de cantar Kiara con los ojos llorosos por las emociones que la letra le provocaba.

El silencio volvió a inundar la sala. Kiara y Alex cruzaron miradas y permanecieron así durante unos minutos, como si el tiempo se hubiera congelado y no hubiera nadie más en el espacio. Hasta que...

—Sus voces combinan a la perfección, ¿verdad, Cloe? —dijo Lía muy entusiasmada.

Cloe aplaudió y afirmó con la cabeza:

—Kiara canta muy lindo. Así me cantó el otro día cuando tuve una pesadilla.

Alex y Kiara salieron de aquel trance. Kiara volteó rápidamente hacia las niñas:

—¡Aww, qué bellas, las amo mucho! —dijo, abrazándolas con fuerza—. Pero ya es noche, deberíamos ir a dormir, ¿no creen? ¿Verdad, señor?

Alex, que aún seguía observando a Kiara, respondió con voz nerviosa y un poco tartamuda:

—Umm, sí, sí, es hora de dormir. Sus abuelos vienen mañana por ustedes y tienen que estar muy despiertas, así que vamos a la cama.

—Bueno, está bien, pero que Kiara nos cante una canción mientras nos acostamos. Yo también quiero vivir la experiencia igual que Cloe —contestó Lía cruzándose de brazos.

Kiara sonrió:

—Por supuesto que sí, mi amor. Lo que tú quieras, no te me enceles, a las dos las amo por igual.

—Kiara, yo también quiero, por favor —reclamó Cloe cruzando también los brazos.



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En el texto hay: familia, amor, juveniladulto

Editado: 23.10.2026

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