Proyecto cupido.

Capítulo 14: Chismes del ancianato.

Si hay una fuerza más poderosa que el amor, la fe o el hambre, es el aburrimiento de treinta ancianos con mucho tiempo libre y ninguna telenovela decente.

Lo descubrió Elara el lunes por la mañana, cuando entró al comedor de Los Girasoles y se encontró con un silencio extraño. No era el silencio habitual de las nueve, ese que solo rompían el tintineo de las cucharas y las quejas de Doña Pura sobre el café. Era un silencio de conspiración. Todos los residentes la miraron al mismo tiempo, con la misma sonrisa angelical, y volvieron a mirar sus tazas con una sincronización digna de un coro de iglesia.

-Buenos días -dijo ella.

-Buenos días, querida -respondieron treinta voces.

-¿Pasa algo?

-Nada.

-Absolutamente nada.

-Un día tranquilo.

-Tranquilísimo.

Eulalia, en la mesa del fondo, se tapó la boca con la servilleta y soltó una risita aguda, que disimuló de inmediato con un ataque de tos.

-Qué raro -murmuró Elara, y se sentó con su tostada.

Alguien, a su espalda, susurró: «Seis a uno». Alguien más respondió: «Cállate, que te oye».

Elara dejó la tostada en el aire. Después, con la lentitud de un detective que ha detectado una pista, la mordió, masticó y fingió no haber oído nada.

El centro de operaciones estaba en el cuarto de costura, un cubículo pequeño donde llevaba años acumulándose polvo, retales y un maniquí sin brazos al que Don Anselmo llamaba «Genoveva». Allí, detrás de una puerta que alguien había decorado con un cartel de «ZONA DE TEJIDO. PROHIBIDO ENTRAR», se había montado en cuarenta y ocho horas la mayor operación de apuestas de la historia de la tercera edad.

En la pared, colgada con chinchetas sobre el papel floreado, había una pizarra blanca enorme, rescatada del salón de actividades. La había escrito con rotulador azul y con esmero de contable un anciano de bigote y andador:

**QUINIELA OFICIAL: LA GUERRA DE LOS GIRASOLES**

*¿Qué pasará entre Elara y Fernando?*

*1. Se besan antes del domingo........ 8 a 1*

*2. Se pelean a gritos otra vez........ 2 a 1 (favorito)*

*3. Se dan la mano (voluntariamente)... 5 a 1*

*4. Él le regala flores.................. 7 a 1*

*5. Ella le tira algo a la cabeza........ 3 a 1*

*6. Se declaran (¡milagro!)............. 20 a 1*

*7. El perro los casa.................... 50 a 1*

*8. Nada pasa (aburrido, no apostable).. 100 a 1*

Debajo, en una columna aparte, figuraban los nombres de los apostadores, con sus aportaciones anotadas en galletas.

-Doña Pura, once galletas al uno -leía Don Anselmo, desde su puesto detrás de la mesa de las apuestas, con un sombrero de visera verde que había sacado de algún baúl-. Eulalia, siete al tres. Rosita, la del tercer piso, cuatro al cinco.

-¿Y la apuesta de mi marido? -preguntó una anciana de rizos rosados.

-Ha puesto una dentadura entera.

-¿Una qué?

-Una dentadura postiza. Como aval.

-Pero eso es un patrimonio.

-Es un hombre de fe.

La puerta del cuarto se abrió con un chirrido. Se hizo un silencio terrible. Los doce ancianos que abarrotaban la sala se giraron a la vez, con la expresión de unos niños sorprendidos con la mano en el tarro de las galletas.

Era Margaret.

-Buenos días, queridos -dijo, con una elegancia tranquila-. ¿Cómo va el mercado?

-Ah, es usted -suspiró Don Anselmo, enjugándose la frente-. Creía que era la directora.

-La directora está en una reunión con el señor del agua. Tenemos veinte minutos.

-Perfecto.

-¿Cómo están las cuotas?

-El «se pelean a gritos» sigue de favorito, pero el «se besan antes del domingo» ha bajado de diez a ocho desde ayer.

-Por el baile.

-Exacto.

-¿Y el «perro los casa»?

-Cincuenta a uno.

-Lo considero infravalorado.

-Margaret -dijo Doña Pura, desde el fondo-. ¿Usted ha apostado?

-Por supuesto.

-¿A qué?

-Es confidencial.

-¡No se vale!

-Es una cuestión de ética. Soy abogada.

-Es una cuestión de trampa.

-También.

Sacó de su bolso un pequeño monedero de cuero, lo abrió con delicadeza y dejó sobre la mesa tres galletas Dorada y un caramelo de menta.

-¿Eso es todo? -preguntó Don Anselmo.

-Es una inversión simbólica.

-¿Qué opción?

-La siete.

Un murmullo recorrió la sala.

-¿La del perro? -preguntó Eulalia-. ¿Cincuenta a uno?

-Soy optimista.

-Está loca.

-Estoy informada.

El rumor, como toda buena epidemia, empezó en un solo lugar y se extendió por contagio.

A las diez, Rosita, la del tercer piso, comentó en la sala de la telenovela que «el chico nuevo mira a la voluntaria como mi Ernesto me miraba a mí en el cuarenta y nueve». A las once, la noticia ya había pasado por la enfermería, el comedor y el pasillo de la lavandería. A las doce, se había transformado en un auténtico culebrón.

Según la versión de Doña Pura, Fernando le había escrito a Elara una carta de amor y la había escondido en el hueco de una maceta. Según Eulalia, que no veía nada, ella le había regalado un anillo de oro y él lo había rechazado por orgullo. Según Don Anselmo, los dos se habían besado en el jardín durante la tormenta, y solo Quijote había sido testigo, aunque se negaba a declarar.

-Un beso con lengua -aseguró.

-¡Anselmo! -protestó Rosita.

-Con mucha lengua.

-Eso no es verdad.

-¿Cómo lo sabe?

-Porque yo estaba en la ventana.

-Pues yo lo oí por un amigo.

-¿Qué amigo?

-Un amigo que lo oyó por otro.

-Eso es un rumor.

-Un rumor muy bien fundado.

Elara, que atravesaba el pasillo con una bandeja de vasos, se encontró con tres ancianas que la miraron con una intensidad aterradora.

-¿Qué? -preguntó.

-Nada, hija.

-Nada de nada.

-Solo queríamos decirte que nos alegramos mucho.

-¿De qué?

-De todo.

-Es una noticia preciosa.



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En el texto hay: cupido, humor amor, cupido celoso

Editado: 10.10.2026

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