Proyecto Landas

?Capítulo 16 : El pacto de la noche

El sol entraba por la ventana como si quisiera recordarme que la vida seguía, aunque yo me sintiera como un cadáver con WiFi. Abrí los ojos con esa pesadez que ni tres cafés arreglan y me quedé mirando el techo, preguntándome por qué seguía aquí, en esta casa que parecía respirar secretos.

—Mamá, estoy cansada, me duele todo el cuerpo —hice una pausa dramática— no voy a la uni hoy —murmuré, con voz de drama queen, arrastrando las palabras como si fueran cadenas.

Ella me miró desde la puerta con esa mezcla de sospecha y resignación que solo las madres saben hacer.
—Pues descansa, hija. Pero no te encierres tanto, que luego te pones rara.

Rara ya estoy, señora, gracias.

El móvil vibró sobre la mesa. Malik. Foto con filtro de cachorro, orejitas y cara triste. Me reí. Sí, me reí. Pero fue esa risa que se te escapa y luego la reprimes porque recuerdas que tu vida es un desastre.

No te rías, Lili, ayer casi te explota el corazón por culpa de tus fantasmas.

—Déjame disfrutar del perro triste, ¿sí? —bufé, mientras me tapaba la cara con la almohada.

El silencio de la habitación se volvió pesado, como si las paredes escucharan. Afuera, los coches pasaban indiferentes, y yo pensaba en todo lo que había dejado pendiente: trabajos, exámenes, conversaciones que nunca terminé. La vida seguía, sí, pero yo estaba en pausa, como un vídeo que nadie quiere darle al play.

El móvil volvió a sonar. Esta vez, un audio. Malik, con su voz medio rota, diciendo que me echaba de menos, que no entendía por qué me alejaba tanto. Y yo, con el corazón apretado, pensando que tal vez él era la única persona que todavía me veía como alguien vivo.

Me levanté a medias, arrastrando el edredón como si fuera una capa de superheroína deprimida. Miré por la ventana: el sol seguía ahí, insistente, como un recordatorio molesto de que el mundo no se detiene aunque yo quiera.

—Vale, universo, ya entendí —susurré—. No me vas a dejar desaparecer tan fácil.

Y entonces, con la cara aún marcada por la almohada, abrí el chat de Malik y escribí:
"Como hoy no iré a la uni , cuando terminen enviame los apuntes , abujero negro con patas."

Me metí a la ducha. Puse música de girl in red, porque obvio, ¿qué otra banda sonora pega con sentirte un personaje de Wattpad atrapado en un fanfic de terror romántico? El agua caía y yo intentaba relajarme, pero Venus decidió que mi privacidad era opcional. Entró al baño, se sentó frente a la puerta y me miró como si fuera mi terapeuta felina.

—¿Qué, también vas a juzgarme tú? —le dije, mientras me enjabona.
La gata maulló. Traducción: sí, ridícula.

Cuando terminé, cambié la playlist y sonó No Guidance (Remix) de Ayzha Nyree. La voz llenó el baño con esa mezcla de deseo y advertencia:
“Before I die, I'm tryna fuck you, baby / Hopefully, we don't have no babies…”
Me quedé quieta un segundo, escuchando, como si la canción supiera más de mi vida que yo misma.

Después del ritual completo —baño, secado de pelo, productos, skincare como si eso pudiera arreglar mi cara de cucaracha aplastada— fui a mi habitación. Y ahí estaba. Una carta. En mi almohada.

—¿Qué demonios…? —susurré.
No la había visto antes. No estaba ahí anoche.

Justo cuando iba a cogerla, el móvil vibró otra vez. Número desconocido. El mismo de ayer.
Mensaje: Tenemos que vernos. Te mando la ubicación.

—Genial. Perfecto. Como si mi vida no fuera ya un episodio de Black Mirror. —me quejé.
Pues ve, ¿qué más da?
¿Y si me secuestran?
Mejor, así no tienes que subir al desván.

Me vestí estilo Y2K pero tapada, porque obvio: camisa oversize con gatitos y planetas, pantalón vaquero azul también oversize. Básicamente parecía un meme andante, pero cómodo.

El camino hasta la ubicación fue un desfile de nervios. Cada paso era como si el suelo me recordara que estaba a punto de meterme en problemas. El aire estaba pesado, como si la ciudad supiera que yo iba a encontrarme con alguien que no debía.

Llegué. El lugar estaba vacío, demasiado silencioso. Una esquina rota, un farol que parpadeaba como si quisiera darme un ataque de ansiedad gratis. Y entonces, lo vi. El hombre. Alto, oscuro, con esa aura de “sé más de ti que tú misma”.

—Lilith… —dijo, con voz grave, como si mi nombre fuera una sentencia.

Mi corazón se aceleró.
—¿Qué quieres? ¿Unirme a tu club de sombras anónimas? —solté, con sarcasmo barato, porque el miedo me hacía hablar de más.

El hombre dio un paso hacia mí.
—No vine a asustarte. Vine a decirte la verdad.

—Oh, claro, porque los desconocidos misteriosos siempre vienen con la verdad y nunca con cuchillos. Que piensas , ¿que estás en un libro literario?—mi conciencia se carcajeó dentro de mi cabeza.

Eso es nena , dandole con todo.

Ay que me estoy cagando de miedo.

Ve al baño, así de fácil.

A veces deseo no ser esquizofrénica.

Yo tragué saliva, intentando parecer más valiente de lo que era.
—Pues suéltala, que no tengo todo el día.

El hombre me miró fijo, como si pudiera atravesar mi piel y leer mis pensamientos.
—Ava estará en peligro si entregas o le pasas tu suerte a otra persona.

El aire se me cortó.
—¿Perdón? ¿Qué clase de frase de villano de Wattpad es esa?
Ya está, Lili. Estás oficialmente en un fanfic de terror romántico. Felicidades.

Me quedé mirándolo como si acabara de decirme que el pan viene del cielo y no del Mercadona.

—Ava… ¿en peligro? —repetí, porque aparentemente mi cerebro decidió que era un loro y no una persona funcional.

El hombre asintió, lento, dramático, como si estuviera en un tráiler de Netflix.

—Ella no sabe lo que tú sabes. Y si sigues jugando con cosas que no entiendes, alguien va a salir herido.



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En el texto hay: pasado oculto

Editado: 20.10.2026

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