Punto Débil

Capítulo 12

Capítulo 12

 

 

 

5 años antes…

 

 

 


Miraba a la joven feliz, y todo dentro de él se llenaba de paz de esperanza, de sueños. 
Una semana faltaba para que saliera de la secundaria, para poder llevarla con él, tenerla siempre, verla despertar, verla reír, acostarse con un beso de ella antes de cerrar los ojos y dormir con su respiración en su pecho de forma lenta y tranquila. El llegando de trabajar y encontrandola envuelta en libros de la universidad, mientras arrugaba su entrecejo concentrada en algún tema, luego ella levantaría el rostro hacia el y con la sonrisa más bonita que podía imaginar corría a él para darle un beso con emoción.
Estaba enamorado, tan enamorado que algo dentro de él temía, era una parte que vivía en la espera de algo muy grave, y eso lo mataba poco a poco. 
Fue imposible recordar las palabras de su padre, últimamente lo recordaba mucho, eso le agradaba, porfin decía su padre, por muchas cosas que hiciera o como el pueblo le temía, era su familia, y estaban teniendo ese lazo que tanto había anhelado y nunca había obtenido, ahora después de tanto y sin saber cómo, lo estaba obteniendo y eso era un complemento para su felicidad.

Maya estaba sentada frente a él mientras esperaban a que su madre le sirviera la comida, le hacía muecas y él le devolvía apretones por debajo de la mesa, su padre estaba leyendo el periódico mientras su madre servía en silencio, ninguno tenía buena cara.

—Dimitri. —dijo de pronto Gustavo dejando el periódico a un lado al tiempo que su mujer se sentaba junto a él.  

Dimitri por su parte colocó toda la atención en su suegro que lo miraba de una forma muy extraña para su gusto.

—Digame señor Gustavo. —comentó formalmente bajo la mirada de su novia que estaba aguantando la risa.

—¿Qué te causa tanta risa Maya de la Concepción? —la había reprendido con voz dura y precisa, Maya no dijo nada solo se disculpó en silencio, Dimitri por su parte cambio repentinamente su posición, pero permanecía en silencio.

El padre de Maya era un hombre malhumorado y reservado, era de esos hombres que creían fielmente que su género debía permanecer en lo alto y luego, aproximadamente cinco lugares más abajo tenían que estar las mujeres. Por suerte, Maya no había puesto demasiado atención en su crianza, y había salido una fiel creyente del empoderamiento a la mujer. Pero aún así habían escasos momento, como ese en que ella bajaba la cabeza ante un acto innecesario, que hacía de él una tortura, odiaba eso y le ayudaría a que lo eliminará completamente de su vida cuando vivieran juntos.

—Gustavo. —habia dicho su esposa con súplica, el hombre ni se inmutó.

—Queria hablarte de tu padre, ¿Te incomoda? —dijo de forma brusca sin quitarle la mirada al joven.  

Este sintió de pronto un fuego quemarle en lo profundo del pecho. Algo había pasado ahí, estaba claro. Observó de reojo como Maya se veía confundida al igual que él.

—Usted dirá. —dijo el joven más brusco de lo que pretendía.

—Vino a hablarme hoy en la mañana. —todos los cubiertos quedaron sobre los platos con un ruido seco. Al igual que las miradas, todas puestas en el hombre. —Yo también me sorprendí mucho, diría que hasta me asusté, es decir, pensé que me pegaría un tiro cuando lo vi en mi puerta. —soltó una carcajada la cual nadie le siguió, era una risa repleta de burla y cuando Maya estuvo a punto de decir algo, Dimitri se adelantó.

—Disculpeme. —dijo sin saber muy bien porque lo hacía, pero sentís que debía de hacerlo.

—¿Por qué? —se volvió a reír sin gracia. —Aunque te sorprenda solo vino a platicar conmigo. —tomó el cuchillo a su lado y cortó un trozo de carne con elegancia, para luego comerlo, ante eso los demás en la mesa siguieron comiendo. —¿Lo has visto?

Dimitri bebió un poco de agua antes de responder. Claro que lo había visto, últimamente pasaba más tiempo en casa de su padre, se estaba comportando, pero aún así habían cosas que le ocultaba, como por ejemplo: esa visita al señor Gustavo, la cual no le había dicho nada.

—Sí, tuve que ayudarlo con unas cosas. —Maya lo miró fijamente, al devolverle la mirada notó algo de miedo en ellos, le sonrió para que tranquilizara antes de voltear de nuevo a su suegro. —No me contó nada de eso.

Gustavo asintió escuchandolo.

—No tenía por qué, me dijo que sería una clase de sorpresa para ustedes. —su rostro se había vuelto de pronto serio. —Pero la sorpresa me la he llevado yo. —Miró a Maya un segundo para luego mirar al joven con dureza. —Me dijo que sería lindo ahora que somos familia, ayudar económicamente en la construcción de la casa en la cual se piensan ir a vivir juntos, —Su corazón se detuvo brevemente y al ver a su novia tan pálida se preocupó. —a final de mes que sales de la escuela, Maya. —Esta vez las palabras fueron hacia la joven que miraba fijó su plato sin saber que decir, Dimitri rápidamente respondió.

—Maya no ha dicho nada, señor. —dijo haciendo que el hombre fijara su vista en él. —Yo se lo propuse y ella me dijo que no.

La joven lo miró para luego mirar a su padre que comenzaba a mirarlo de una manera que asustó mucho a la muchacha.

—Pero eso es imposible de creer si vino el mismo Aarón Petrova a decirmelo. Ya hasta el terreno tienen, tu padre me lo dijo. —la forma brusca que decía cada palabra ponía cada vez más nerviosa a la joven que de pronto parecía que las palabras habían abandonado su boca.

—Sí lo compré. —aceptó. —Me han pagado bien con algunas prácticas que he hecho y pienso, como todos, ehh... —se veía muy nervioso, jamás había hecho algo así, y ahora estaba en una situación de lo más confusa sin saber cómo actuar. —Tener mi casa.

—Sí padre. —Maya lo interrumpió. —Pensamos irnos a vivir juntos.

Gustavo la miró fijamente por un largo minuto sin decir nada más, solo a la espera por si su hija seguía hablando, al ver que no, asintió lentamente dispuesto a responderle, su esposa se le adelantó.




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