Punto Débil

Capitulo 18

Capitulo 18

 

5 años antes... 

 

Su padre la miraba fijamente mientras ella no dejaba de morderse el labio con nerviosismo. Podía entenderlo, quería entenderlo, pero aún así le costaba un poco darle la razón. Él, Gustavo Fernández se había casado a los veinte seis años, con su mujer, la cual en ese entonces tenía veinte. No era una adolescente que le faltaba terminar la secundaria, y él sin duda era un tipo serio. 
En cambio Dimitri no lo era, su padre podia pensarlo libremente. El novio de su hija aún estaba muy joven y demasiado perdido como para sentar cabeza.  Y si así fuera, seguía siendo un Petorva y esos hombres nunca habian traído nada bueno para alguien.

—Debes entenderme Maya. —su padre la observó con cautela. —Te guste o no, eres una niña.

Si ella pudiese borrar alguna línea en el vocabulario de su padre sería esa sin duda.

—Papá. —dijo su hija después de un segundo de silencio. —No soy una niña, creo que debes aceptarlo.

Ante eso su padre suspiro.

—Pará mí siempre lo serás Maya. Debes aceptar eso tú y tratar de comprenderme en las cosas que te estoy diciendo. Todo lo que hago lo hago por ti, por tu bien.

—Intento. —habia dicho con rapidez. —Sé que estas enojado y estas en todo tu derecho. Yo más que nadie sé que es una locura.

—¿Entonces que ocurre? —había sonado con tanto entusiasmo que Maya tuvo que aguantar la risa que estuvo apunto de salir de sus labios. Eso era algo totalmente impropio de su padre.

—Ni yo sé que ocurre papá. Solo sé que no los quiero perder, a ninguno y siento algo indescriptible dentro de mí que me dice que eso pasará. Que los perderé, que e quedaré sola.

Su padre de pronto la había mirado de forma extraña como si no comprendiera sus palabras.

—Nosotros somos tus padres, Maya. —dio una pausa mientras le acariciaba una de las mejillas. —Jamas nos perderás. Solo queremos tu bienestar, pero si tu decisión es irte con un hombre a los diecisiete años de edad, no esperes que estemos aquí aplaudiendote el acto, porque no será así.

Su hija suspiro mientras movía su cabeza en señal de confirmación.

—Lo sé.

—Por otro lado, tu mamá estuvo diciéndome algo muy cierto; ya estás a punto de cumplir tus dieciocho. —una sonrisa triste se había formado en el rostro de la joven a te sus palabras. —Esa será una nueva etapa para tu vida, sólo toca esperar un poco ¿No crees que es una mejor elección?

Maya lo observó con cautela, leyó una vez que la bondad y el no querer lastimar volvía a la gente un recipiente para recibir malos tratos y cosas indeseables, pues no lo negaba, ya que así mismo se sentía en ese momento.

—Sí lo creo papá.

Su padre sonrió ampliamente como cada vez que creía había ganado un tema.

—Si quieres yo mismo hablo con Dimitri cuando venga a verte, ¿te parece? 


 

Le había mentido, su padre ni siquiera le había dirijido la palabra en toda la cena, a nadie en realidad.  Ahora ella tenía que hacerlo y nada mejor que en medio de una plaza, ella con el uniforme de la escuela y los nervios al cien teniendo en cuenta la gran posibilidad de que su novio enloqueciera ante eso. 
No se sentía bien y menos cuando lo tenía en frente mirándola con una admiración que le resultaba encantadora.

—Mira. —había dicho mientras colocaba en sus manos un hermoso cuadro, pequeño, enmarcado con elegancia y sobre todo, con amor. —Lo pinte hace unos días, solo que no lo había enmarcado. Es el río cerca de la cabaña, dónde hicimos el amor. —lo último lo había susurrado por si algún chismoso estaba oyendo, en el pueblo chismoso era lo que sobraban y la verdad, no tenía ganas de meterse en una pelea.

Maya quedó fascinada, como con cada cosa que él hacía.

—Me encanta. —había dicho ella mientras viajaba sus dedos por el cristal con delicadeza antes de guardar el preciado regalo en su mochila.

Él era su mayor regalo y aún no se daba cuenta, porque sabía que vivía con el miedo constante de que ella lo abandonará tal cual su madre lo había hecho, por eso más que por otra cosa la necesitaba con él, lo sabía, lo que no encontraba era la manera de hacerle entender que ella siempre estaría ahí, con él, para él.
La vio suspirar hondo, muy profundo, casi dolorosamente y su sonrisa enorme se había borrado muy rápidamente.

—Dimitri he tomado una decisión. —Maya lo miró a los ojos, pero sólo pudo sostenerle la mirada por unos segundos ya que había bajado su vista al instante. —Es sobre nosotros.

Y si el corazón hablara, le estuviera gritando a Dimitri de forma desesperada que le dijera a la joven que se retractara, porque esas palabras habían acuchillado sin compasión al órgano vital.

—¿Y que significa eso? —dijo con voz ronca mientras apretaba los puños. —No le veo problema alguno a lo nuestro, no sé de qué deberíamos hablar.

Maya cerró los ojos e inspiró hondo. Eso sería difícil, pero era muy necesario. Algo dentro de ella, no sabía cómo describirlo, le decía a gritos que debía hacerlo, que estaba en lo correcto.

—Sabes a qué me refiero.

—No sé. —se apresuró él un tanto grosero. —Siempre creo saber pero terminó dándome cuenta que de tí a veces no sé nada.

La joven volteó con rapidez a mirarlo completamente confundida. ¿Qué quería decir con eso?  A veces, trataba de no darle mucha importancia a lo que su novio decía, pero otras veces (la gran mayoría)  le tomaba tanta importancia que terminaba peleandose con ella misma sin sentido alguno, se agradeció que en ese momento no pasara.

—Estás hablando sin saber.

—Explicame entonces. —le había dicho mirándola fijamente a sus ojos expresivos. —Porque te aseguro que sé muy bien de lo que yo estoy hablando.

Ella no lo notó o tal vez sí solo que lo había ignorado, pero esas palabras dichas por el amor de su vida, guardaban veneno, un veneno de alguien que se había encargado de colocar en él días antes y sin darse cuenta aún seguía ahí dispuesto a dañar a quien se le pusiera enfrente.




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