Punto Débil

Capitulo 28

Capitulo 28
 

¿En que momento cambió? ¿En que momento dejó de ser el hombre tan poderoso, para terminar así? Recordó su reencuentro. Lo que sintió en ese momento al verlo de vuelta, luego de tanto dolor. Recordó sus ojos azules observándola fijamente, acusándola sin parar. Su rostro perfecto y su cuerpo atlético en un traje hecho a medida, cómo nunca lo había visto. Dimitri era un hombre muy apuesto y se notaba poderoso, ahora no se lo parecía. 
Maya vio cómo le temblaban los hombros. Notó en él una muy clara angustia y una clase de dolor que brotaba de su pecho. Sintió compasión, sintió su dolor. 
Tenía muchas ganas de acercarse a él, rodearlo en un abrazo y consolarlo. Quería acariciarle el cabello y decirle que todo estaba bien, que ella estaba ahí. Sin embargo, no lo hizo y no lo haría, de eso estaba segura.

—Dimitri. —dijo la muchacha con lentitud. —No. Ni siquiera hay lugar para dormir.

Los ojos del hombre se abrieron un poco ante su respuesta.

—Ya hemos dormido juntos. —respondió él como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Maya no creía lo que escuchaba. Debía de estar bromeando.

—Estás mal definitivamente. —soltó sonando tranquila mientras daba un paso lejos de él. —Mejor dime a quien llamó. Se está haciendo tarde.

Él negó repetidas veces.

—No tengo a nadie.

Y ante sus palabras algo se activó en ella. Algo que guardaba dentro de ella hace bastante tiempo ya.

—¿La rubia que vino a buscarte la otra vez? —soltó con mucha más brusquedad de la que pretendía. —Se nota que se preocupa mucho por ti. —dijo antes de meditar lo que decía, aún así, no creía que Dimitri se acordaría de algo al día siguiente.

Para su sorpresa, él hombre soltó una dulce carcajada. Con ello sus ojos claros y peligrosos se tornaban brillantes y mucho más azules.

—Estás celosa. —era definitivamente una afirmación.

En el rostro de Maya se formó una expresión de sorpresa.

—¡Claro que no! —se apresuró a decir. —Estás totalmente loco. Se nota que no sabes lo que dices.

—Sí sé. —le sonrió. —Estás celosa de esa mujer. —dijo mientras pasaba sus manos por su cabello repetidas veces. —Pero no te miento, Maya. —su voz se apagó. —No he tendido a nadie desde que te perdí. Tú más que nadie sabes que eras lo único que me importaba.

Maya suspiró largamente. Sabía que se iba arrepentir, pero el Dimitri no se iría y a ella le comenzaba a dar mucho frio.

—Te dejaré pasar solamente para que llames a alguien y te recoja. Nada más.

Él asintió como un niño ante eso.

Entró detrás de ella, con pasos firmes. A Maya le fue imposible no ruborizarse. Se dirigió con rapidez al cuarto de baño una vez dentro del apartamento con la intención de pensar un poco alejada de él. No encontró algún pensamiento que la convenciera de que estaba haciendo las cosas correctas. No después de todo lo que él le había causado, aún así no quiso correrlo. Se veía muy mal y ella a pesar de todo era una mujer bondadosa, y el pensamiento de que algo malo le pudiera pasar gracias a su estado, la terminó de convencer. 
Poco después, salió con lentitud y la vista de él sentado en el piso con la espalda apoyada en la cama y la cabeza recostada levemente sobre el colchón, la enterneció.

Le fue imposible no sentarse a su lado minutos después.

—Dimitri. —dijo ella antes de cerrar los ojos y apoyar su cabeza de igual manera. —Necesito que alguien venga por ti.

—Maya.

Dimitri dijo tranquilamente y sin ella esperarlo, acarició levemente la mejilla de la joven. Maya lo miró con rapidez un tanto inquieta, conteniendo sus impulsos. Él en cambio la miraba de forma que a su mente le fue imposible no viajar al pasado. No lo diría en voz alta, pero, lo sentía suyo, cómo antes. 
Él se veía muy tranquilo mientras le tocaba el rostro con una delicadeza dolorosa, supo que algo había pasado dentro de él. Era muy notable que algo lo atormentaba y estaba buscaba en ella la tranquilidad que años atrás tenía segura. 
Maya le sonrió por inercia, sin saber que más hacer ante su acto.

Dimitri acostaba su cabeza en la cama a la vez que su mano cubría casi completa la cara de la muchacha mientras la acariciaba, era una caricia dulce e insegura, pero era una caricia que él necesitaba dar y ella (aunque no lo dijera en voz alta) recibir. 
Estaban tan incompletos, y sabían porque, ellos eran complemento, pero no habían podido darse cuenta hasta ese momento. Ese momento en que se sentían bien, en que se sentían seguros. Sin embargo, ya habían pasado muchas cosas y la gran mayoría, no se podían dejar de lado.

—¿Qué pasa?

Dimitri la miró fijamente a los ojos. Esos hermosos ojos azules que siempre la habían cautivado la miraban con algo que le pareció tristeza.  Eso le dolió mucho, estaba fuera de ella. 
Tristemente había viajado a los años en donde se conocían tanto que no les hacia falta hablar para expresar lo que sentían. Esos años en donde todo le parecía estar resuelto en su vida, en donde estaba feliz, agradecida, pero, ya no eran esos años y debía hacerse la idea. Aunque sin embargo, Dimitri parecía al igual que ella, haber vuelto a esos años y parecía no tener ganas de volver.

—Creo que me equivoqué, Maya. —la castaña lo miró confundida. ¿A que venía eso?

—¿Por qué lo dices? —Dimitri sonrió tristemente mientras alejaba la mano de su rostro, Maya sintió que un frío se posó en su mejilla en ese momento. —No te entiendo. —Dimitri negó con la intención de levantarse, pero ella lo tomó fuerte del brazo para hacerlo quedar. —Dime. —le ordenó.

El hombre dudo, negó repetidas veces y luego, sonrió.

—Creía saber cuando mentías, eras muy mala para hacerlo. —su voz salió rota, cansada. —Sin embargo fuiste muy buena para fingir que me querías.

El corazón de Maya se detuvo ante sus palabras, la habían sorprendido de gran manera.

—No te cansas de ser tan imbécil, ¿cierto? —la castaña se había levantado de golpe y había caminado lejos del hombre. —¿Cómo te atreves a decirme eso? —Maya negó mientras sentía la mirada de él sobre ella fijamente. —Yo te amaba más que a mi propia vida, fui muy tonta para creer que tú sentías lo mismo. En eso fui yo quien se equivoco.




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