Punto Débil

Capítulo 41 2/2

Capítulo 41 2/2

 

La observó de manera lenta. Con una mirada repleta de sentimientos indescriptibles, era, una pesadilla verla así. Tan cerca y rodeada de tanto peligro. Era una tortura en su totalidad. ¿Cómo fue capaz de hacerle tanto daño? Nunca se lo perdonaría.

—Entonces. —dijo Carmelo con fingida calma. —¿La mato? —preguntó con burla ante el hombre frente a él. —Así te mataría a ti por completo. —siguió burlándose de ambos.

Carmelo era la peor basura que había conocido en su vida. Lo veía con claridad y solo podía sentir asco ante él.

—Ella no tiene nada que ver. —Dimitri soltó con una forzada calma.

Carmelo sonrió mirando levemente a la joven con algo desconocido para Dimitri.

—Sino fuera por ella tú no estarías aqui. —le contestó el hombre lentamente. —Me sirve más tenerla a ella. —volvió la mirada a él. —Tú mientes.

Obligó a la joven a caminar mas cerca del hombre con lentitud haciendo que a Dimitri se le colocarán los pelos de punta.

—No haré nada. —solo fue capaz de responder con la respiración entrecortada. —De verdad que no lo haré.

Carmelo se detuvo de golpe como recordando algo personal, muy personal.

—Tu padre tampoco hacía nada y tenía todo lo que quería. —el asco que sintió en hombre en ese momento al escuchar sus palabras era indescriptibles.

—Por favor, Carmelo. —dijo en un intento de levantar sus manos en señal de rendición. —Hare lo que tú quieras, pero, déjala ir.

Carmelo negó ante sus palabras.

—De nada sirve. —dijo caminado con la joven mientras la apuntaba con el arma más fuerte haciendo que esta se quejara del dolor. —De nada me sirve esa mierda cuando todos ya estamos muertos.

—Sueltala. —dijo Dimitri con voz fuerte. —No haré nada en tu contra. —soltó con calma. —Pero déjala de una buena vez.

Carmelo le sonrió de una manera que jamás había visto en su vida.

—Eres tan parecido a tu padre. —no sabía a qué se había referido con eso, solo fue capaz de callar.

Dimitri se aguantó las ganas de gritarle que no era cierto. Que no tenían nada en común, que su padre había sido el ser más asqueroso y despiadado que había conocido, pero no hizo nada. Tal vez porque muy en fondo si tenían cosas en común y eso lo mataba, lo mataría siempre.

—Carmelo estoy aquí para que la sueltes. —le dijo mostrándole las manos en señal de rendición. —Sin un arma, sin nada.

Carmelo volvió a reír.

—Tus hombres ya sabrán dónde estás. —negó al escucharlo.

Era más claro ese hecho. Carmelo supo lo que hacía, en que se metía. Sin embargo Dimitri era débil ante Maya y eso era su ventaja. Solo necesitaba un minuto con el hombre para acabar con su vida y perder la de él mismo. Aunque eso no le importaba.

—No haran nada. Puedes estar tranquilo. —el hombre dijo con calma antes de que todo en el cambiará de pronto. —Siempre y cuando dejes ir a Maya perfectamente.

Carmelo no dijo nada en un largo momento y luego asintió muy despacio.

—Volteate. —le dijo con dureza. —La soltaré pero no quiero que intentes nada. Así que volteate hasta que yo te diga.

Estaba arriesgando lo sabía, pero aún así lo hizo. Con lentitud demostrando que no tenía nada en mente. No mientras Maya estuviera en peligro.

Luego de unos minutos sintió como un arma era colocada en su cabeza y como Maya se ubicaba frente a él.
Como un ángel, un perfecto ángel que él había dqñado. Dimitri con desesperación la envolvió entre sus brazos, muy conciente del arma en su cabeza. Ella sollozaba con desesperación envuelta en el abrazo mientras Dimitri sólo era capaz de besarle la cabeza repetidas veces en un vano intento de tranquilizarla.

—Tranquila mi amor. —le dijo con voz calmada ignorando por completo el arma que podia matarlo en un segundo. —Sube a la camioneta, el hombre en ella te llevará a un lugar seguro. —le dijo con rapidez. —Perdoname por todo lo que te hecho pasar, de verdad te lo pido. No sabes lo que me arrepiento y siempre me arrepentiré. —Una lágrima se derramó por sus mejillas con lentitud. —Te juro que jamás volveras a llorar por mi culpa. —le dijo luego de dejar un largo beso en su frente. —Ahora ve y quédate tranquila, nada malo te volverá a pasar.

En ese momento tan decisivo, se dio cuenta de cada una de las cosas que había hecho. De sus enormes errores. No lo negó, habia momentos en que deseó retroceder el tiempo para poder borrar toda esa inmensa tristeza que habitaba en ese hermoso rostro que amaba con desesperación, pero sabía de que, si pudiera, también empañaría los buenos momentos. Aunque pensándolo bien, no recordaba muchos de ellos, y eso hacía que se odiara cada día más.

Maya colocó delicadamente sus manos temblorosas en el rostro de Dimitri y con mucha cautela le acarició cada parte de él. Con una lentitud y un cuidado tan precioso como tortuoso. Una gesto que quedaría en su memoria de por vida, lo sabía. Hasta el último suspiro que daría en la tierra estaría ella ahí presente.

—¿Qué va a pasar contigo? —le preguntó Maya segundos después de un largo suspiro.

Dimitri le dió una pequeña sonrisa a la vez que sus ojos la miraban con admiración.

—Estaré bien. —le susurró con calma. —Te buscaré si así lo quieres, te esperaré todo lo que quieras. —Maya lo miró unos leves segundos en total silencio. —Te estaré esperando en la lago donde nos conocimos. —le dijo casi sin pronunciar palabra. —A la misma hora y en el mismo sitio. —volvió a darle un rápido beso en la frente. —Todos los días, te lo juro. —Maya sollozó al escucharlo. —Fue la cosa más hermosa que me pudo haber pasado en la vida. Tú eres la cosa más hermosa que me pudo haber pasado.

Carmelo presionó fuertemente el arma.

—Camina. —le dijo con lentitud haciendo que Dimitri obedeciera.

Maya en ese momento limpió su rostro y sin mirar atrás corrió a la camioneta que la esperaba unos metros ante ella. Solo dentro pudo respirar con algo de tranquilidad nuevamente.
Aunque sabía que su vida jamás volvería hacer la misma después de lo recién vivido. 
 




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