"El amor rara vez llega de golpe. Generalmente, se sienta al lado tuyo todos los días, hasta que; en un momento cualquiera, lo obliga a dejar de esconderse."
[*]
Lourdes ~
Hay días que empiezan exactamente igual que cualquier otro y sin embargo, terminan dividiendo tu vida en un antes y un después. Claro que yo no sabía eso cuando crucé la puerta de la cafetería.
Lo único que pensé fue...
"Lucas ya llegó."
Ya era raro, porque antes; cuando iba camino al trabajo, pensaba en el café, los clientes; si me habría olvidado el delantal pero ahora, lo primero que hacía era buscarlo con la mirada y lo encontré donde imaginaba.
Frente a la máquina de café. Concentrado y en silencio, como si el mundo entero todavía estuviera dormido.
—¡Buen día!
Levantó la vista y sonrió apenas.
—Buen día.
Me quedé quieta dos segundos, no porque hubiera pasado algo importante, sino porque; otra vez, otra sonrisa. Era chiquita, casi invisible, pero ya no tenía que esperar un milagro para verla aparecer.
Cada vez le salía más fácil y descubrir que, de alguna manera, yo tenía algo que ver con eso; me hacía feliz de una forma difícil de explicar.
Dejé la mochila sobre una silla.
—¿Sabés qué descubrí?
—¿Qué cosa?
Me apoyé sobre el mostrador.
—Que sonreís más.
Frunció apenas el ceño.
—No.
—Sí.
—No.
—Lucas - dije soltando una pequeña risa - Hasta hacés chistes.
—Eso nunca pasó.
Abrí mucho los ojos.
—¡La otra vez dijiste que mi latte art parecía un riñón! Eso fue humor.
Se quedó pensándolo.
—Fue una observación médica.
Me reí tan fuerte que Tomás levantó la cabeza desde la otra punta del salón.
—¿Qué pasó ahora?
—Nada - dije riendo - Solo que Lucas descubrió la comedia.
—No exageres.
—¡Acabás de hacer otro!
Él negó con la cabeza, ñero la sonrisa seguía ahí y por alguna razón; sentí unas ganas enormes de seguir haciéndolo reír.
[*]
La mañana empezó con bastante movimiento.
Había clientes desde temprano y pedidos que entraban uno atrás de otro.
Cafés.
Jugos.
Tostados.
Facturas.
Todo parecía una coreografía que ya conocíamos de memoria; yo alcanzaba vasos antes de que Lucas los pidiera y él, a su vez, preparaba el café mientras yo ya estaba envolviendo el pedido siguiente.
Era raro.
No recordaba cuándo habíamos aprendido a trabajar así, solo sabía que ya no necesitábamos decirnos demasiado. En un momento me di vuelta para buscar unas servilletas y antes de que pudiera hacerlo, Lucas ya me las estaba alcanzando.
—Gracias.
—De nada.
Seguimos trabajando, como si ese pequeño gesto hubiera sido la cosa más normal del mundo y quizás ya lo era.
Un rato después entró una señora mayor que venía bastante seguido.
La saludé.
—¡Buen día!
—Buen día, querida.
Mientras esperaba el pedido nos miró a Lucas y a mí varias veces, después sonrió.
—Qué lindo.
Parpadeé.
—¿Qué cosa?
La señora apoyó las manos sobre el mostrador.
—Se nota que trabajan muy bien juntos.
—Eso intentamos - dije sonriendo.
Negó con la cabeza.
—No hablo del trabajo.
Sentí que el corazón daba un saltito completamente innecesario, pero antes de que pudiera responder, Lucas apareció con el café. La señora lo miró y después volvió a mirarme.
—Se cuidan mucho.
No dijo nada más, solo agarró su pedido, pagó y se fue. Me quedé unos segundos mirando la puerta, después seguí trabajando mientras me intentaba convencer de que esa señora simplemente era muy observadora.
Durante el descanso salimos al patio trasero de la cafetería, unos segundos después Tomás apareció con dos botellas de agua; me alcanzó una.
—¿Sobreviviste al cliente de la mesa siete?
—A duras penas.
Se rió.
Lucas se sentó enfrente de nosotros, por un rato hablamos de cualquier cosa hasta que Tomás miró a Lucas.
—Che ¿Al final te gustó la salida del viernes?
Lucas tardó un segundo en responder.
—Sí.
—¿Viste que no era tan terrible?
—No, no era terrible.
Tomás sonrió de costado.
—Hay gente que hace más fáciles las salidas - mientras decía eso, me miró apenas un instante; después volvió a tomar agua.
Yo seguí mirando mi botella y por el rabillo del ojo, vi que Lucas también había bajado la vista; no entendí por qué, pero tuve la sensación de que Tomás acababa de decir mucho más de lo que parecía.
[*]
El resto del turno pasó rápido. Demasiado rápido. En un momento estaba acomodando tazas y al siguiente, ya era hora de cerrar.
Mientras limpiábamos la barra, levanté la vista sin pensar; Lucas ya me estaba mirando y los dos desviamos la vista exactamente al mismo tiempo.
Me reí bajito.
—¿Qué?
—Nada.
—Te reíste.
—Porque vos también estabas mirando.
Se quedó callado dos segundos.
—Puede ser.
Sonreí.
—Ajá.
—No empieces.
—No dije nada.
—Pero lo pensaste.
Me encogí de hombros.
—Capaz un poquito.
Lucas soltó esa risa bajita que ya empezaba a reconocer y pensé que, había algo muy peligroso en acostumbrarse tanto a la presencia de una persona, porque después, cualquier momento compartido; empezaba a sentirse demasiado corto.
Cuando bajamos las persianas y terminamos de guardar todo salimos juntos; como casi todos los días. Ninguno dijo "¿vamos?" simplemente empezamos a caminar uno al lado del otro; como si ese recorrido también se hubiera convertido, sin darnos cuenta, en parte de nuestra rutina.
Y esa rutina estaba a punto de cambiarlo todo.
Lucas ~
Seguimos caminando sin apuro.
Ya habíamos dejado atrás la cafetería, las luces del centro y el ruido de la avenida; las calles empezaban a vaciarse y el aire estaba fresco.
Lourdes llevaba las manos metidas en los bolsillos del buzo y cada tanto pateaba alguna piedrita del camino, yo caminaba a su lado, sin hablar, y por primera vez en mucho tiempo, el silencio no se sentía como algo que hubiera que llenar.