Querido Santa

Capítulo 6

Rovaniemi, Finlandia

Una semana antes de la presentación de Penny a Michael

Como cada año, el último trimestre era un frenesí en el taller de Santa Claus. El anciano barbudo, con su bata roja y sus botas negras, supervisaba a sus elfos mientras daban vida a los juguetes más maravillosos. Sin embargo, su tarea más importante era leer las cartas de los niños de todo el mundo.

Entre miles de cartas, una en particular captó su atención: la de Clara Wilson, una niña de Boston. Clara, con su letra infantil y su imaginación desbordante, había escrito dos cartas. La primera, como muchos otros niños, contenía una lista de juguetes que deseaba recibir. Pero era la segunda carta, la "carta especial" como la llamaba su hada madrina Leticia, la que conmovió a Santa.

En esa carta, Clara expresaba un deseo mucho más profundo. No pedía un juguete nuevo o un videojuego, sino algo que solo Santa podía conceder. Un deseo que involucraba a su familia y a un pasado que la había marcado.

Santa se retiró a su estudio, una acogedora habitación llena de libros antiguos y mapas estelares. Allí, frente a la chimenea crepitante, se sumergió en la lectura de la carta de Clara. Con cada palabra, comprendía mejor la complejidad del deseo de la niña. Era un deseo que requería más que un simple regalo material; era un deseo que involucraba sanar heridas y construir puentes.

Leticia, el hada madrina de Clara, se acercó a Santa. Era una joven elfo de cabello plateado y ojos brillantes. Conocía a Clara desde que era una bebé y había sido testigo de su crecimiento.

—Es un deseo muy especial, Santa —dijo Leticia—. Clara necesita más que un juguete. Necesita sentir que es amada y que pertenece.

Santa asintió. —Lo sé, Leticia. Y haré todo lo posible para cumplir su deseo.

Juntos, comenzaron a trazar un plan. Visitaron el reino de los sueños, donde pudieron ver las esperanzas y temores de Clara. También consultaron el Libro de los Destinos, un antiguo tomo que contenía la historia de todas las criaturas vivientes.

Después de muchas noches de deliberación, Santa y Leticia crearon un plan mágico. Un plan que involucraría a los elfos, a los renos y a muchas otras criaturas mágicas.

Con una sonrisa, Santa se levantó de su silla y se dirigió al taller. Era hora de comenzar a trabajar

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