¿quién eres? - Hipótesis

Capítulo 8.

Al día siguiente, Pitu se presentó en el departamento de Facho para visitar a Adam y asegurarse de que estuviera bien.

 

—No he abandonado aún a mi hermano —dijo Facho abriendo la puerta.

—Queda ese aún —lo saludó y dejó una bolsa sobre una mesa—, traje…

—¡Comida!

—No, traje cosas para Adam, pero no es comida en caso de que tengas en mente…

—¡PFF!, si sigues así me pondré celoso de Adam.

—¿Cómo sigue él? —preguntó obviando el comentario de él.

—Está bien —le detuvo el paso solo para que lo viera con atención—, en serio, gracias hermanita.

 

Ella sonrió, y él la abrazó de forma sincera.

 

—Lo bueno es que él está bien.

—Mi madre y mis abuelos están muy agradecidos…

—De seguro tu madre ya te sermoneó por ser mal hermano.

—Llegó tarde, porque primero lo hiciste tú —se separó un poco, pero mantuvo el abrazo—, cambiando de tema, conversando algunas cosas por aquí y por allá, te tenemos algo para ti.

—No es necesario.

—Insistimos, además la votación fue unánime, tenía mis suspicacias, porque no pensé que una sugerencia podría resultar así.

—En serio, no necesitan agradecerme con algo.

 

La cara de Facho se mostraba increíblemente intrigante para Pitu quien quería saber qué cosa podría ser, aunque creía que no era necesario el agradecimiento proyectado en algo.

 

—Tu cara dice lo contrario, podría apostar que estás curiosa, hermanita.

 

¡La descubrió!, su cara la delató en frente de él, y ella exclamó en su interior: ¡que torpe!

 

—La verdad, te equivocas —fingió lo contrario.

—Para ser sincero, sé que muchas chicas querrían estar en tu lugar ahora, hay que reconocerlo —la dejó de abrazar y se paseó como león enjaulado alrededor de ella—, pero tú te has ganado no solo mi confianza, sino la de mi familia quien al parecer se confabuló con Adam.

—Antes que sigas creyendo que generas en mí una cuota de curiosidad, ¿puedo pasar a visitar a tu hermano menor?, porque, aunque te sientas ofendido, lo vengo a ver a él.

—¡Auch!, ¡un dardo certero a mi ego! —simuló sentirse herido por el comentario—, está durmiendo.

—¿Está durmiendo o lo estás negando solo para que no lo vea? —se acercó a él sospechando de su negativa.

—Estoy diciendo la verdad, ahora si tú no me crees… —y le puso en la mano un llavero con un diminuto oso de felpa—, aquí tienes las llaves de este departamento para que en caso de que una nueva emergencia se llegue a presentar, tú puedas entrar sin problemas.

 

Pitu no supo cómo reaccionar, jamás antes en su vida alguien que no fuera Romi había confiado en ella de esa forma.

 

—No creo que ocurra otra emergencia, además tú no volverás a estar incomunicado y cuidarás a tu hermano menor como debe ser —la fue a regresar, pero él le cerró la mano con la suya.

—Estoy seguro de que no la subastarás por internet.

 

¡WOW!, este chico estaba absolutamente convencido que ella le había subastado sus cosas por internet, ¡es increíble!, incluso Pitu que no pudo creerlo en ese momento, pero su cara le confirmaba que él lo veía posible, y ella encontró que era mejor que lo siguiera pensando así.

 

—¿El oso de felpa en el llavero es por algo en particular?

—Fue un aporte de Adam, por si no te gusta se lo reclamas a él —sonrió de forma amable y bromeó con lo último para que ella las aceptara—, solo no se lo comentes a tus amigas, ¿bien?

—Bien, las guardaré solo si ocurre nuevamente que maltrates a Adam estando enfermo —y ella las guardó dentro de su bolso.

—Eso ya no ocurrirá, aunque ahora se ganó una buena hermanita —desordenó el cabello de ella.

 

Efectivamente, Adam estaba durmiendo por lo que Pitu se fue de allí, dejando a Facho confundido, porque ahora parecía estar hablando con la misma chica que conoció en el voluntariado, y que a veces suele ser diferente, ¿quién era?, se preguntaba una y otra vez sin obtener respuestas.

 

Esa misma tarde, llegaron sus amigos al departamento abasteciéndolo de comida porque solo había salido una vez y no había ido precisamente al supermercado.

 

—Me salvaron la vida, creí que moriría de inanición —los saludó recibiendo las compras.

—No seas exagerado, a propósito ¿dónde fuiste? —preguntó Santiago lanzándose sobre el sillón.

—Fui de agente encubierto, porque ahora ya sé el lugar de donde salió mi hermanita el viernes que la fui a buscar...




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