Ravenswood

Conteo.

6 de Julio del 2026 — 00:00 a. m.

—Tenemos que calmarnos y pensar con la cabeza fría. Tenemos veinticuatro horas para pensar en un plan —comenta Xander.

—¿Y si no lo logramos? —comienzo a morderme la uña del pulgar.

—Sí lo haremos. Solo necesitamos un mapa de Ravenswood y que señale los sitios seguros, pero solo puedes permanecer en esos lugares tan solo ocho segundos; luego tienes que huir hacia el siguiente —confiesa.

—Yo tengo una imagen, podemos imprimirla. —Saco mi celular del bolsillo trasero y me dirijo hacia mi pequeña oficina.

La impresora emite un par de sonidos característicos, indicando que ha terminado de procesar la información, y comienza a imprimir la imagen. Una vez que la hoja está lista, la recojo junto con un marcador rojo y regreso a la cocina, donde Xander permanece de pie. Coloco el mapa sobre la encimera y le entrego el marcador. Xander comienza a marcar las áreas consideradas cuidadosamente.

—Tendrás que ser rápida y moverte sigilosamente por estos lugares sin llamar la atención de nadie —explica.

Observo las marcas que hizo Xander; el mapa parece un tablero de ajedrez donde cada casilla jugará en mi contra. Sobre el mesón, cerca del mapa, descansa el cuchillo de cocina que minutos antes había tomado.

—¿Por qué ocho segundos? —pregunto, deslizando la yema del dedo sobre una de las zonas marcadas—. Si es un lugar seguro, ¿por qué no puedo quedarme allí hasta que pase el peligro?

Xander niega con la cabeza y se apoya sobre el mesón, fijando sus ojos oscuros en los míos.

—Porque en Ravenswood la palabra «seguro» es una ilusión —responde con voz firme pero baja—. Los puntos ciegos solo existen porque las patrullas de los clanes rotan sus turnos. Si te quedas quieta más de ocho segundos en un mismo punto, los patrones de búsqueda se cruzan y te acorralan. Tienes que ser un fantasma en constante movimiento.

—¿Y si en algún momento me encuentro con las patrullas?

—Tendrás dos opciones, huir o luchar; te aconsejo luchar por tu vida —suelta un suspiro—. Debes usar ropa oscura y cómoda para huir, al igual que los zapatos; te mantendrás en movimiento toda la noche, así que tienes que estar preparada.

—¿Qué arma puedo utilizar para defenderme? —indago; su mirada se dirige hacia el cuchillo de cocina.

—Si usas un arma, hará mucho ruido y, si usas un cuchillo, podrías luchar solo si sabes atacar en las zonas vulnerables del cuerpo —indica.

—¡Carajos! —exclamo, llevo ambas manos hasta mi cabeza, la ansiedad me está consumiendo.

—Vamos a calmarnos, intenta aprenderte el mapa y las ubicaciones que elegí para ti —intenta hacerme entrar en razón.

—Lo sé… Pero mierda, saber que unos malditos psicópatas me estarán cazando dentro de unas horas me pone mal y perdona si no estoy pensando con la cabeza —admito.

8:00 a. m.

Xander permanece en el sofá, continúa buscando y mejorando mis rutas de escape, mientras que permanezco observando desde la ventana. Ravenswood amaneció como si nada hubiera pasado; las personas actúan con normalidad, excepto las miradas cómplices que se dan entre ellos.

—¿Cómo es la cacería? —inquiero. Xander alza la cabeza para mirarme.

—Vienen por ti a la medianoche, te toman de rehén, luego te sedan y te cubren el rostro. Luego te dejan en el claro enfrente de la tumba correspondiente del tótem familiar —narra—. Te quitan la capucha y te informan que tienes que sobrevivir hasta el amanecer; te dan un tiempo de cinco minutos para huir y luego comienza el juego.

—¿Crees que pueda sobrevivir? —El silencio se hace presente por unos instantes y los nervios me envuelven intentando asfixiarme con mi propia respiración.

—Lo harás si sigues al pie de la letra mis indicaciones, así que ven aquí, repasa nuevamente el mapa —insiste Xander.

Me dejo caer a su lado y observo el mapa nuevamente, memorizando cada luz. Pero tengo tantas preguntas en mi mente que me es imposible mantenerme concentrada.

—¿Y si uno de ellos me acorrala? —dirijo mi mirada hacia él.

—Asesínalos, eres tú o ellos —responde con firmeza.

Esa es la respuesta que más me inquieta; no quiero hacerlo porque me volvería alguien que no soy, me convertiría en un monstruo.

—Entonces me convertiría en alguien como ellos —respondo en voz baja.

—Sí.

—¡Pero no quiero convertirme en una asesina!

—Sienna, yo tampoco lo quería, pero era eso o morir —me recuerda. Mis cejas se alzan con asombro sin poder evitarlo—. Tuve que matar a uno. Tenía miedo; tan solo era un niño que vio morir a su familia frente a sus ojos. Era él o yo. Recuérdalo.

—¡Maldita sea! —exclamo mientras me levanto de un salto.

Comienzo a caminar de un lado a otro con nerviosismo. Mis manos agitadas suben hasta mi cabeza y empiezo a tirar de pequeños mechones de mi cabello, en un intento desesperado por calmarme.

—Bien, una clase rápida —se levanta del sofá y se sitúa frente a mí—. Si usas un cuchillo, no intentes clavarlo en el pecho; las costillas van a frenar la hoja —explica—. Si buscas una incapacitación inmediata, apunta a donde la sangre corre rápido y la piel es blanda.



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En el texto hay: secretos, pueblos, pueblo pequeño

Editado: 07.10.2026

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