Matías
Soy residente de cirugía y está noche estoy de guardía en emergencias, el ritmo aquí no se detiene en especial hoy que parece ser una noche bastante caótica. Cualquiera que no esté acostumbrado se abruma, los monitores pitando, las enfermeras corriendo con insumos, los pacientes entrando unos con algo sencillo y otros con emergencias reales que ponen todos nuestros sentidos alertas.
De nuevo las puertas se abren, está vez los paramédicos entran corriendo.
—¿Qué tenemos? —pregunto mientras me acerco al área de trauma, mi voz firme y controlada.
—Accidente automovilístico —responde uno de los paramédicos mientras sostiene la camilla—. Mujer, veintitantos, politraumatizada. Golpe severo en la cabeza, fracturas costales y posible hemorragia interna. Presión bajando.
Asiento, preparándome para evaluar a la paciente. Pero en cuanto mi mirada cae sobre ella, el mundo se congela. El aire se estanca en mis pulmones. Mi corazón martillea con una fuerza inusual.
No puede ser. Por un segundo eterno el caos a mi alrededor desaparece a mi alrededor.
Es ella.
El cabello alborotado, pegado a su frente por la sangre. Esos labios… Dios. Los mismos que alguna vez besé con un hambre que creí olvidada. Esos ojos que en otra ocasión brillaban de deseo, ahora están cerrados, su expresión perdida en la inconsciencia.
Durante dos meses la he recordado en flashes fugaces. En el roce de una sábana, en el aroma de un perfume desconocido que de pronto me la trae de vuelta. Esa noche fue efímera, pero dejó una marca en mí. Nunca supe su nombre, pero la he buscado en más de una noche en el Level 27 con la esperanza de volverla a encontrar, pero nada.
Y ahora está aquí, al borde de la muerte.
—Doctor Johnson —la voz de la enfermera me arranca de golpe de mi trance—, estamos perdiéndola.
Mierda.
Mi cuerpo reacciona antes que mi mente. No puedo permitirme esto. No aquí. No ahora.
Mis manos, entrenadas y precisas, se deslizan por su cuerpo, buscando lesiones. Golpe severo en la cabeza, una laceración profunda sobre la ceja izquierda. Posible traumatismo craneoencefálico.
Deslizo mis dedos con cuidado sobre su abdomen, notando la rigidez bajo la piel. Probable hemorragia interna.
Mis ojos se detienen en su tórax, donde las costillas deformadas sugieren fracturas múltiples. Hay un sonido preocupante cada vez que intenta respirar. Un jadeo débil, entrecortado.
—Neumotórax —dice uno de los internos.
Mi pecho se contrae. Si no actuamos ya, su pulmón colapsará por completo.
—Necesito un tubo de drenaje torácico, ahora —respondo sin dudar.
Una enfermera me pasa los guantes estériles y el bisturí. No hay margen de error.
Respiro hondo y hago la incisión con precisión. La sangre brota, caliente y espesa, manchando mis guantes. Introduzco el tubo y, segundos después, el sonido de aire escapando llena la habitación.
Sus signos vitales empiezan a estabilizarse.
—Saturación subiendo —informa la enfermera.
Pero no es suficiente. Todavía no está fuera de peligro.
—Necesitamos llevarla a cirugía de inmediato —digo, mi voz más grave de lo normal.
Mientras dan la orden para trasladarla, me permito un instante. Solo uno. Inclino la cabeza y la observo.
Es una locura.
Hace dos meses, esta mujer era solo un recuerdo salvaje, una fantasía que me dejó con el sabor de su piel en mis labios. Una noche intensa, apasionada, que debió quedarse en el pasado, pero que yo no abandoné, deseando encontrarla y que se repitiera.
Pero aquí está. Y no voy a perderla de nuevo.
No ahora. No así.
Me acerco más a su rostro, lo suficiente para notar los rastros de su perfume entre el olor metálico de la sangre. No sé si puede oírme. No sé si, en algún nivel de su inconsciencia, sabe que estoy aquí.
Pero, por si acaso…
—Vas a salir de esta Nathalie Brown—le susurro luego de leer su nombre en el historial.
Porque lo juro, haré lo que sea necesario para salvarla.
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El sonido del monitor cardíaco resuena en la sala de emergencias mientras sostengo la carpeta con los resultados de los exámenes preoperatorios. Mi corazón se acelera al ver un dato que no esperaba: prueba de embarazo positiva. Nathalie está embarazada.
Un torbellino de emociones me invade. Apenas puedo procesar la información cuando uno de los enfermeros me apura.
"Doctor, hay que llevarla a quirófano de inmediato."
La gravedad de sus heridas sigue siendo lo primordial, así que dejo de lado el shock y me concentro en lo más urgente: salvar su vida.
Miro su rostro pálido, su cabello despeinado cubriendo parcialmente sus facciones. La mujer que no pude olvidar, la mujer que desapareció aquella noche sin dejar rastro, está aquí, luchando por su vida... y lleva una vida dentro de ella.
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Editado: 29.03.2025