Redimidos [saint Seiya]

Capítulo 1 | Tres años después

Macaria

—Cariño, no corras—Pedí, mirando como el pequeño de tres años hacía caso omiso a mi orden y continuaba corriendo mientras perseguía a una mariposa—. Lesath, te he dicho que dejaras de correr.

Escuché una risita de su parte a la vez que se volvía para mirarme, sus ojos zafiros observándome antes de regresar su atención a la mariposa.

Solté un pesado suspiro.

—¿Problemas con el niño, señorita Macaria? —Preguntó Hypnos, quien llegaba a mi lado con el rostro tenuemente inexpresivo, pero con la mirada fija en Lesath.

En mi hijo.

—Muchas veces pienso que Melínoe tiene razón y no debí de quedarme aquí con Lesath—Confesé.

Después de todo, Hypnos, el dios del sueño, había sido de las pocas personas que me habían apoyado cuando regresé aquí, al Inframundo y comencé a residir en los Campos Elíseos.

La verdad era que no recordaba nada ni a nadie antes de estar aquí, solamente lo que, a mí, a Enio y a Cimopolia, nos decían. Aunque no sabía, exactamente, a qué se debía mi falta de memoria.

Fue así como me enteré que el padre de Lesath era un mísero humano del que, realmente, desconocía su paradero.

Supongo que fue solo un momento de flaqueo y nada más, porque ni siquiera me interesaba saber más de él.

—¿Y exponer a su hijo a las carencias de una vida en la tierra?

Nuevamente suspiré.

—Llegará un día en el que él ya no podrá estar aquí—Recordé—. La sangre humana que corre por sus venas se lo impedirá.

Hypnos no respondió, tal vez no quería decirme lo que realmente pensaba pues no hizo ni un ademan de querer hacerlo. En eso, mi pequeño corrió de vuelta a mí con la mariposa azul sobre uno de sus dedos.

—Mira, mami—Me dijo—. Es muy linda.

Me fue inevitable no sonreír ante su ternura e inocencia.

No quería que nada la contaminara jamás.

—Claro que lo es, cariño.

—¿Verdad que lo es, Hypnos? —Le preguntó el pequeño de tres años con emoción.

Pero el dios del sueño solo se limitó a asentir antes de decir:

—Debo retirarme, señorita.

—Por supuesto.

Entonces, lo vi partir de allí a paso calmo y firme mientras Lesath se dejaba caer en el césped, cuidando que la mariposa no dejara su lugar en su dedo.

—No le caigo bien, ¿verdad, mami? —En sus ojitos azul zafiro pude ver que brillaba la desilusión, sus labios temblaron en una mueca melancólica a la vez que dejaba ir a la mariposa y soltaba un suspiro—. Tampoco le caigo bien a la tía Melínoe.

Pero antes de que yo pudiera responderle—Y quizá mentirle de paso—, diciéndole que no era así; alguien que recién llegaba se me adelantó y lo hizo.

—Te tienen miedo, enano—Fue la voz de Enio—. Siempre le han temido a lo desconocido. No es así ¿Cimopolia?

—Absolutamente—Respondió la hija de Poseidón—. Lesath, eres poderoso a niveles que no conocemos, y eso les aterra. Pero no debes preocuparte por ellos, es mejor dejar pasar las impertinencias de Melínoe y todos los demás.

—¿Es verdad, mamá? —Inquirió con genuina emoción adquirida ante las palabras de las diosas—. ¿Soy tan poderoso como tú?

—Aún más, cariño—Sinceré, acunando su mejilla con una de mis manos. Al menos no le quemaba al hacerlo—. Ve a jugar ¿Vale? Después te alcanzo. Necesito hablar con Enio y Cimopolia.

Lesath no rechistó al respecto y se limitó a asentir para después comenzar a correr por todo el pasto verde con cuidado de no dañar nada a su paso.

Lo cual es irónico debido a que es descendiente de los dioses de la muerte.

—Menos mal que Hypnos no te encontró aquí, Enio—Musité, observándola detenidamente—. No habría permitido que los Elíseos se mancharan de sangre.

Una sonrisa torcida surcó su rostro, aún a través de la sangre carmesí que cubría todo su cuerpo, el cual solo era vestido por su armadura negra; sus alas del mismo color sobresalían de su espalda y no eran teñidas con la sangre que vertía a su paso. Su cabello rojo, como la misma, se perdía entre toda ella y una de sus manos sostenía con firmeza la gran espada en esta.

—Lo divertido hubiese sido si me encontraba, Maca.

Entorné los ojos ante el diminutivo, a la vez que sacudía mi cabello plomizo y miraba los ojos verde-azulado de Cimopolia.

—¿Ares quiso tomar otra ciudad con ella, de nuevo?

Ella negó.

Y pude observar su vestido verde mar ceñido a su cintura, con un cinturón de conchas marinas que rodeaba esta y que caía suelto hasta el pasto, ondeando con el viento a su paso al igual que sus cabellos blancos.

—Esta vez la de la idea solo fue Enio.

La sonrisa torcida de la aludida no desaparecía de su rostro, al contrario, se hacía cada vez más grande.

—¿Cuál ciudad tomaste? —Le pregunté.

Ella desvió su mirada a mi hijo, como si por un momento se hubiese perdido al verlo correr libremente por el pasto, sin embargo, no pasó mucho para que recobrara la compostura y brindara una respuesta.

 

—Rodorio, una que está a los alrededores del Santuario—Confesó—. Y ahora Athena nos ha declarado la guerra—Nos miró una a una, deteniéndose primero en los ojos verde-azulado de Cimopolia y después en mis ojos oscuros—. A las tres.

 

🌠🌠🌠

¡Hola! ¿Cómo están?

¿Qué les pareció el capítulo?

¿Qué opinan de Lesath?<3

Aclaremos unas cositas antes que nada;)

- Habrá múltiple narrador.

- Habrá ligero OoC en las fichas de personaje de las chicas. Recuerden que ellas despertaron como lo que son y olvidaron sus vidas pasadas, así que es entendible que actúen dependiendo de la diosa que sean.

- Las diosas quedan así:

Macaria = Grettel

Enio = Melek

Cimopolia = Gabriella

Niké = Aria

Athena = Kathie

Delfos = Mila

Kurai permanece igual, aunque sin recuerdos del día en que atacaron el Santuario.




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