25/SEPTIEMBRE/1935
A mi querido nieto Aníbal:
Eres la nueva simiente de nuestro apellido en este hermoso y también solitario lugar. De bellos parajes pero a la vez aislado, cercado por las montañas y nuestra propia historia.
VILLALEBU, uno de los siete pueblos que prácticamente existen por misericordia de Dios y por los primeros soldados que cruzando la cordillera decidieron alejarse de la milicia y se quedaron acá a rehacer sus vidas. No conocimos jamás bandera con la cual cobijarnos ni una nación que , cual árbol frondoso nos diera sombra y abrigo, pero seguimos aquí
cinco generaciones contigo, nieto querido. Y espero,
primero Dios, sean la vida y estos mapas que hoy te he decidido heredar en vida que sean tú o tus nietos los que puedan dejarle a estas tierras un apellido más honorable que estas tristes palabras que a casi tantos años pesan como rocas en el corazón de los más viejos: ser simplemente conocidos como las míseras "tierras sin jurisdicción".
Aníbal, nieto mío, no permitas que este anhelo se pierda, que el sueño de cinco generaciones muera así nada más.
Te lo encargo mucho, nieto mío.
Se despide esperanzado en Dios, en la vida y en ti,
Tu querido abuelo,
Dámaso Orrego Luco.
“EL PASADO NO SE SEPULTA EN EL OLVIDO, ESTE, A VECES ESCAPA DE SU ENCIERRO Y NOS VIENE A RECLAMAR UN SITIO EN EL PRESENTE”