Rehenes Con Previa Cita El ultimo paciente del dia

El detective y el comienzo de las preguntas

Malena le había relatado al detective Silvestre Véliz todo lo sucedido, procurando ser lo más precisa posible. Él había grabado la conversación y tomado algunas notas para no pasar por alto ningún detalle.

Una vez que terminó de escucharla, solicitó autorización para interrogar al personal de la clínica. Quería contrastar las declaraciones y averiguar si alguien podía aportar información relevante para la investigación.

Decidió comenzar con Lourdes, la recepcionista. Había un detalle que le llamaba la atención: aquel sábado, ella debía cumplir su turno habitual, pero a primera hora de la mañana había llamado a Malena para informar que estaba enferma, obligando a la gerente a ocupar su lugar.

Cuando Lourdes entró en la oficina, el detective le indicó que tomara asiento.

—Buenos días, Lourdes. Quiero hacerte algunas preguntas sobre lo ocurrido en la clínica y aclarar ciertos detalles.

—Por supuesto, detective.

Silvestre abrió su libreta y comenzó a buscar un bolígrafo en el bolsillo de su chaqueta.

Revisó uno, después el otro y finalmente soltó un suspiro de alivio al encontrarlo detrás de su oreja.

Ella esbozó una sonrisa discreta, sin saber muy bien qué responder.

Silvestre carraspeó, recuperando la seriedad.

—Tengo entendido que el sábado llamaste a Malena para decirle que estabas enferma. ¿Qué te ocurrió?

—Me sentía bastante mal y no estaba en condiciones de trabajar. Lamento haberle causado inconvenientes.

—¿Y te quedaste en casa descansando?

Lourdes vaciló apenas.

—Sí, más o menos. Necesitaba recuperarme.

El detective anotó algo. Aquella pequeña vacilación no había pasado inadvertida, aunque todavía no tenía motivos suficientes para desconfiar abiertamente de ella.

—Bien. Pasemos al viernes. ¿Recuerdas algo fuera de lo habitual?

—Tuve muchísimo trabajo y se me acumularon varias reservas de horas. Andreina me ayudó por la tarde a organizar la agenda y registrar las citas pendientes.

—¿Ella hizo algunas reservas por ti?

—Sí. Yo no daba abasto y necesitaba dejar la agenda al día.

—¿Recuerdas alguna cita en particular?

—No, detective. Estaba demasiado ocupada para prestar atención a algo más.

Silvestre no insistió. Ya tenía un dato que necesitaba comprobar: Andreina había participado en el registro de las reservas.

—De acuerdo, Lourdes. Por ahora, eso es todo. Si necesito aclarar algún otro detalle, volveré a comunicarme contigo.

—Estoy a su disposición —respondió ella.

Lourdes abandonó la oficina aliviada. Había conseguido mantener la conversación lejos de su vida privada, aunque no podía estar segura de haber convencido por completo al detective.

Silvestre, por su parte, se quedó pensativo. No creía que Lourdes estuviera necesariamente involucrada en lo ocurrido, pero tenía la impresión de que no le había contado toda la verdad sobre aquel sábado

Poco después, el detective solicitó la presencia de Andreina, la TENS de la clínica, quien había trabajado el sábado en que ocurrieron los hechos.

La mujer entró en la oficina y tomó asiento frente a él.

—Buenos días, Andreina. Lourdes me comentó que la ayudaste con las reservas del viernes. ¿Es correcto?

—Sí, detective. Tenía mucho trabajo y me pidió que colaborara con la agenda.

Silvestre consultó sus notas antes de hacer la siguiente pregunta, pero, en un movimiento torpe, terminó tirando algunos objetos del escritorio de Malena. Se apresuró a recogerlos, intentando mantener la compostura y fingir que no había ocurrido nada.

Una vez que los dejó en su sitio, se acomodó la chaqueta y volvió a mirar sus anotaciones

—¿Recuerdas haber reservado una hora para un hombre llamado Elías Feres?

Andreina miro al techo, tratando de recordar.

—Creo que sí. Ahora que lo menciona, recuerdo haber reservado una hora, pero no anoté el nombre. Seguramente se me pasó entre tantas cosas que tenía que hacer.

—¿Y recuerdas quién te proporcionó los datos?

—No, detective. Fue una tarde bastante ajetreada.

Silvestre anotó la respuesta. Una reserva sin identificar podía ser un simple descuido administrativo, pero necesitaba averiguar cómo había ocurrido.

—¿Lourdes te comentó algo sobre esa cita?

—No que yo recuerde. Solo estaba ayudándola con las reservas.

—Entiendo. ¿Notaste algo fuera de lo habitual en la clínica el sábado?

—No, detective. Estuve ocupada con mis funciones y no recuerdo ninguna situación en particular.

Silvestre cerró la libreta.

—Bien, Andreina. Por hoy hemos terminado. Si necesito aclarar algún otro detalle, me pondré en contacto contigo. Más adelante también conversaré con el doctor Jorge.

—De acuerdo, detective. Estoy a su disposición.

Cuando Andreina se marchó, Silvestre repasó las declaraciones y decidió revisar con calma las reservas registradas en la agenda. Por el momento, no tenía pruebas que relacionaran aquellos detalles con el incidente, y no estaba dispuesto a sacar conclusiones precipitadas.

Sin embargo, la cita de Elías Feres había despertado su interés.

El detective Silvestre salió de la oficina y se dirigió a recepción. Quería informar a Malena que por ese día había terminado sus entrevistas en la clínica y que pasaría por la comisaría para averiguar cómo avanzaban las investigaciones del caso.

Al llegar, le indicó a Lourdes que si podía comunicarse con Malena.

En ese momento, se encontró nuevamente con Gina, quien había salido a recepción para llamar al señor Fidel, que estaba en la clínica para una evaluación de sus orejas.

Lourdes le informó al detective que Malena y el doctor Jorge lo estaban esperando. Después, le pidió a una TENS llamada Nicole que lo acompañara hasta el box.

Mientras tanto, Gina recordó que Jorge mantenía una amistad con Malena mucho más cercana de lo que ella había imaginado. Él mismo había contado que había ido a buscarla a su casa, y aquel recuerdo volvió a sembrar dudas en su mente.




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