Capítulo 1 - Antes de perderlo todo
Diez años antes
Kurohama
La ciudad nunca dormía.
Incluso entrada la noche, las luces de los edificios iluminaban las calles mientras las motocicletas atravesaban las avenidas y el ruido de los motores se mezclaba con las conversaciones de quienes todavía permanecían fuera.
Kurohama había cambiado mucho durante los últimos años.
Las organizaciones habían crecido.
Los territorios habían cambiado de manos.
Algunas pandillas habían desaparecido.
Otras habían nacido.
Y entre todas ellas existía un nombre que todavía provocaba respeto.
Kurotora Ryo.
Sin embargo, para la mayoría de las personas, aquella organización ya pertenecía al pasado.
Eso era exactamente lo que Akira quería que creyeran.
---
Akira estaba sentado detrás de un escritorio.
Tenía treinta años.
Su cabello negro estaba ligeramente desordenado y sus ojos verdes observaban una pila de documentos.
Informes.
Territorios.
Movimientos de otras organizaciones.
Nombres.
Problemas.
Todo aquello debería haberle resultado agotador.
Pero, extrañamente, aquel lugar le gustaba.
Su oficina era tranquila.
Allí podía tomar café, escuchar música y olvidarse durante unas horas del mundo exterior.
Para Akira, aquella oficina era casi como una segunda casa.
Miró el reloj.
-Ya es tarde...
Tomó uno de los últimos documentos y lo dejó a un lado.
-Definitivamente debería irme.
Entonces escuchó la puerta.
-¿Todavía trabajando?
Akira levantó la mirada.
Miyako estaba apoyada contra el marco.
-Ya terminé.
Ella miró la enorme pila de papeles.
-Claro.
-Esta vez es verdad.
Miyako entró y tomó uno de los documentos.
-¿Problemas?
-Nada grave.
-¿Otra organización?
Akira asintió.
-Están moviéndose cerca del territorio norte.
Miyako dejó el documento sobre la mesa.
-Pensé que habías dejado todo eso.
Akira se quedó quieto durante un instante.
Después sonrió.
-Lo hice.
Miyako lo observó.
-¿Seguro?
-Seguro.
Ella no insistió.
Había escuchado aquella respuesta muchas veces.
Akira se levantó y tomó su chaqueta.
-Tengo que irme.
-¿Por qué tanta prisa?
Akira miró el reloj.
Su rostro cambió.
-Mierda.
Miyako sonrió.
-¿Qué pasa?
-Akari.
-Ah.
-Me va a matar.
-Lleva media hora esperándote.
Akira salió rápidamente.
Miyako negó con la cabeza.
-Como siempre.
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Akira llegó a casa unos minutos después.
Abrió la puerta.
-¿Akari?
Nadie respondió.
Dejó las llaves sobre la mesa.
-¿Akari?
-Estoy aquí.
La voz vino desde el segundo piso.
Akira levantó la mirada.
Akari apareció en las escaleras.
Catorce años.
Cabello castaño.
Ojos verdes.
Una expresión que Akira conocía demasiado bien.
Estaba enfadada.
-Llegaste tarde.
Akira levantó las manos.
-Lo siento.
-Siempre dices lo mismo.
-Tuve una reunión.
-Siempre tienes reuniones.
Miyako entró detrás de él.
-Ya empezó.
Akira suspiró.
-Lo sé.
Akari bajó las escaleras.
-Mañana también tienes trabajo, ¿verdad?
Akira la miró.
-Probablemente.
-Entonces tampoco vas a venir.
-¿A dónde?
Akari lo miró fijamente.
-A verme entrenar.
Akira frunció el ceño.
-Ya hablamos de eso.
-No. Tú hablaste.
-Akari...
-Quiero entrenar.
-No.
-¿Por qué?
Akira permaneció en silencio.
Porque sabía perfectamente hacia dónde podía llevar ese camino.
Entrenamiento.
Peleas.
Pandillas.
Organizaciones.
Enemigos.
Y finalmente...
pérdidas.
-Porque quiero que tengas una vida normal.
Akari soltó una pequeña risa.
-¿Normal?
Señaló la chaqueta de su padre.
-Tú ni siquiera sabes qué significa eso.
Akira no respondió.
Akari bajó la voz.
-Papá...
-¿Sí?
-Quiero ser fuerte.
Akira la observó.
-¿Para qué?
-Para proteger a los demás.
-No necesitas pelear para proteger a alguien.
-Yo quiero ser como tú.
Aquellas palabras provocaron una mezcla de orgullo y miedo en Akira.
Se acercó y puso una mano sobre su cabeza.
-No.
Akari levantó la mirada.
-¿No?
-No quiero que seas como yo.
Akira sonrió.
-Quiero que seas mejor.
Akari permaneció callada.
Después apartó lentamente la mano de su padre.
-Entonces algún día voy a superarte.
Akira sonrió.
-Eso espero.
Akari abrió los ojos.
-¿En serio?
-Sí.
-Entonces déjame entrenar.
-No.
-¡Papá!
Miyako soltó una carcajada desde la cocina.
-Eso te pasa por decirle que quieres que sea mejor que tú.
Akira suspiró.
-Estoy rodeado de gente problemática.
Akari sonrió.
Pero la sonrisa duró poco.
-Algún día voy a formar mi propia pandilla.
Akira dejó de sonreír.
-No.
-¿Por qué?
-Porque no quiero eso para ti.
-¡Pero tú lo hiciste!
Akira se quedó en silencio.
Akari continuó:
-Construiste tu propia organización.
-Eso fue hace mucho tiempo.
-Entonces ¿por qué nunca me cuentas nada?
-Porque no necesitas saberlo.
-¡Siempre haces lo mismo!
Akari apretó los puños.
-Quieres que sea una chica normal, vaya a la escuela, vuelva a casa y no haga nada.
-Quiero que puedas elegir tu vida.
-¡Entonces déjame elegir!
Akira la miró.
-No sabes lo que estás eligiendo.
Akari respondió sin apartar la mirada.
-Entonces enséñame.
Silencio.
Akira no pudo responder.
Porque aquella frase había tocado exactamente el punto que llevaba años intentando evitar.
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viajes en el tiempo, drama sobrenatural, pandillas juveniles
Editado: 13.10.2026