Relatos de Terror y Misterio

¿Matarla?

Han encontrado a Susan, mi hermana, en el bosque. Al parecer está herida y mi padre no ha querido que la vea aún. Voy a la habitación del tío Marcus, él también está herido. Por lo que pude escuchar luchó con el hombre que la secuestro. Su habitación está bastante alejada, doblo a la izquierda por un pasillo y escucho voces. Es mi padre, el tío Marcus y otra voz. Me detengo al intentar abrir la puerta; he reconocido la otra voz, es el médico del pueblo.

— ¿Por qué la trajiste?—pregunta el doctor irritado.

—No pude hacerlo, en cuanto la vi se me calló el alma a los pies—Contesta, el tío Marcus.

— ¿Y el hombre que estaba con ella, logró huir?—vuelve a preguntar el doctor.

—No, a él sí pude matarlo—contesta, el tío Marcus.

—Doctor Maarout, fui yo quien le dijo a Marcus que trajera a Susan a la casa. —Dice mi padre. —No quise que mi hijo la viera en esas condiciones.

—Está bien. Quieren que la mate yo, ¿Verdad? —dice el doctor.

—Sí doctor, nosotros no podemos. Es muy doloroso para nosotros—responde mi padre.

¿Matarla? Pero, ¿Por qué? No entiendo. Dudo si entrar y comenzar a recriminarles. Que ha hecho Susan para que quieran matarla. Mi padre no consentiría eso. Además fue raptada. Ella es la víctima. Tal vez escuche mal y lo he malinterpretado. Sí, seguro es eso.

—Primero te curaré, Marcus, luego iré al sótano a ver a Susan—dice el doctor.

Al escuchar esas palabras confirmo que me equivocaba. Me alejo de la puerta despacio y sin hacer ruido. No sé qué hacer. Me detengo a la mitad del pasillo analizando la situación. ¿Qué hago? Qué pecado a cometido que justifique su muerte, incluso que papá y el tío Marcus estén de acuerdo. Intentar hablar con ellos sería inútil. Golpeo la pared de la impotencia. Debo quedarme en mi cuarto y esperar a que mi padre me cuente una mentira sobre su muerte y creerle sin cuestionar. No puedo abandonar a Susan, que ha sido como mi madre. Es más ella me crio cuando nuestra madre falleció; yo apenas cumplía el año y medio. Susan tomó su lugar e hizo lo mejor que pudo.

Recuerdo como me dejaba jugar con sus hermosos rulos. Recuerdo sus ojos cafés mirándome con ternura mientras me contaba un cuento. Recuerdo los besos en la frente antes de acostarme. Aún lo hace.Tengo que ayudarla, y pensar que dentro de poco celebraríamos su vigésimo cuarto cumpleaños. La sacaré. ¡Estoy decido!

Me dirijo presuroso al sótano. Hay dos hombres vigilando la puerta. ¿Por qué harían eso? Acaso la consideran peligrosa o que. No entiendo nada. Miró la puerta y creo poder verla allí esperando a que alguien la ayude. Me toco la frente, aún siento el tacto de su beso. Los vigilantes no me han visto, así que me alejo un poco de ellos. Con mucha facilidad pueden detenerme si intento entrar. Otra forma sería por la ventana del sótano. Sí, comunica directamente a la calle. Tanto ella como yo cabemos por la ventana. Eso espero.

Ahora que ya sé que hacer, me dispongo a ir a la sala para salir a la calle. Sin embargo, me detengo al escuchar un grito. ¡Le están haciendo daño a Susan!, pienso. Corro de regreso al sótano. A pocos metros de llegar, advierto que el grito no parecía de una mujer sino más bien de un hombre. Con esa idea en mente me acerco cauteloso y pegado a la pared observo la puerta del sótano. Los guardias ya no están y la puerta está entreabierta. Sigo caminando con el corazón latiendo a mil. Veo surgir una mano que se posa en la puerta. Reconozco de inmediato esa mano, salvo que sus dedos y uñas son más largas de lo normal. Luego poco a poco va apareciendo sus hombros, su cabeza y sus hermosos rulos. Está de perfil, me fijo en su ropa; está sucia y rota por el lado de los hombros y piernas además está descalza. ¿Y en esas condiciones quieren matarla? Lo que necesita es que la lleve a un hospital de inmediato. Gira hacia mí. En cuanto la veo, abro los ojos como platos. Tiene sangre en la parte delantera del vestido, pero su color es ya oscuro. Su mano derecha también está cubierta de sangre y gotea manchando el suelo. Además del rostro. Sus labios se confunden con lo rojizo de la sangre. Hablo, pero no sale sonido alguno. Me aclaro la garganta. Paso la saliva con dificultad. En ese preciso momento los ojos de Susan se inyectan de sangre. Abre la boca y pude observar dos colmillos. Se lanza hacía mi extendiendo sus manos. Se dirige a mi cuello. Me arroja al suelo y sus manos me aprisionan. Que increíble fuerza tiene. Abre más la boca y unas gotas de sangre me ciegan la visión, puedo advertir como sus colmillos se acercan a mi cuello. Se acerca cada vez más. Sus ojos me paralizan. Ya no necesita sujetarme.

Algo húmedo cae sobre mi cabello y frente. Susan ruge de dolor y se aleja de mí. Me levanto confundido. Alguien me pregunta algo, pero no lo escucho. Es mi padre. También está el tío Marcus y el doctor; quien lleva en sus manos una botella con algún líquido. Arroja todo el contenido sobre Susan. Parece herirla, su piel se quema. Ruge y se retuerza de dolor. Una sombra pasa el rabillo del ojo. Pestañeo varias veces al notar que algo me ha manchado el rostro. Me toco la zona de la cara y observo sangre. Susan grita, luego de unos segundos no se escucha nada. Ni siquiera noto su respiración. Levanto la vista. Tiene una estaca clavada en el pecho. La sangre brota de la herida manchando nuevamente su vestido. Me acerco a ella intentando tocar su mano izquierda; pero su cuerpo se incendia. Luego de unos segundos se apaga y solo ha quedado el rastro de unas cenizas. Intento tocarlas. Son cenizas, pienso. Mi mano derecha sigue manchado de la sangre Susan. No estoy en una pesadilla. ¡Es la realidad! Me levanto, tanto mi padre y el tío Marcus bajan la mirada. El doctor lleva en sus manos una especie de ballesta, salvo que esa está cargada con estacas. Veo mover sus labios, pero no escucho lo que dice. Veo borroso a mi padre. Todo da vueltas. No se cómo, pero ahora me encuentro en el suelo. Mi padre corre y me abraza. No logro escuchar lo que me dicen. Veo cada vez más y más oscuro.



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En el texto hay: misterio, suspense, terror

Editado: 16.08.2018

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